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Cuando suena la matraca

Los habitantes de un barrio de Milagros, en la isla de Masbate (Filipinas), recuperan herramientas tradicionales indígenas para alertar a la población en caso de emergencia

Que hay detras de una emergencia
El líder del 'barangay' de Poblacion East, Joseleo O. Tan, muestra el plan de evacuación de la zona, en Milagros (Filipinas).
Milagros (Filipinas)

Antes de que salgan de sus casas para buscar refugio durante una catástrofe natural, los habitantes del barangay [barrio] Poblacion East de Milagros, en la isla filipina de Masbate, ya tienen sus nombres colgando de la puerta del cuarto del centro de evacuación en el que pasarán la noche. La pequeña comunidad, compuesta por 530 familias (alrededor de 2.500 personas), ha desarrollado un sistema de alerta ante los desastres que combina herramientas modernas (sirenas y un megáfono) con instrumentos de la tradición indígena como la matraca.

El supertifón Haiyan, que en noviembre de 2013 causó más de 10.000 muertos a su paso por el archipiélago, no ocasionó muchos daños en esta zona, una de las más pobres del país, pero sí dio un toque de atención a las autoridades locales. Desde entonces, la prevención y la reducción de riesgos se han convertido en asuntos centrales y cada comunidad tuvo que tomar las riendas de su propia seguridad.

Joseleo O. Tan, líder del barangay, señala con un dedo en un mapa del barrio impreso en una lona los cinco puntos de encuentro asignados a los habitantes según la ubicación de sus casas. Mueve de arriba abajo el brazo cargado con pesadas cadenas doradas mientras un par de ventiladores intentan aliviar sin descanso el calor sofocante de la habitación. Su mano sigue las flechas que indican el trayecto hacia el centro de evacuación, a un kilómetro del poblado. El plan de emergencia prevé de manera minuciosa la colocación de cada uno de los evacuados y la distribución de bienes de primera necesidad.

El megáfono y la sirena usados en el 'barangay' Poblacion East de Milagros (Filipinas) para alertar en caso de emergencia.
El megáfono y la sirena usados en el 'barangay' Poblacion East de Milagros (Filipinas) para alertar en caso de emergencia.

El sistema de alerta puesto en marcha tras Haiyan hace distinción entre incendios y otros desastres naturales como tifones, tsunamis o terremotos. En caso de incendio, el jefe del barangay cruza el poblado en compañía de una matraca, una herramienta de la tradición indígena compuesta por una pequeña tabla de madera y un asa de metal. Al sacudirla con un rápido movimiento de la muñeca, produce un sonido fácilmente reconocible que indica a los vecinos que hay que ponerse a salvo.

Un vecino del 'barangay' Poblacion East, Milagros (Filipinas), con la 'matraca'. ampliar foto
Un vecino del 'barangay' Poblacion East, Milagros (Filipinas), con la 'matraca'.

Entre las tareas de Tan, también se encuentra estar pendiente de la información emitida por la agencia nacional de meteorología a través de la radio en los dos o tres días previos a la llegada de un tifón.

El código empleado se basa en cuatro escalones y se sirve de un megáfono y una sirena. Un sonido prolongado es sinónimo de la necesidad de monitorizar la zona, aunque el nivel de alerta sea, por el momento, muy bajo. Ante tres sirenas prolongadas, las familias ya tienen que preparar las maletas. Cinco sirenas prolongadas cada tres horas significan que se ha decretado el nivel tres de peligrosidad: empieza la evacuación. La máxima alerta se anuncia con el sonido de 10 sirenas prolongadas cada 20 segundos. Si alguien se resiste a abandonar su hogar, se procede a la evacuación forzosa. Hasta el momento, sin embargo, Poblacion East nunca ha tenido que recurrir a este último estado.

"Reducción del riesgo a través de la reducción del caos durante la evacuación" es el lema de Natividad Isabel Magbalon, vicealcaldesa de Milagros. "Yolanda [nombre local de Haiyan] ha creado conciencia y ha dejado claro la importancia de la evacuación temprana. Antes nos costaba convencer a las familias para que salieran de sus casas, pero ahora nos enfrentamos a otros retos, como la separación de los evacuados según el género o adaptarse a las necesidades específicas de algunos colectivos, como los minusválidos o las madres", explica sentada detrás del escritorio de su despacho.

El cambio de enfoque, desde la respuesta a la prevención, se plasma en una imagen que se materializa ante los ojos de los visitantes nada más entrar en el edificio. Aquí yacen decenas de cajas de cartón apiladas con alimentos no perecederos y sacos de arroz. "Antes teníamos que esperar la declaración de calamidad para gastar el presupuesto, pero ahora es al revés: mejor gastar antes para estar preparados", asegura Jessica Madrilejos, responsable de reducción de riesgo en el Ayuntamiento. "Colaboramos de forma muy estrecha con ONG y agencias internacionales en los barangays y nuestro trabajo no concluye con la emergencia. Después hay que evaluar los daños, redactar informes…". La experta lamenta que los gobiernos locales no cuenten con suficientes fondos para programas de recuperación a largo plazo, pese al respaldo del poder central. "Cada familia se ocupa de la reparación de su casa con el material que le ofrecemos, así los desperfectos se solucionan en una semana. Las infraestructuras y los medios de vida, sin embargo, tardan varios meses en recuperar el contexto anterior al desastre".

"Agua o fuego… da igual: ¡Tienes que correr!"

Lydia Botoampo posa delante de su vivienda en el 'barangay' Poblacion East de Milagros, en la isla de Masbate (Filipinas).
Lydia Botoampo posa delante de su vivienda en el 'barangay' Poblacion East de Milagros, en la isla de Masbate (Filipinas).

La casa de Lydia Batoampo estaba desprovista de letrina hasta el año pasado, como muchas otras viviendas de este barrio de Poblacion East. Es pequeña, pero ahí vive con su marido y los seis hijos de su anterior matrimonio. Su esposo es pescador y ella se dedica a vender el pescado en el mercado. Desde que nació hace 49 años, nunca se ha alejado de su entorno, aunque, admite, a veces la vida aquí es dura. Hay días en los que gana apenas 200-250 pesos (unos 3,36-4,2 euros). En las mejores épocas, consigue llevarse al bolsillo 400 pesos (6,7 euros) al final de la jornada.

Una imagen desteñida del rostro de Jesús vigila el porche de su casa, rodeado por una valla compuesta por ramas y bananos. Los árboles fueron sus únicas pertenencias dañadas durante las fuertes lluvias de agosto del año pasado. En cuanto escuchó la voz del jefe del barangay alertando del peligro a través de un megáfono, recogió lo indispensable –un cojín, sábanas y algo de ropa– y abandonó el hogar. "Tenía miedo, pero los vecinos me ayudaron", cuenta. Un vehículo militar la trasladó al centro de evacuación, donde recibió arroz, sardinas en lata y fideos.

Batoampo admite que no conoce los detalles del plan de evacuación del distrito y, si se encontrara en peligro ahora mismo, no sabría adónde ir. "Agua o fuego… da igual: ¡Tienes que correr!".

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