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Sitges 2015: resaca de cine fantástico

Esto es lo que vimos en el festival de cine fantástico más importante del mundo. Y no: no nos referimos sólo a las películas

VIERNES 9 DE OCTUBRE

Estoy viendo una película sobre una chica que se enamora de una televisión antropomórfica. Sí, claro: la película es japonesa. Se llama Haruko’s Paranormal Laboratory y la persona sentada a mi lado reconoce a varios de los actores, con los que ha coincido en sus viajes a Japón. Es Carlos Vermut, con el que hora y media después estaré comiendo nachos en el paseo marítimo, haciendo tiempo hasta que empiece Absolutely Anything. Absolutely Anything es la nueva película de Terry Jones, director de La Vida de Brian y ex-Monty Python, con lo que la predisposición a mirarla con cariño era un sentimiento común entre todos los que nos consideramos fans del grupo de humor británico. La película, lamentablemente, no haría reír ni a un niño del tardofranquismo. Que una historia donde sale un perro que habla no te haga reír es descorazonador.

Aunque no consigo ticket para la gala inaugural, donde proyectan La Bruja, sí que logro acceder a la fiesta posterior a la proyección. Para acceder a esta recepción inaugural es necesaria una invitación, pero la gente que sabe de su existencia y no está en lista intenta entrar, año tras año, mediante pértiga si hace falta. ¿La razón? Son dos, realmente: catering y barra libre. El recinto portuario donde se celebra está más masificado que cualquier otro año, con lo que las primeras colas para conseguir comida -jamón, pasta, fideuá, empanadas- son tan kilométricas que la mejor opción es ir directamente a cualquier stand en el que sirvan bebida. El ambiente de la fiesta, comparado con el del resto de días, es absolutamente irreal: políticos, propietarios de yates, y productores de películas españolas que nunca llegarán a estrenarse se dan cita, por primera y última vez ese año, en el Port Aiguadolç de Sitges. El baño de gintonics, claro, no es un privilegio: es simple y llanamente necesario.

SÁBADO 10 DE OCTUBRE

Arcadas a primera hora con Knock Knock. La última película de Eli Roth, escrita al alimón con el chileno Nicolás López, narra la historia de acoso y derribo a Keanu Reeves por parte de dos adolescentes que se cuelan en su casa. La película es como Funny Games de Michael Haneke, pero en versión mediocre y nauseabundamente misógina. Por si fuera poco, la historia se cierra con Where is my mind de los Pixies, una canción ya inmortalizada en la gran pantalla por David Fincher con El Club de la Lucha. La ignominia, de todos modos, desapareció por completo con Anomalisa, segundo trabajo como director del guionista de Cómo ser John Malkovich y ¡Olvídate de mí! Charlie Kaufman. La película, realizada con animación stop motion, alcanza una sintonía tan grande entre forma y fondo según avanza que sólo te puedes derretir en la butaca de pura admiración. Aunque es una de esas historias de las que mejor no desvelar mucho, sí es necesario poner lo siguiente sobre la mesa: el mal sabor de boca, causado por el trato que Knock Knock daba a Where is my mind, se esfumó con Anomalisa y su brillante forma de integrar, contaminándola para siempre, el Girls just want to have fun de Cindy Lauper.

Sin un plan determinado para la noche del sábado, recuerdo que en mi bandeja de entrada tengo un flyer canjeable por un par de cocktails en Casa Bacardi, otro de los centros neurálgicos de la vida nocturna de Sitges, y al que acabaremos volviendo unos días más tarde. A partir de ahí, la ruta es la siguiente: ron de ocho años mezclado con cava; sinful, un brebaje inspirado en la película Seven; cama.

DOMINGO 11 DE OCTUBRE

Saludo al día con Entertainment. Esta película, una cinta de posthumor oscurisima, sigue a un comediante en horas (más que) bajas durante su gira por el desierto de California. Imaginad una idea original de Todd Solondz, a partir de la cuál Jim Jarmusch escriba un guión, y que éste lo acabe dirigiendo Paul Thomas Anderson: el resultado, en tono y estética, estaría muy cerca de Entertainment. Sorpresa más que agradable, está en las antípodas de la otra propuesta por la que aposté ese día: la infame Turbo Kid es un indigesto pastiche de referencias a videojuegos clásicos, decorada con destellos gore que rompen el tono naif del conjunto.

Por suerte, hoy es una de las fiestas más entrañables de todo Sitges: el karaoke del local Nirvana. Sito también en el puerto de Sitges, el Nirvana es ese bar que, cuando no hay ninguna fiesta programada, sirve de comodín a todo el mundo para salir cualquier noche durante el Festival. La del karaoke, sin embargo, es una de las citas clave para profesionales y público avispado: el micrófono es utilizado, de turno en turno, tanto por fans anónimos del cine de terror (un grupo cerró la noche destartalando Smells Like Teen Spirit) como por productores y miembros del jurado (Nicolás López haciendo las veces de Bon Jovi con It’s my life).

