Masculinidades en crisis
Ellas se incorporan a los ámbitos y clichés ocupados tradicionalmente por hombres; ellos son incapaces de asemejarse a lo que las mujeres representan


Los adolescentes lo tienen claro: desean ser como Amancio Ortega. Y (¡oh, sorpresa!) las chicas más que los chicos. Esta parece la asombrosa conclusión de una encuesta sobre el futuro y los referentes de los jóvenes. Pero permítanme una pregunta: ¿conocen el nombre de dos científicos españoles? Al fin y al cabo, los modelos juveniles no son sino una proyección de la estructura y los valores de nuestra sociedad. Y quizá al volver ahora al estudio de marras podamos entender mejor sus resultados aplicando la variable “género”.
¿Es llamativo que las chicas quieran parecerse a un hombre? No, si recordamos que el reconocimiento público está vinculado con el reparto de poder y este es esencialmente masculino. ¿Y cuál es el espejo en el que se miran? El que arroja una imagen unidireccional del éxito social: emprendimiento, acción, riesgo y autodesarrollo personal; capacidades, por cierto, con las que se sigue socializando a los niños más que a las niñas.
Las adolescentes se ven en la piel de hombres y mujeres porque sus mecanismos de identificación trascienden el género, y adoptan imaginarios que simbolizan cualidades como el cuidado (su segundo referente es la madre) o el activismo cool de Emma Watson. Éxito-cuidados-activismo es la tríada que condensa sus aspiraciones. Mientras, sus homólogos masculinos sitúan a tres empresarios en la cúspide de un elenco en el que sólo caben hombres: ahí están el futbolista Ronaldo o el misógino Trump. Por el contrario, la lista femenina, además de incluir hombres y mujeres, recoge nombres como Marie Curie o Frida Kahlo.
Parece que el problema lo tienen ellos: sus aspiraciones son banales, sujetas a los tópicos sociales más sórdidos. La ausencia de mujeres con las que identificarse indica que el género es el elemento central sobre el que construyen su identidad. Además, en un mundo que no juega limpio con los referentes —es más meritorio ganar Wimbledon si eres varón—, las mujeres sí han sabido cambiar y los hombres no. Ellas se incorporan a los ámbitos y clichés ocupados tradicionalmente por hombres; ellos son incapaces de asemejarse a lo que las mujeres representan. Seguimos ante masculinidades defensivas. @MariamMartinezB
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