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Jubilados metidos a profesor de informática de presos

Un grupo de mayores de 65 años enseña a presos de segundo grado a manejarse con el ordenador

El recluso Manuel Gásquez, en clase con la voluntaria Matilde Torres.

Cuando Domingo Tregón ingresó hace nueve años en prisión, Facebook no formaba parte de la vida de casi nadie. Ni el smartphone, ni muchas de las tecnologías que ahora resultan tan habituales a todos, como si siempre hubiesen estado ahí. La vida era más analógica en 2008. Si Tregón necesitaba un empleo, recurría a los anuncios del periódico de papel o a los carteles de los establecimientos que señalaban la necesidad de incorporar a un nuevo trabajador. Una práctica que fue le útil durante décadas, pero con la que hoy en día no podría llegar muy lejos. Por eso ahora, con 57 años y a pocos meses de recuperar la libertad, acude a las clases de informática e Internet que imparten los voluntarios de Espacio Caixa, el programa de la Obra Social La Caixa dedicado a personas mayores de 65 años. Son los jubilados los que enseñan y los reclusos, los alumnos. “Hay que actualizarse”, señala Tregón.

El taller forma parte del programa de reinserción del Centro de Integración Social (CIS) Victoria Kent

El taller forma parte del programa de reinserción del Centro de Inserción Social (CIS) Victoria Kent, en Madrid, y comenzó en octubre de 2012. Desde entonces, han pasado por las aulas 168 reclusos en las 14 ediciones que se han realizado desde que comenzó el proyecto. Los presos que acuden lo hacen de forma completamente voluntaria porque es una de las pocas actividades que se pueden realizar que no ofrece beneficios en cuanto a la condena: ni reducciones, ni permisos especiales, ni nada similar. “Sabemos que el que viene, lo hace por interés en aprender”, señala Ismael Mielgo, voluntario de 70 años que coordina el grupo desde que empezó la actividad.

Todos los que acuden al taller, además, lo hacen por sus propios medios, porque se encuentran cumpliendo la última parte de su condena y están en el último paso para obtener la libertad. “Ahora solo vienen a dormir al centro, pero en pocos meses serán completamente libres y estas clases forman parte del programa de reinserción en la sociedad”, explica Fernando Bayón, director de Programas del CIS.

Hay tres ediciones del taller al año, de tres meses cada una, divididas en 16 sesiones. Son 12 alumnos por clase y siete los voluntarios que participan en cada sesión

Hay tres ediciones del taller al año, de tres meses cada una, divididas en 16 sesiones. Son 12 alumnos por clase y siete los voluntarios que participan en cada sesión. Lo que hace tan especiales a los profesores es que no han nacido en la era digital y han aprendido cuando han podido. “Por eso nos sentimos identificados con los que están aprendiendo ahora”, señala Matilde Torres, voluntaria de 79 años.

Todos son conscientes de que para recuperar una vida plena, deben actualizarse. Diomer Rengifo, de 54 años, origen colombiano y que lleva dos años y medio en prisión, se siente muy agradecido por los conocimientos que recibe de los voluntarios. Asegura que cuando esté libre, no sentirá miedo de las nuevas tecnologías.

El aprovechamiento de las clases depende mucho del nivel que traigan previo, según señalan todos los voluntarios. Algunos de los reclusos demandan algunos conocimientos específicos, pero los más solicitado son las instrucciones para la búsqueda de empleo por Internet. “Para ello hay que hacer un currículum, encontrar una oferta y saber cómo enviar el currículum”, cuenta Marta Fernández, voluntaria de 71 años y número dos en la organización del taller. Mielgo añade que a veces lo que más les cuesta comprender a sus alumnos es cómo adjuntar un documento en un correo electrónico.

El aprovechamiento de las clases depende mucho del nivel que traigan previo, según señalan todos los voluntarios

Pero las motivaciones son variadas. De todos los asistentes al taller, el alumno que más partido está sacando de las clases de Internet es Manuel Gázquez, quien está aprovechando lo aprendido para recoger otros casos similares al suyo y conseguir una revisión de su caso. Gázquez asegura que cumple condena de forma injusta, por un fallo del sistema, y ha creado un blog para denunciarlo con el que está llegando a otras personas en su misma situación.

Pronto todos estos reclusos recuperarán la libertad y tendrán que acomodarse al ritmo de vida que imponen las nuevas tecnologías. Por eso Gázquez, Rengifo, Tregón y el resto de compañeros esperan que las clases que han recibido les faciliten ese nuevo camino.

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