Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Las manos que ayudan a andar

Voluntarios españoles rehabilitan a discapacitados en un centro marroquí

Iria Somoza y Marta Grela, estudiantes de Podología, valoran las radiografías de Hicham junto al cirujano podólogo Eduardo Simón. Ver fotogalería
Iria Somoza y Marta Grela, estudiantes de Podología, valoran las radiografías de Hicham junto al cirujano podólogo Eduardo Simón.
Azrú (Marruecos)

Son las nueve de la mañana en la ciudad de marroquí de Azrú. El frío es intenso por la cercanía de las montañas del Atlas Medio, que llegan a alcanzar los 2.000 metros de altitud. A este municipio a unos 200 kilómetros al sudeste de la capital, Rabat, comienzan a llegar furgonetas que traen gente de las aldeas cercanas. En media hora empiezan las actividades y las consultas.

Hoy es un día especial y los pasillos del centro de discapacitados están abarrotados. La noticia de que ha llegado un podólogo español para evaluar los casos susceptibles de ser operados ha viajado de boca en boca por toda la comarca, y los padres de los desahuciados han visto una esperanza para poner fin al padecer de sus hijos.

El centro Provincial de Personas con Discapacidad de Azrú fue construido y equipado por el Estado marroquí, en colaboración con el gobierno local y la Universidad de Al Akhawayn. En enero del año pasado, la ONG Felicidad sin Fronteras se hizo con la gestión del centro. Si se eligió esta localidad fue por la gran cantidad de discapacitados que existen en la zona.

El problema entronca con cuestiones culturales. En muchos casos son malformaciones derivadas de la consanguineidad. En la región del Atlas Medio, los matrimonios entre familiares son una práctica habitual. Algunos casos no son detectados a edad temprana porque los padres de familias numerosas están tan ocupados en trabajar que no pueden atender a los chavales. Estos pasan parte de los primeros años en compañía de sus hermanos o en las espaldas de sus madres acompañándolas en las tareas diarias. De esta forma, los niños alcanzan la edad de cinco o seis años con problemas tan profundos que son difícilmente reconducibles.

La otra causa principal son las complicaciones en el embarazo o en el parto, evitables con un sistema sanitario capaz de ofrecer respuestas rápidas. Por ejemplo , los hijos de gestantes diabéticas tienen un diámetro biacromial mayor, pudiendo quedar atascados en el canal del parto. Los médicos especializados realizan una serie de maniobras para sacar al niño, pero si estas no se realizan de forma diligente y rápida, pueden ocasionar secuelas, entre ellas una parálisis en el brazo de los recién nacidos. Dicha complicación requiere una rehabilitación adecuada desde edades tempranas, algo inaccesible para los marroquíes sin recursos. Se dan también muchos casos de pies equinovaros, que pueden proceder de problemas genéticos o por falta de líquido amniótico durante el embarazo.

Ser discapacitado en Marruecos tiene dificultades añadidas, y no solo por la falta de adaptación de los servicios y las administraciones. La falta de sensibilización es preocupante, hasta tal punto que muchas familias esconden a sus hijos por vergüenza. “Se hace más difícil ayudarles porque no tenemos estadísticas, en Marruecos no existe un espacio para ellos”, apunta Abderrahim El Jirari, el presidente de la ONG. El Jirari es un tipo tranquilo que lamenta esta problemática cultural, “Intentamos integrarles y sabemos de casos que al enterarse de nuestra existencia, han sacado a sus hijos a la calle con la esperanza de encontrar nuestra ayuda. Cuando no podemos mejorar sus condiciones de vida realizamos acciones de integración. Les intentamos hacer sentir parte de la comunidad”.

En el centro se ofrecen sesiones de rehabilitación física, podología, informática, estimulación sensorial y cognitiva para niños con autismo

La sanidad es uno de los sectores más marginados en el país norteafricano. Los datos hablan de un presupuesto del 2% del PIB. Es decir, unos 1.600 millones de euros, un 6% del gasto público total que ya ha sido superado por el gasto en el sector de la sanidad privada. En comparación, en España el presupuesto de Sanidad superó los 68.000 millones de Euros, 6,29% del PIB y un 14,5% del gasto público. El centro de Azrú intenta paliar las carencias del sistema. “La gente acude porque sabe que les vamos a atender. Y todo lo hacemos gratuitamente", comenta El Jirari. La sanidad pública cubre todas las especialidades, pero muchas no se tratan cerca del lugar de residencia del paciente. “Para un paciente crónico de los que tratamos aquí, es impensable costearse ni siquiera el viaje a Meknés o Rabat para ver a un especialista”, comenta Cristina, una voluntaria del centro.

En el centro se ofrecen sesiones de rehabilitación física, podología, informática, estimulación sensorial y cognitiva para niños con autismo. También hay consulta de medicina general, a la que acude puntualmente un médico voluntario del Hospital Regional de Azrou, e incluso talleres de pintura, artesanía y costura. Hay un aula que se destina a guardería, donde voluntarias locales dan clases básicas de aprendizaje de lunes a viernes a los más pequeños mientras reciben tratamiento. Recientemente se ha equipado una sala de odontología. Los pacientes, cuyas edades oscilan entre los cuatro y los treinta años, vienen dos o tres días por semana.

