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De trabajadores y ciudadanos

Dice la CNMC que las gasolineras fantasma (aquellas que funcionan sin trabajadores) “aumentan la competencia y presionan a la baja los precios de los carburantes, aumentando con ello el bienestar de los consumidores finales”. Esto es interesante, porque todos somos o aspiramos a ser consumidores finales. El problema es que antes que consumidores necesitamos ser trabajadores. Anteponer los objetivos finales por encima de los medios para conseguirlos es característico de cualquier sistema de explotación. Solo si somos capaces de separar nuestra condición de ciudadanos de la de trabajadores podremos encogernos de hombros ante cosas así. Porque entonces, las máquinas trabajarán para la sociedad, para toda la sociedad, y el beneficio que de ellas se extraiga será socializado entre una comunidad de hombres y mujeres libres e iguales. Casi nada.— J. Javier Morata Ruiz. Madrid.

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