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Déjense de bla bla bla

Médicos sin Fronteras lanza una campaña para advertir de que las buenas intenciones para ayudar a los refugiados expresadas en la ONU no son suficientes si no se llevan a la práctica

Frontera entre Hungría y Serbia. Septiembre de 2015.
Frontera entre Hungría y Serbia. Septiembre de 2015.

La Declaración de Nueva York, el documento no vinculante suscrito por los 193 de la ONU en la 71 Asamblea General que se celebra esta semana dedicada (por primera vez en la historia de este organismo) a los refugiados es, según los organizadores, una "oportunidad histórica de la que surja un modelo para mejorar la respuesta internacional". ¿Quién no lo firmaría? Teniendo en cuenta que el mundo se encuentra ante la mayor crisis de refugiados desde la II Guerra Mundial, con 65 millones de personas desplazadas forzosamente debido a las guerras, violaciones de derechos humanos o el cambio climático, sería impensable no comprometerse en la búsqueda de soluciones. Otra cosa es cumplir lo que se rubrica. Así lo denuncia Médicos sin Fronteras que ha lanzado su campaña Un baño de realidad en la que contrapone, en una serie de vídeos, las diferencias entre lo que se declara y lo que se hace y ocurre en realidad.

"A pesar de las declaraciones que los líderes mundiales adopten en la ONU hoy; la devolución y el rechazo, la violencia por parte de las autoridades de los estados en las fronteras y los escuálidos campamentos se han convertido en la norma más que en la excepción de la respuesta internacional a la migración y al desplazamiento forzoso", ha advertido la ONG en un comunicado. "Mientras que el documento parece bien intencionado, su contenido es demasiado vago y carece de un sentido de urgencia para mejorar realmente la vida de migrantes y refugiados. Una declaración que apunta a resultados concretos en 2018 está desconectada de una voluntad real para lidiar con la crisis mundial de los desplazamientos a la que asistimos hoy", añade la organización.

Además de este material gráfico, Médicos sin Fronteras ha recopilado para esta campaña datos y testimonios de algunas de las emergencias en las que la organización asiste a refugiados y migrantes.

Refigiados sirios en el Berm

"El 21 de junio, en nombre de la seguridad nacional, Jordania cerró su frontera norte con Siria tras la explosión de un coche bomba dirigido contra una base militar jordana cerca de una zona conocida como el Berm. El cierre dejó a 75.000 personas, el 80% mujeres y niños, varados en el desierto sin ayuda, con insuficiente acceso al agua y casi sin acceso a comida", relata la ONG.

"Del 16 de mayo al 21 de junio, MSF pudo acceder a la población atrapada en la franja. Nuestros equipos atendieron a pacientes con enfermedades crónicas y patologías graves y potencialmente mortales como diabetes, enfermedades del corazón, cáncer y anomalías congénitas". Debido a la situación que encontró,  la ONG urge a la ONU a que se reanude el suministro de ayuda humanitaria en el Berm, y se permita la entrada a Jordania o reubique a los refugiados en otros países. "Dejar a la gente sufrir en el desierto es inaceptable", zanja MSF.

Somalíes en Dadaab 

El enorme campo de Dadaab en Kenia es el hogar de 350.000 refugiados somalíes, lo que le convierte en el campo de refugiados más grande del mundo. En su origen, hace más de 20 años, fue previsto como un emplazamiento temporal, pero desde entonces no ha parado de crecer y ha sufrido un déficit de financiación crónica. La inseguridad y la violencia también han afectado a los habitantes de los campos.

PLANETA FUTURO pudo acceder a este campo de refugiados en 2015 y esto fue lo que se encontró: Los invencibles de Dadaab

Refugiados y migrantes en Libia

"Desde la puesta en marcha el año pasado de las operaciones de búsqueda y rescate en el Mediterráneo central, los equipos de MSF han salvado a más de 34.000 personas de morir ahogadas y han asistido a muchas otras. Independientemente de su lugar de origen o sus razones para intentar alcanzar las costas europeas, casi todos los rescatados de estas aguas han pasado por Libia", subraya la ONG.

Muchas de las personas a las que rescatan denuncian haber sufrido violencia en Libia. Todas afirman haber sido testigos de violencia extrema contra refugiados, solicitantes de asilo y migrantes, que incluyen palizas, latigazos, violencia sexual y asesinatos. "Los equipos médicos de MSF han visto incontables ejemplos de abusos y brutalidad sufridos en la ruta migratoria a través de Libia. Han visto a un hombre con una herida de machete infectada desde semanas en su antebrazo, una joven con una perforación en el tímpano causada por repetidos golpes en la cabeza, hombres con inflamación grave tras haber sido golpeado en la ingle, un hombre con una fractura en la clavícula y profundas cicatrices a causa de latigazos en su espalda durante su detención y otro con los huesos de las manos destrozados tras ser golpeado repetidamente con un Kalashnikov. Las mujeres denuncian haber sido violadas, forzadas a prostituirse o mantenidas en cautividad como sirvientas domésticas", enumera MSF.

Destino: Grecia e Italia

Así de contundente expresa su denuncia MSF: "La Declaración de Nueva York promete que 'las necesidades especiales de todas las personas en situación vulnerable serán reconocidas”, pero tanto Grecia como Italia están muy poco equipadas para proporcionar servicios apropiados a grupos vulnerables. Por ejemplo, más del 90% de los menores que llegan a Italia no están acompañados por un adulto, algunos de ellos solo tienen 10 años. Estos niños no solo han experimentado y han sido testigos de situaciones terribles durante su viaje sino que, una vez en Italia, muchas veces son detenidos o ubicados en centros de recepción cerrados, en vez de ser acogidos en estructuras preparadas específicamente para niños que han sobrevivido a circunstancias traumáticas. La situación no es mejor en Grecia. Tanto en Grecia como en Italia rara vez se proporcionan servicios de salud mental".

Víctimas de violencia y solicitantes de asilo de Centroamérica en México y Estados Unidos

Se estima que cada año 300.000 personas huyen de la violencia y la pobreza en El Salvador, Honduras y Guatemala, y entran en México con la esperanza de llegar a Estados Unidos. "La violencia que sufren es similar a la que experimentan los habitantes de zonas de guerra. Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por parte de actores armados no gubernamentales, extorsiones y desapariciones forzosas son parte de la carga diaria que padecen miles de residentes en áreas controladas de facto por bandas y grupos criminales", alerta MSF.