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Escuchar el ruido de una pasa para aliviar el estrés

Un programa pionero en Filipinas acerca la técnica de la meditación a los trabajadores del sector humanitario para ayudarles a enfrentar las situaciones de emergencia

¿Cuál es el ruido de una pasa? Los trabajadores humanitarios sentados en círculo encima de almohadones en un estudio diáfano de Manila lo acaban de descubrir. El "objeto", como califican al fruto seco, no para de dar vueltas entre sus dedos. Lo miran a contraluz. Lo acercan al oído y lo aprietan con suavidad. Lo frotan despacio encima de los labios. Lo observan con deferencia y curiosidad, como si acabaran de descubrir su existencia. "¿Y qué pasaría si mirarais a vuestros sentimientos con ojos nuevos, como los que ven una pasa como si fuera la primera vez en su vida?", les pregunta Hitendra Solanki, asesor de meditación (mindfulness) y bienestar de la ONG Acción contra el Hambre.

Este taller de meditación se propone como un viaje interior de seis días a lo largo del cual la atención se traslada de la pasa a las emociones de los trabajadores humanitarios, unos profesionales a menudo expuestos a altos niveles de estrés. Un estudio publicado por el diario británico The Guardian ya alertó en 2015 de que un preocupante porcentaje de los empleados en este sector experimenta problemas de salud mental. El 79% de los 754 encuestados admitió padecer algún tipo de dolencia y casi todos (93%) la achacaban al trabajo.

“El empleo humanitario es fuente de estrés, además están las cargas familiares. Tengo dos hijos, de seis y siete años, y no siempre encuentro tiempo para atenderles como me gustaría”, explica Anna García. Esta mujer de 34 años se ocupa de la contabilidad de su ONG, Save the Children, y cada día recibe centenares de correos. "Durante las emergencias, a veces me toca trabajar hasta las cinco de la madrugada. Ahora estoy sufriendo mucho estrés debido a la crisis en Marawi y la lucha contra el Estado Islámico. Espero que este curso me pueda ayudar".

Ángel Ortiz, del departamento de recursos humanos de Relief International, llegó a este taller, 26 plantas más arriba de una calle abarrotada del barrio de Ortigas, por petición de su jefe. "Filipinas es un país que puede generar mucho estrés por la cantidad de desastres naturales al que está expuesto. Tengo que estar lista y aceptar que es parte de mi trabajo", sostiene.

Hitendra Solanki, asesor de 'mindfulness' y bienestar para Acción Contra el Hambre. ampliar foto
Hitendra Solanki, asesor de 'mindfulness' y bienestar para Acción Contra el Hambre.
Un estudio publicado por el diario británico 'The Guardian' ya alertó en 2015 de que un preocupante porcentaje de los empleados en este sector experimenta problemas de salud mental. ampliar foto
Un estudio publicado por el diario británico 'The Guardian' ya alertó en 2015 de que un preocupante porcentaje de los empleados en este sector experimenta problemas de salud mental.

Para Ferdinand Y. Gozar, empleado de Acción contra el Hambre, este seminario es su primera experiencia de mindfulness. "Vivo situaciones de mucho estrés en el trabajo, por no hablar de la tensión acumulada en casa. No sabía que se existían simples gestos que podrían ayudar a aliviar esta carga tan negativa para la mente y el cuerpo". Gozar se refiere a centrar su atención en la respiración y aceptar lo que ocurre a su alrededor.

Al principio, algunos de los 15 asistentes no parecen sentirse muy a gusto sentados con las piernas cruzadas, y admiten que alguna que otra vez sus pensamientos se dirigen a los compromisos de trabajo. Pero los móviles y las tabletas están prohibidos en este espacio, exento de elementos religiosos de decoración. Para llegar hasta la sede del taller han tenido que zambullirse en un tráfico infernal. Y sin embargo, apenas recuerdan el recorrido que han hecho 10 minutos antes. Esto se debe a que no han prestado la atención necesaria al momento presente, como les reprocha Solanki.

