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La competición que salvó el fútbol inglés cumple 25 años

Viajamos a Inglaterra para comprobar el éxito de la Premier League: la maniobra con la que los creadores del fútbol se reinventaron

Premier League
El jugador danés del Tottenham Christian Eriksen, apabullado por los gritos de los seguidores del West Ham, quienes bailan felices tras haberle arruinado las opciones de ganar la Premier.

Son casi las 11 de la noche del viernes 5 de mayo de 2017 y salimos de presenciar un partido de la jornada 35ª de la Premier League. El estadio es el mismo donde se celebraron los JJ OO en 2012. Todo huele aún a nuevo. Está situado en una zona del este de Londres a la que aún le faltan varios detalles para dejar de ser considerada algo parecido a ninguna parte. Pero ya consta con una maravillosa parada de Overground, un gran centro comercial y torres de apartamentos con vistas imponentes. Hace apenas dos temporadas el equipo local se mudó aquí, abandonando su antigua casa, erigida en 1904 y cuyo nombre remitía al legado de Enrique VIII. Han ganado 1-0 a sus vecinos y rivales, que en dos semanas empezarán a derruir su estadio –levantado en 1898– para construir uno nuevo que será el de mayor capacidad de cualquier equipo londinense de la liga. El partido lo han ganado los locales, entrenados por un serbio y con un gol de un jugador italiano. El preparador visitante es argentino.

El único incidente digno de reseñar ha sido cuando un policía ha cogido por la oreja como si fuera un niño travieso a un cuarentón seguidor del West Ham (equipo local) que merodeaba por la zona por la que acceden al estadio los aficionados visitantes (esta noche, los del Tottenham) tratando de provocarles: “Sé un adulto”, le ha espetado el policía al individuo, que se ha marchado farfullando algo contra el mundo en general y contra la prensa en particular enfundado en una trenca de Stone Island que debe valer unos 700 euros.

La camiseta de Rooney en el vestuario de Old Trafford.
La camiseta de Rooney en el vestuario de Old Trafford.

El 15 de agosto de este año se cumplirán 25 años de la formación de la Premier League. El primer partido lo disputaron Sheffield United y Manchester United, equipo que a la postre sería el campeón de aquella primera temporada. El encuentro se disputó en Bramall Lane, campo construido en 1855, afectado por los bombardeos nazis en 1940 y que solo un año antes acababa de estrenar asientos en uno de sus anfiteatros. El primer gol lo anotó el inglés Brian Deane, del Sheffield United –aquella temporada, el club de Yorkshire lucía en la camiseta publicidad de Arnold Laver, empresa maderera local–, entrenado por otro inglés, Dave Bassett. El máximo goleador del torneo sería Teddy Sheringham, delantero del Nottingham Forest y de la selección inglesa. Aquel partido inauguraba el futuro del fútbol de aquel país. “Era el momento adecuado”, recuerda Janine Self, copresidenta de la Asociación Inglesa de Periodistas Deportivos.

“En los ochenta, el fútbol inglés había entrado en una profunda crisis, con las tragedias de Heysel, Hillsborough y Bradford. A los clubes del país se les había prohibido jugar competiciones europeas, el tema de los hooligans se había desmadrado y casi todos los estadios se caían a trozos, por lo que muchos clubes se habían visto forzados a desembolsar grandes cantidades de dinero para tratar de acondicionarlos cumpliendo las nuevas normativas de seguridad. No había dinero. Cada vez iba menos gente a los campos, no se traían buenos jugadores del extranjero. Los clubes más grandes se dieron cuenta de que debían tener más ingresos, sobre todo de la televisión. Abandonaron la Liga Profesional y crearon la Premier League para poder negociar los derechos televisivos por su cuenta y acabar con el reparto totalmente equitativo que la Liga hasta entonces les imponía”.

Seguidores del West Ham se mofan de los del Tottenham tras un gol de su equipo.
Seguidores del West Ham se mofan de los del Tottenham tras un gol de su equipo.

