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Rebelión en Podemos

La lucha por el poder entre Iglesias y Errejón reabre la crisis en la coalición

La diputada Tania Sánchez (2 por la derecha), junto a la portavoz en el Ayuntamiento madrileño, Rita Maestre (2 por la izquierda), durante la presentación de la plataforma "Adelante Podemos".

La cúpula de Podemos no puede ya disimular la crisis interna provocada por la lucha por el poder entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. A pesar de que oficialmente nieguen “guerras o desafíos”, el secretario general de la coalición atacó el jueves la iniciativa presentada el día anterior por varios miembros del sector errejonista (Proceso Adelante, encabezada por la portavoz del Ayuntamiento, Rita Maestre), para liderar el partido en la Comunidad de Madrid y anunció que habría un candidato oficialista (probablemente Ramón Espinar) para hacer frente a la nueva rebelión en la organización.

Han pasado apenas seis meses desde que el secretario político de Podemos, Íñigo Errejón, decidiera dar un paso atrás, después de que Iglesias destituyera como secretario de Organización a uno de sus hombres de confianza, Sergio Pascual. El número dos se ha anticipado al líder del partido y ha movido ficha con vistas a las elecciones primarias que se celebrarán en noviembre en Madrid; su federación más importante, desde la que Errejón podría plantear la batalla en el congreso que se celebrará a finales de año o principios de 2017.

El liderazgo de Iglesias quedó en evidencia tras los resultados de las pasadas elecciones generales, en las que el acuerdo con Izquierda Unida no solo no logró el sorpasso al PSOE, sino que les hizo perder un millón de votos. Este periódico ya anticipó en junio que el hiperliderazgo del secretario general de Podemos se sostenía sobre su imagen de invencibilidad y que ese primer tropiezo electoral podría impulsar demandas de un cambio profundo que abra el partido al debate interno y represente mejor la pluralidad de sus votantes y simpatizantes.

Desde entonces, la situación de Iglesias ha ido a peor, una vez que la coalición de grupos que conforman Podemos en el Parlamento ha quedado como una fuerza residual sin apenas capacidad para condicionar la agenda política. El debate entre las posiciones políticas y estratégicas de los números uno y dos del partido, unido a las crisis abiertas en la formación con sus aliados en Galicia, País Vasco, Cataluña y Madrid, han debilitado el poder de Pablo Iglesias y han llevado a Íñigo Errejón a dar un paso adelante y plantarle cara.

Si Podemos quiere consolidarse como una fuerza política que ocupe un espacio en la izquierda española, debería aprovechar el tiempo que queda hasta su próximo congreso para debatir a fondo su ideología y sus programas, alejándose de los liderazgos populistas. Ya no valen las propuestas atrapalotodo en las que se pasa de la socialdemocracia al comunismo radical, o de la visión nacional a las propuestas independentistas.

El partido morado nació y creció gracias a un buen diagnóstico de la situación de crisis que atravesaba España y su capacidad para ilusionar a cientos de miles de indignados. Sin embargo, en menos de dos años, ha caído en muchos de los vicios de la vieja política que tanto criticaban y han instaurado una estructura interna vertical y autoritaria, contraria al espíritu participativo de su fundación. El debate interno es siempre bueno para los partidos en democracia.

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