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Periódicos

Un Nobel defiende los diarios de papel. Un niño pregunta en el cole qué es eso. ¿Cuál es el futuro?

Un hombre leyendo el periódico en Nueva York.rn rn
Un hombre leyendo el periódico en Nueva York. Getty

Mario Vargas Llosa, escritor y premio Nobel, el domingo aquí en EL PAÍS: “Leer un buen periódico’, dice un verso de Vallejo, y yo creo que se podría añadir ‘es la mejor manera de comenzar el día” (…) Y, desde luego, los leo de tinta y de papel…”.

Izaskun Goikoetxea, maestra y amiga mía, el sábado allí, en una cena: “Les puse un ejercicio a los niños. Habíamos hablado de la novela, del cuento… y les dije: ‘Hoy hablaremos del periódico’. Uno me preguntó: ‘¿Qué es eso, un periódico?’.

Este es el futuro que le espera al papel prensa, compañeros tribuletes. Otra cosa son los plazos. Y nuestra capacidad para hacer justificable la supervivencia de la arqueología: al fin y al cabo, Pompeya sigue siendo fascinante. ¿Por qué no un periódico, con su lava en forma de tinta y sus cuerpos sepultados en forma de cadáveres profesionales?

¿Con qué nos quedamos, con el nostálgico retrovisor del Nobel (que uno comparte, ayayay) o con el aviso a navegantes de mi amiga maestra? Haríamos bien en dejarnos mecer por la melancolía, que siempre alivia (Melancolía=disfrutar de tu tristeza). Y, a la vez, en ir encargando la esquela de los periódicos, al menos de los periódicos tal y como los hemos entendido, al menos de los periódicos tal y como los estamos haciendo. 

Resignémonos, familia. No es que no gustemos, el periodismo nunca gustó a quienes tienen capacidad de decidir sobre él, y ahí radicaba su sentido. Es que no estamos de moda. Antes un periodista en una cena molaba cantidad. Ahora cuentas la peripecia de turno y la mesa acaba hablando de Messi. O de Pompeya.