Aquel primer año apenas 15 extranjeros jugaron en la Premier League. Las audiencias de Sky, la cadena de televisión por satélite que adquirió los derechos del torneo, fueron bajísimas. Los capitostes de la misma decidieron promover la instalación de pantallas en los pubs con el fin de tratar de salvar el negocio. Aquello no arrancaba. “La idea a nivel competitivo de la Premier League fue crear clubes capaces de volver a competir en Europa al más alto nivel”, recuerda Jonathan Liew, cronista deportivo de The Daily Telegraph. “En este aspecto, los primeros años fueron un fracaso. Poca gente en los campos, audiencias bajas y el Manchester United dominando la liga pero fracasando en Europa. El cambio se hizo visible a mediados de los noventa, con la llegada de jugadores internacionales de gran calidad, como el holandés Dennis Bergkamp”.

En su primera temporada en el londinense Arsenal, Bergkamp ayudó a su equipo a clasificarse para la Copa de la UEFA. Al final de esa temporada, abandonó el club el entrenador inglés Bruce Rioch, siendo sustituido por un francés, Arsène Wenger. Una de las primeras decisiones del galo fue cambiar al holandés de posición. Al año siguiente, el club ganaría la Premier League y la Copa Inglesa. “Muchos citan a Wenger como el tipo que cambió el fútbol inglés, no lo voy a negar, pero sí es cierto que sus primeros años no fueron tan espectaculares, al menos, a nivel de juego. Era la época en la que se repetía aquello de ‘uno a cero, gana el Arsenal’. Más adelante sí jugaron de una forma casi sudamericana. Wenger es pionero, pero más que del juego, yo diría que de la forma de organizar un club. Antes no existía la disciplina”, apunta Julio Maldonado, especialista en fútbol en Movistar Plus, la cadena que en España emite en exclusiva los partidos de la Premier League.

Túnel de acceso al césped del London Stadium, presidido por una bandera italiana que celebra el legado de Di Canio en el West Ham.
Túnel de acceso al césped del London Stadium, presidido por una bandera italiana que celebra el legado de Di Canio en el West Ham.

“No les hagas caso. Todo cambió aquella noche en Barcelona. El fútbol inglés jamás volvió a ser el mismo después de aquello”. Manchester es una ciudad que se jacta, y casi siempre con razón, de haber inventado infinidad de cosas, y Pete, quien hoy nos acompaña en un tour privado por Old Trafford, el estadio en el que juega regularmente el Manchester United, es muy de Manchester. Para él, el punto de inflexión llegó la noche del 29 de mayo de 1999 en el Nou Camp, cuando en el minuto 91 su equipo perdía 1-0 frente al Bayern de Múnich en la final de la Liga de Campeones. Entonces, en dos minutos mágicos, Teddy Sheringham –recuérdelo, el primer pichichi de la Premier seis años atrás– y un noruego llamado Ole Gunnar Solksjaer le dieron la vuelta al marcador y a la historia y ganaron la segunda Copa de Europa para los Diablos Rojos.

Manchester es una de las ciudades inglesas que más ha cambiado en los últimos 25 años, casi todos esos cambios han sido para bien y una parte considerable de estos han sido propiciados por el fútbol. Jonathan Gough es un periodista y escritor local. Él es el encargado de llevarnos hasta la Chetham’s Library para ver dónde escribieron Marx y Engels parte del Manifiesto comunista, de pasearnos por las calles del centro que aún se utilizan como escenario en películas para hacerlas pasar por Nueva York (Manchester también inventó Nueva York, es obvio) cuando el presupuesto no alcanza para volar hasta la Gran Manzana, por el edificio que celebra que en 1948 se construyó aquí la primera cosa parecida a un ordenador, por la estatua de Emily Pankhurst, la más célebre sufragista, o por el lugar donde se fundó el primer sindicato de futbolistas (hoy es un Starbucks). Y claro, por el flamante Museo del Fútbol. “Estaba antes en Preston”, apunta Gough. “Pero ni siquiera en la ciudad, sino dentro del campo de fútbol, donde deben caber poco más de 10.000 personas. El edificio en el que está hoy antes era un lugar donde se organizaban exposiciones dedicadas a las ciudades. Nadie iba. Entonces, alguien de aquí llamó a los del Preston y les preguntó cuánto costaría traer el museo. Lo cedieron gratis y aliviados”. Manchester no inventó el museo del balompié, pero sí lo perfeccionó hasta convertirlo en lo que es hoy: una mezcla de viaje en el túnel del tiempo del deporte rey y sala de recreativos.

