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Alber Elbaz abandona la firma Lanvin después de 14 años

Su partida le coloca en las quinielas para sustituir a Raf Simons en Dior, pero el diseñador ha expresado su frustración con el ritmo acelerado del calendario de la moda

Alber Elbaz, tras un desfile para Lanvin en 2012.
Alber Elbaz, tras un desfile para Lanvin en 2012.

Alber Elbaz abandona Lanvin, la casa para la que había diseñado durante 14 años. Women’s Wear Daily, el diario oficioso de la industria de la moda, adelantó la noticia esta mañana y la casa francesa se ha visto obligada a confirmarlo. El anuncio llega por sorpresa y apenas seis días después de que Raf Simons comunicase que deja Dior. No faltará entonces quien relacione las dos noticias: Elbaz no estaba entre los mejor posicionados para sustituir al belga en Dior pero ahora que queda sin ataduras, su nombre tendrá más peso en las quinielas.

La salida de Elbaz, israelí nacido en Casablanca, estaría motivada por sus desavenencias con la dueña de la marca, la magnate taiwanesa de los medios Shaw-Lan Wang, editora del United Daily News, y la directora ejecutiva Michèle Huiban. Varios medios publicaron hace unos meses que Wang, que compró Lanvin en 2011 sin tener ninguna conexión con el mundo de la moda y se encargó de fichar al diseñador, busca vender la firma y Elbaz se habría quejado de "falta de estrategia e inversión", sobre todo en Asia.

En el comunicado emitido posteriormente por Elbaz, él deja claro que se marcha por decisión de la firma. “Tras mi salida de Lanvin por decisión de la accionista mayoritaria, me gustaría expresar mi gratitud y buenos deseos para todos aquellos que han trabajado conmigo apasionadamente para revivir Lanvin durante los últimos 14 años; expresar mi afecto hacia mis maravillosos compañeros que me han acompañado en los talleres, y que apoyaron mi trabajo”, dice en la nota, en el que además desea el mejor futuro para una firma que cree que debe permanecer entre las mejors marcas del lujo francesas.

El modisto, que anteriormente había diseñado para Krizia y trabajado en Yves Saint Laurent, Guy Laroche y Geoffrey Beane, mantiene un perfil discreto y es poco amigo de los grandes gestos mediáticos. Hace apenas una semana, cuando recibió un premio en una gala llamada Night of the Stars, organizada por el colectivo Fashion Group International, se quejaba con cierta melancolía por la deriva que ha tomado su profesión. "Nosotros los diseñadores –dijo– empezamos como couturiers con sueños, con intuiciones y sentimientos. Partimos de preguntarnos: ¿qué necesitan las mujeres? ¿qué puedo hacer para que la vida de las mejores sea mejor? ¿cómo puedo hacerlas más bellas? Esto es lo que solíamos hacer. Pero entonces nos convertimos en directores creativos, así que tenemos que crear, pero básicamente dirigir. Y ahora nos tenemos que convertir en creadores de imagen, asegurarnos de que lo que hacemos sale bien en las fotos (…) Yo prefiero susurrar a gritar. Creo que es más profundo y dura más".

Esa visión de la moda y su incomodidad con el actual calendario saturado de presentaciones en principio le alejarían del disputado puesto en Dior, el más escrutado y exigente de todo el sector. Su nombre ya se barajó en 2011, cuando el puesto quedó vacante tras el escándalo que protagonizó John Galliano, pero se cree que el hecho de que Elbaz fuese también accionista de Lanvin bloqueó el acuerdo.

Bajo su dirección creativa, el israelí transformó una maison decadente cuyo mayor capital era su propio nombre —el de su fundadora, la legendaria Jeanne Lanvin— en una marca deseable, caracterizada por una línea femenina muy reconocible y poco afectada por las tendencias, una colorista colección masculina y unos cuantos iconos que se vendían muy bien, como las bailarinas flexibles, que suelen llevar Emma Stone y Angelina Jolie. Las dos actrices le han escogido también para algunas de sus apariciones más memorables en la alfombra roja, al igual que Natalie Portman, también israelí y amiga cercana de Elbaz, Meryl Streep, Sandra Bullock y Audrey Tautou. Para esas ocasiones, Elbaz invocaba el estilo impactante del Hollywood clásico pero sin caer en el pastiche, con hechuras claramente contemporáneas.

A pesar de todo eso, la empresa había entrado en una situación financiera comprometida. Sus ventas habían descendido a unos 200 millones de euros tras haber alcanzado los 250 millones hace unos años y se espera que anuncie pérdidas en breve.

Al contrario que otros directores creativos de primer nivel, Elbaz no mantenía su propia línea y había volcado todos sus esfuerzos en Lanvin. La excelente reputación de la que goza en la industria, como un creador original pero también, algo poco usual, alguien con el que es fácil trabajar le garantiza que no tardará mucho en encontrar un nuevo puesto, ya sea en otra maison o desarrollando por fin su propia marca. Según WWD, muchos empleados de Lanvin rompieron a llorar al conocer la noticia y se colocaron del lado del diseñador.