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La moción de… investidura

Iglesias utiliza el Congreso para piruetas políticas con finalidades propagandísticas

Pablo Iglesias en la Puerta del Sol de Madrid junto a otros miembros de Podemos en una concentración en apoyo a la moción de censura contra Mariano Rajoy.
Pablo Iglesias en la Puerta del Sol de Madrid junto a otros miembros de Podemos en una concentración en apoyo a la moción de censura contra Mariano Rajoy. EFE

No sé si le han explicado bien a Pablo Iglesias en qué consiste una moción de censura. Ciertamente, el nombre es engañoso, incita a pensar que se trata de un procedimiento parlamentario mediante el cual se critica al Gobierno hasta el punto que, si una mayoría de la cámara lo cree oportuno, está obligado a dimitir. Quizás Iglesias ha imaginado una sesión en el Congreso en la cual los protagonistas estelares sean él y Rajoy, los demás queden relegados a simples actores secundarios y se demuestre que la única oposición verdadera al actual Gobierno es Podemos.

Si esto es lo que ha imaginado Iglesias, anda equivocado. En el sistema constitucional español, así como en el alemán, las mociones de censura, son en realidad mociones… de investidura. El debate no se centra tanto en la crítica al Gobierno para que el Congreso retire la confianza al presidente sino en la capacidad del candidato que propone la moción para atraer la confianza de una mayoría alternativa. Por tanto, el candidato, el que se propone como nuevo presidente del Gobierno, es el auténtico protagonista de la sesión parlamentaria, es él quien debe presentar un programa de gobierno para convencer a una nueva mayoría del Congreso para que le vote como nuevo presidente, es él quien se examina ante los diputados.

Incluso no será imprescindible en este caso que el presidente Rajoy intervenga para interpelar al candidato Iglesias: cualquier miembro del Gobierno puede hacerlo por delegación, no sería extraño que esta delegación recayera en la vicepresidenta. Pasqual Maragall, cuando estaba en la oposición, presentó una moción de censura al gobierno de Jordi Pujol. Este no intervino en ningún momento a lo largo de toda la jornada, ni se levantó de su escaño. En su nombre lo hizo su conseller primer Artur Mas y, puntualmente, los encargados de los departamentos de Economía y Obras Públicas. Todos ellos demostraron que sabían más que el candidato de los temas que este planteaba. En este caso puede suceder lo mismo y un poco más, dada la nula experiencia de Iglesias en temas de gobierno.

¿Confía Iglesias en que el programa de Gobierno que presentará y defenderá en nombre de Podemos podrá convencer a una mayoría alternativa a la que ahora da soporte al Partido Popular? Si es así, adelante, si no, estamos ante una payasada parlamentaria. Una vez más se utiliza el Congreso para piruetas políticas con finalidades propagandísticas o, en este caso, para poner en un brete al PSOE, en concreto, a Pedro Sánchez en su estreno como nuevo secretario general. De nuevo, se demostrará que es difícil confiar en Podemos como un socio serio y leal.

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