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Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, 20 años de matrimonio, 5 en los tribunales

Se presentaron al mundo como una nueva versión de la monarquía, una pareja moderna, independiente y enamorada. Ahora viven repudiados tras el 'caso Nóos'

Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, en 2010 cuando todavía eran duques de Palma. Ver fotogalería
Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, en 2010 cuando todavía eran duques de Palma. GTRES

Cristina de Borbón es una mujer obstinada y cabezota. Estas dos características han marcado su vida personal y familiar, hasta tal extremo que ha sido víctima de su resistencia a cambiar de opinión, a admitir lo que los hechos demostraban. Estos rasgos de su personalidad han estado muy presentes en todas las fases de su relación con Iñaki Urdangarin, con quien este miércoles celebra 20 años de casada, una unión de la que han nacido cuatro hijos: Juan, Pablo, Miguel e Irene. Un matrimonio que se presentó al mundo como una nueva versión de la monarquía española, una pareja moderna, independiente y enamorada. Pero con el tiempo su implicación en el caso Nóos les ha llevado a vivir desde hace ocho años en el exilio, cinco entre los tribunales y ahora pendientes de la entrada en prisión del que un día fue duque de Palma de Mallorca.

Lo suyo fue un flechazo, al menos para ella. Atlanta celebraba en 1996 los Juegos Olímpicos y Cristina de Borbón asistía como espectadora. La primera vez que se vieron fue en la celebración de la medalla de oro ganada por la selección de waterpolo. Jesús Rollán, portero del equipo nacional y gran amigo de la Infanta fallecido en 2006, fue quien los presentó. Testigos de aquel encuentro cuentan que la hija de los entonces Reyes de España se quedó impactada con Iñaki Urdangarin, que formaba parte del equipo de balonmano que logró el bronce. Ella estaba sin pareja tras unas breves relaciones, nunca confirmadas, con otros deportistas de la época, como Álvaro Bultó y Fernando León. Él tenía novia, Carmen Camí. Tras solo ocho meses de iniciar su relación, la pareja se comprometió. Ese día, Camí se enteraba por la televisión de que ya no era la novia del deportista.

Iñaki Urdangarin saliendo del juzgado de Palma de Mallorca.
Iñaki Urdangarin saliendo del juzgado de Palma de Mallorca. GTRESONLINE

Él era un chico aparentemente perfecto. Sus amigos y compañeros del equipo de balonmano del Barcelona se deshacían en elogios cuando hablan de Urdangarin. Lo primero que sorprendía de Txiqui, como le llamaban sus íntimos, era su físico. Rubio, alto, de ojos claros y complexión atlética, tenía una sonrisa que conquistaba. En la España de las Autonomías, Urdangarin reunía los mejores requisitos. Nacido en Zumárraga en 1968, vivía en Barcelona. Cuando conoció a la Infanta ocupaba un pequeño piso en el paseo de Gracia. Su boda el 4 de octubre de 1997 fue todo un acontecimiento en la ciudad, que se volcó en las calles para vitorear a los novios y a todas las cabezas coronadas que ese día desfilaron por la Catedral y luego por el palacio de Pedralbes. Esa misma ciudad que ahora les ha dado la espalda y a la que vuelven discretamente cuando las obligaciones de la infanta con La Caixa o de Urdangarin con la Justicia les obligan.

El declive del matrimonio comenzó cuando los Urdangarin-Borbón compraron una casa en Pedralbes a la que comenzaron a llamar "palacete" y a la que tras una completa remodelación convirtieron en una residencia llena de lujos. Para mantener todo ese nivel de vida, Iñaki Urdangarin se metió en el mundo de los negocios de la mano de quien fue su profesor en ESADE, Diego Torres. Su ficha como jugador de balonmano del Barcelona y el restaurante que tenía con unos amigos no daban para ese nivel de vida.

La familia Urdangarin Borbón tras el nacimiento de Irene.
La familia Urdangarin Borbón tras el nacimiento de Irene. GTRESONLINE

Cuando los entonces duques de Palma se mudaron a Washington en 2009 sin explicación oficial ya se hablaba de que Iñaki Urdangarin estaba implicado en asuntos comprometidos. Pronto estalló el escándalo. Cristina de Borbón cerró filas con su esposo y desoyó los consejos de que se separara de él. Durante años, la tensión entre ella y la Familia Real ha sido máxima. Pero obstinada y cabezota ha hecho oídos sordos. Ha defendido la inocencia de su esposo, en la que sigue creyendo pese a la condena de seis años y tres meses de cárcel que ya pesa sobre él. Y sigue defendiendo su amor. Ni saber que su esposo había coqueteado con la esposa de un amigo, como delataron unos correos electrónicos filtrados en medio de la batalla del caso Nóos, la afectaron. Ella cerró filas, confió en él como siempre y declaró su inquebrantable amor.

Veinte años después de aquella boda por todo lo alto en Barcelona, Urdangarin aguarda noticias sobre su futuro penal. No trabaja y casi no se deja ver en público. Viene a España en contadas ocasiones y lo hace por la puerta de atrás. La Infanta perdió su título de duquesa y su posición en la Familia Real. La relación con su hermano el Rey es casi inexistente. Obstinada y cabezota se niega a ceder sus derechos dinásticos, un gesto simbólico que podría haber aliviado el daño que este matrimonio ha hecho a la Corona.