Atienden casos de todo tipo, déficits tanto motores como cognitivos, problemas de conducta, hiperactividad, autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral, tetraparesia, lesiones musculares, pies equinovaros…

El Jirari gestiona el centro a caballo entre Madrid y Azrú. La falta de profesionales marroquíes en el campo de la discapacidad le llevó a formar un equipo con voluntarios locales y extranjeros. Desde la ONG realizan un programa de voluntariado y tienen un convenio con la Universidad de Alcalá de Henares para que los estudiantes puedan hacer aquí sus prácticas convalidadas. El resto de voluntarios son profesionales de distintos ámbitos de la medicina que además de aportar su trabajo, colaboran pagando una pequeña cantidad para los gastos que genera su estancia en el centro.

Los voluntarios cubren periodos mínimos de dos semanas, excepto Eva Montero, fisioterapeuta, y Cristina Morgades, terapeuta ocupacional, que coordinan el proyecto desde hace un año. Ahora se termina su periodo de voluntariado y deben regresar a España. "En este tipo de pacientes la evolución es muy lenta, porque hay discapacidades muy severas, pero en este año hemos podido evaluar que muchos casos van mejorando. En otros casos se requieren especialistas que no tenemos, pero al menos hemos conseguido que no vayan a peor", se felicitan.

La necesidad actual del centro es encontrar personas especializadas en los campos de la discapacidad. “No tenemos la capacidad de contratar gente, sólo nos queda la acción voluntaria. Y es difícil sensibilizar a los gobiernos para ayudar a una comunidad marginada” se lamenta el presidente de la ONG. Al menos sçí han conseguido intérpretes para comunicarse con los pacientes y dar clases de árabe a los voluntarios, que trabajan altruistamente.

Los esfuerzos están centrados en la nueva campaña de cirugía, en colaboración con el hospital de la región. El cirujano podólogo Eduardo Simón Pérez evalúa los casos de los pacientes. Para ser operados se ha tenido en cuenta la implicación de las familias para ver si se responsabilizarán en seguir las pautas de los postoperatorios. Muchos de los que han acudido a las valoraciones tienen patologías complejas que requieren intervenciones en todo su aparato locomotor, y una simple operación del pie apenas supondría una mejoría.

La necesidad actual del centro es encontrar personas especializadas en los campos de la discapacidad. "No tenemos la capacidad de contratar gente, sólo nos queda el voluntariado"

A algunas madres ya se les ha informado en los días previos que sus hijos no cumplen los criterios para ser operados, aún así acuden a las valoraciones con la esperanza de un cambio de opinión por parte del cirujano. Los traductores se encargan de dar la mala noticia con todo lujo de detalles sobre las razones.

Tras dos días de consulta y valorar más de 40 casos, se han seleccionado 14. Entre ellos están los hermanos Azouggagh. Los dos están afectados de pies equinovaros, aunque eso no les impide jugar al futbol. Los dos se forman como electricistas. Su madre trabaja en una cafetería en Azrú y su padre es agricultor. Said, el mayor, hace teatro y al pequeño, Hamza, le gusta cocinar. Said piensa que la operación cambiará su vida por completo. Entre los que pasarán por quirófano también está Achraf, de 13 años, a quien la tetraparesia que afecta a sus pies y manos no le detiene. Escribe con los puños y practica karate. El objetivo de las intervenciones será corregir el posicionamiento de los pies para mejorar la vida del paciente, no sólo en un aspecto biomecánico, sino también a nivel social.

A las tres de la tarde del domingo se ha citado a los familiares de los pacientes que serán operados. Se arremolinan a la entrada con serenidad. Otro joven, también llamado Said, se presenta en un perfecto español trabajado durante sus años de pintor en Alicante. Está en Marruecos para visitar a su hermana, pero hoy ha venido acompañando a su sobrina. La sonrisa le ilumina la cara cuando se entera que los médicos que la van a operar son españoles. “Le tengo que hacer entender lo afortunada que son. En Marruecos muchos médicos te derivan a sus clínicas privadas para operarte: si no tienes dinero no hay posibilidades. Los médicos buenos se van a trabajar fuera y las élites se van a operar a Francia", comenta.

Las familias se juntan en el comedor, hoy improvisada sala de reuniones. El doctor Simón les muestra con un audiovisual los éxitos de campañas similares realizadas en otros países y les explica el proceso de la cirugía. Les advierte de que el éxito de la operación depende mucho de su compromiso a la hora de realizarse a las curas y acudir a rehabilitación. Es la parte que más le preocupa, porque no depende de su equipo. La falta de higiene puede resultar fatal en un postoperatorio.

Tras la explicación, decenas de preguntas. Aicha se revuelve, preocupada. Vive sola y no sabe quién le va a poder realizar las curas. La madre de Ibrahim, un niño con hemiplejia, pregunta si después de la cirugía tendrá que seguir acudiendo a su médico “del cerebro”. Y la madre de uno de los más pequeños quiere saber si la enfermedad de su hijo es culpa del padre o de la madre. Los médicos intentan resolver las dudas. Después, el director del centro toma la palabra para agradecer a los voluntarios su labor y la dedicación demostrada durante este año. “Los voluntarios son ángeles humanos”, dice. Los abraza uno a uno y pide a los pacientes un fuerte aplauso para ellos.

Más información