Un seguidor del Tottenham en el London Stadium con un tatuaje con el escudo del club y la Estrella de David. Los Spurs son el club judío de Londres, y sus seguidores, la Yid Army.
Un seguidor del Tottenham en el London Stadium con un tatuaje con el escudo del club y la Estrella de David. Los Spurs son el club judío de Londres, y sus seguidores, la Yid Army.

La omnipresencia del fútbol en la capital mancuniana está determinada por la forma en que sus habitantes viven este deporte y la rivalidad que mantienen los dos clubes de la ciudad, el United y el City. “La gente piensa que casi todos aquí son del City y que el United es para extranjeros. Pero no es cierto. Estamos divididos casi al 50%”, recuerda Gough. “Además, a diferencia de otros lugares donde las familias son todas de un mismo equipo por tradición, en Manchester sucede que, si un hermano pequeño ve que, por ejemplo, su hermano mayor y su padre son del City, se hace del United”. Esto dice mucho del carácter local, del mismo modo que las instalaciones de ambos clubes muestran modelos dispares en cuanto a gestión de la proyección global, marketing y monetización de las marcas en que se han convertido las instituciones balompédicas.

El United, como el Liverpool, por ejemplo, es aún la mística y la historia, con licencias a la modernidad como el Hotel Football, ubicado al lado del estadio y regentado por exjugadores del club como Phil Neville y Ryan Giggs. Mientras, el City es la globalización y la construcción más o menos ficticia de un nuevo relato deportivo a partir de un envoltorio de petrodólares. “¿Ves esto que están construyendo aquí?”, nos dice Mark, quien nos pasea junto a unos jubilados por el Etihad Stadium, flamante hogar del City. “Será increíble: un restaurante separado por una cristalera del túnel que lleva de los vestuarios al terreno de juego por el que pasan los jugadores. Imagina estar cenando y poder verlos entrar y salir del campo. Será el primero en el mundo de estas características”.

Imagen del palco de Old Trafford, con los asientos para los invitados de Fergusson y Mourinho.
Imagen del palco de Old Trafford, con los asientos para los invitados de Fergusson y Mourinho.

Visitar las instalaciones del United es como ir a la Florencia del fútbol. Visitar las del City es como visitar Abu Dabi postulándose para albergar Eurovisión. Uno ha quedado sexto en la Liga este año. El otro, tercero. Nueve puntos han separado a ambos modelos. Estas son las dos almas de la Premier League actual, la del marketing y las banderas de plástico que ondean los seguidores del Chelsea y la otra, la de la épica liga ganada por el Leicester City el curso pasado, al inicio de la cual, en las apuestas, el equipo de Ranieri era el cuarto favorito… para descender. “Claro que la Premier es ya un negocio global y una atracción turística, pero creo que es así con todo el fútbol. Si voy a Madrid o Barcelona seguramente quiera ir a ver al Barça o al Real”, dice Self. Liew coincide en esta realidad, aunque su visión no es tan globalmente idílica: “En clubes como el Chelsea o el Liverpool los fans se han quejado de que están siendo suplantados por extranjeros que pagan más dinero pero no crean ambiente, y el ambiente ha sido hasta hoy uno de los argumentos de venta del fútbol inglés”. Sixto Miguel Serrano es el encargado de retransmitir los partidos de la Premier en Movistar Plus. Antes, hacía la NBA. Ve similitudes entre ambos modelos. “Me recuerdan en la forma de promover su producto, de venderlo y de globalizarlo. El baloncesto es estadounidense y el fútbol, inglés, y mantiene esa mística, mezclada con la mercadotecnia. Obviamente, en la Premier se han perdido cosas, pero sigue siendo algo increíble. Este año, si yo tuviera que haber elegido un equipo al que ir a ver jugar, ese hubiese sido el Tottenham”. Días antes de nuestro viaje Self coincidía: “Como neutral, recomiendo que vayas a ver al Tottenham”. Y fuimos a ver al Tottenham a un estadio nuevo, pero sin banderas de plástico. Y como hablamos de fútbol, un deporte que es como la vida, el Tottenham perdió ante un equipo al que sacaba 40 puntos. Y aunque quien esto escribe es seguidor de los Spurs es menester admitir que esa noche se lo pasó maravillosamente bien. El fútbol es así. Y en Inglaterra, un poco más.

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