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Todos somos Iberoamérica

La cultura sirve de brújula para navegar la actualidad global

Actores, actrices y escritores iberoamericanos durante el pregón del World Pride en Madrid.
Actores, actrices y escritores iberoamericanos durante el pregón del World Pride en Madrid. EFE

Estamos ante un mundo en transición, con altos grados de incertidumbre y volatilidad. Nos preocupa el resurgimiento de fuerzas nacionalistas y xenófobas en varios países, y el rechazo al pluralismo y la diversidad. Más que los clivajes de izquierda y derecha, la polarización gira sobre el eje de sociedades abiertas o cerradas, inclusivas o excluyentes, progresivas o reaccionarias.

La preferencia por opciones populistas en distintas partes del mundo, no solo esconde ansiedades económicas o laborales, sino también un contragolpe al acelerado cambio cultural que acompaña al proceso de globalización, donde “los otros” se perciben erróneamente como amenaza a la identidad y a la sociedad en general.

Afrontar esa sensación de vulnerabilidad va más allá de las herramientas tradicionales de la economía y la política: se requiere de la cultura, o más bien de “las culturas”, del diálogo y la interacción entre las múltiples influencias que enriquecen nuestras sociedades, y la consciencia de esa complejidad. En este marco, la cultura pasa a ser sinónimo de convivencia ciudadana en la diversidad, un elemento indispensable en la construcción de identidades incluyentes, que no se definan por el enfrentamiento con los que nos parecen distintos, sino por el encuentro con ellos. Todos somos múltiples cosas a la vez, todos somos igualmente diversos, por eso, precisamente, podemos construir un proyecto común de sociedad.

Si queremos generar mayor cohesión social en nuestros países, entonces la cultura no puede considerarse un artículo de lujo o una necesidad de segundo orden, que se relega a la periferia de la política pública. Por el contrario, la cultura debe convertirse en un eje de las estrategias de gobierno y una categoría de análisis útil para la toma de decisiones.

Así ha sabido comprenderlo Iberoamérica, desde hace más de un cuarto de siglo. Ya lo decía la Declaración de Guadalajara, ciudad mexicana sede de la I Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en 1991: la cultura iberoamericana es el patrimonio que emana de “la suma de los pueblos, credos y sangres diversos, (…) enriquecida por nuestra participación en los procesos de integración y globalización”.

Iberoamérica es una construcción que nace de abajo hacia arriba y que sería impensable sin su gente. Es fruto de los afectos, de las migraciones, de las afinidades, de los intercambios entre personas a ambos lados del Atlántico. Como dice el cantautor uruguayo Jorge Drexler, Embajador Iberoamericano de la Cultura: “Iberoamérica viene siendo un laboratorio de integración de diferentes mundos, que precede a la globalización actual. De alguna manera, Iberoamérica viene integrando gastronomía, música, idiomas y etnias desde hace siglos, es una experiencia colorida, muchas veces traumática y otras veces maravillosa, variada y dinámica. En ese laboratorio radica la fuerza de la cultura iberoamericana”.

Por eso conmemoramos el 25 Aniversario de las Cumbres Iberoamericanas con la publicación de “Somos Iberoamérica”, un libro producido por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la agencia EFE. “Somos Iberoamérica” recorre la trayectoria de las Cumbres y recoge los testimonios de destacadas figuras del periodismo, el arte, la gastronomía, la literatura, el cine, el deporte, la ciencia, y la política iberoamericana. En todas las declaraciones emerge ese sentido de unión en la diversidad, de encuentro en la diferencia, que está en la base de la realidad que compartimos.

Todos somos Iberoamérica. Indígenas y afrodescendientes, hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores, latinos e ibéricos. La cultura nos ha permitido construir este espacio en el que cabemos todos. Yo creo firmemente que en nuestro modelo horizontal y dinámico se encuentran claves para navegar los desafíos de nuestros días y seguir enriqueciéndonos con los “pueblos, credos y sangres diversos”.

Rebeca Grynspan es Secretaria General Iberoamericana

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