Sentado delante de un ventanal con ropa holgada, el asesor al que no le gusta ser llamado monitor, ya que siente que es uno más del taller y que está aprendiendo tanto como los otros participantes tranquiliza a los asistentes que no conocen la técnica de la meditación. "No os preocupéis, no os voy a inyectar nada, ni a meter dentro de una máquina rara", bromea. Lleva el pelo recogido en una coleta, pero insiste en que su aire hippie no está reñido con "el carácter riguroso" de la disciplina de la atención plena que promete mantener bajo control el monstruo del estrés.

Este taller se enmarca en un proyecto de tres años que abarca también a Pakistán y Tailandia otros países expuestos al riesgo de desastres naturales y está previsto que finalice el próximo mes de marzo. La consigna del primer ejercicio es aparentemente simple: cerrar los ojos y observar lo que pasa en la mente y en el cuerpo durante tres-cuatro minutos. Tres toques de campana marcan el final del primer experimento de buceo interior ("para dar la oportunidad de despertar a los que se quedaron dormidos", bromea Solanki).

"Me han venido a la cabeza las cosas que hacer durante el día, conversaciones mantenidas ayer…", cuenta una de las asistentes. "Siento dolor de espalda y me estaba quedando dormida. Me he acordado del tráfico y de mi hija", revela otra. "He pensado en trabajo, pero luego he sentido la sangre fluir y el corazón latir, lo que no suele ocurrir normalmente", le siguen. Primera clave: la atención se puede entrenar al igual que un músculo.

"La meditación no tiene que ver con no tener pensamientos, ni con el relax", señala Solanki mientras pide a los asistentes fijarse en la respiración sin juzgar si lo están haciendo bien o mal. "El objetivo de la meditación es ver las cosas tal como son, no como nos gustaría que fueran. Marcar un mudra [posiciones que se realizan con las manos en las religiones hindú o budista] con las manos no nos llevará por arte de magia a estar más centrados o relajados".

"Siempre se habla de resiliencia de los beneficiarios, pero nadie se preocupa por los trabajadores del sector humanitario que van de crisis en crisis", reflexiona el experto de Acción contra el Hambre. "¿Cómo podemos estar tan ciegos ante los traumas que suceden en nuestro ámbito? Una de las razones por las cuales el estrés es tan grande en este sector es porque la gente no habla de lo que siente. Ponen el piloto automático y normalizan su sufrimiento. Aplicamos la prevención de riesgo a los desastres naturales, pero no a los trabajadores. Cuando están quemados, los mandamos a terapia, pero ¿por qué no actuamos antes?".

Solanki, afincado en Londres pero nacido "hace mucho tiempo" en Kenia, conoció de primera mano los beneficios de la atención plena desde muy joven tras crecer con un padre que sufría de ansiedad y depresión. "El noble objetivo de querer crear una conexión con la gente que te empuja a dedicarte al sector humanitario se puede perder de manera muy rápida, sin que te des cuenta. De repente te encuentras en una emergencia, con una carga de trabajo enorme, sin comer ni dormir de manera apropiada, lejos de tu zona de confort y de tu red de apoyo, en un entorno que no entiendes, tienes que pensar en los demás y no te fijas en lo que está pasando en tu interior". Cuenta que muchos trabajadores humanitarios tratan de enfrentarse a este malestar negando su estado de ánimo. "Se repiten que no se sienten solos, intentan olvidar aquella madre que les contó que había perdido a toda su familia... Y la vía de escape suele ser tomar drogas, beber, mantener relaciones sexuales casuales para sentir el contacto humano. O pueden encerrarse y no querer compartir sus emociones con nadie. Otros acaban tomando medicamentos para dormir mejor, comen de manera compulsiva o, al revés, dejan de comer. Cualquier estímulo les sirve para alejarse de lo que realmente están viviendo", agrega. "Si te dicen que un 79% de una comunidad padece malnutrición, se enviaría allí de manera inmediata ayuda alimentaria y soporte médico. Hacer lo mismo con la salud mental es lo obvio".

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