LUNES 12 DE OCTUBRE

The Final Girls es puro Sitges: descacharrante y emotiva hasta las lágrimas, este producto consigue, desde el minuto uno, la complicidad con el espectador, gracias a su mezcla de terror slasher y metacine. Homenaje nada velado a películas como Halloween o Viernes 13, esta historia de scream queens en pleno trasvase generacional vuelve a demostrar que el fantástico es la mejor plataforma para tratar temas -la sublimación del duelo, en este caso- esenciales. La jornada matinal empieza y termina con voz femenina: a The Final Girls le sigue GTFO, sobrecogedor documental sobre el machismo que sufren las mujeres en el micromundo gamer.

El plan de esta noche es quedarnos en el cine hasta que el cuerpo aguante. Empezamos con El cadáver de Anna Fritz, producción española de bajo coste sobre necrofilia, que confirma a Alba Ribas como una de nuestras actrices más prometedoras. La siguiente será Maggie, un drama en el que Arnold Schwarzenagger tendrá que lidiar con su hija zombie y, de paso, recordarnos por qué dejamos de ver The Walking Dead. Por último, damos por terminado el día con Love, la excesiva película erótica del ya de por sí excesivo Gaspar Noé. Después de más de dos horas de lujuria en tres dimensiones -aliñada con ayahuasca, opio, y poluciones a cámara-, tras el pase de Love el veredicto más común en la puerta de salida era (sic) “a mí se me ha hecho larga”.

MARTES 13 DE OCTUBRE

Pese a las opiniones en contra que ha ido generando estos días, Tag de Sion Sono es maravillosamente chalada y radicalmente feminista, relegando -y cómo- la presencia masculina de la película a los últimos diez minutos de metraje, pues durante los restantes no aparecen varones ni como extras. Más tarde, el mejor refugio para la lluvia acaba siendo The legend of Barney Thompson, una cinta de humor negro con acento británico que bien podría haber firmada Guy Ritchie en sus primeros tiempos. Dejamos descansar las pestañas tras el pase de I’m a hero, adaptación del manga homónimo que, lamentablemente, prescinde del nervio de su obra madre.

Hoy la noche pertenece a las chicas y chicos de ESCAC, la escuela de cine más prestigiosa de Cataluña. Han organizado una fiesta en La Caleta, un recinto al aire libre, con sofás de cuero blanco, y música prácticamente inaudible; un trocito de Ibiza en Sitges. No hay barra libre, pero algunos de los estudiantes tienen tickets que intercambian, sin dar respiro a los camareros, por combinados y cervezas. Nosotros -yo y algunos de mis amigos, que ahora son profesores en ESCAC- permanecemos atónitos ante el estado etílico de estas esperanzas blancas del cine patrio. Uno de los profesores empieza a discutir con uno de sus futuros alumnos. El chaval zanja la pugna con un “tú cállate, que llevas dos años de becario en Filmax”.

MIÉRCOLES 14 DE OCTUBRE

De haber sabido lo que Southbound nos tenía preparados, me hubiera saltado el café. Esta cinta de terror cabalga entre un Vidas Cruzadas de Robert Altman y un capítulo (o cinco, mejor dicho, pues es episódica) de La Dimensión Desconocida. Después del chasco que Elstree 1976, un soporífero documental de talking heads sobre Star Wars, otra de las sorpresas agradables del día fue Tangerine, la película producida por los hermanos Duplass que volvió loco a todo el mundo en Sundance. Rodada con un iPhone 5, la cinta recupera la sensibilidad de los primeros trabajos de Richard Linklater y Spike Lee, chocando de frente, además, con el mumblecore de nuevo cuño. Nada que celebrar con la siguiente película, una Cop Car con Kevin Bacon al frente que resulta simplemente correcta. La última de la jornada, Cemetery of Splendour, el último trabajo de Apichtapong, causó un efecto extrañísimo en la platea. En Sitges, cada vez que hay un asesinato esperpéntico en pantalla, el público se deshace en aplausos. A falta de cabezas zombis explotando, el público de Cemetery of Splendour vitoreaba con los planos de personajes defecando o pronunciando la palabra “corrida”.

Más tarde volvemos a Casa Bacardi, donde se celebra una fiesta privada con Adriana Ugarte, ganadora este año del premio Bacardi Sitges al Espíritu Indomable. Lo de Apichtapong se ha alargado tanto que, cuando llegamos, apenas quedan canapés con lo que saltarnos la cena. Brownie; mojito; repetir. Está pinchando Carlos Bayona, el hermano del director de Lo Imposible. Su sesión incluye de La Casa Azul a Osmani García, y los asistentes -jóvenes sacados de un catálogo de Zara- no bailan nada más que las dos últimas, antes de que todo termine, a las 00:00.

JUEVES 15 DE OCTUBRE

Schneider vs. Bax cumple con las expectativas que teníamos los que hace ya dos años disfrutamos con Borgman en este mismo Festival. La coreana Veteran, por el contrario, empieza como una comedia de acción alocada que, pasada su primera media hora, se torna incomprensiblemente seria. Enragés, otra de las joyas ocultas de esta edición, sorprende a propios y extraños con su puesta al día de la obra de culto Chiens Enragés de Mario Bava.

Sin tickets para los pases de la noche, optamos por acercarnos a Pacha Sitges, que durante el Festival tiene acceso libre para todo aquel que lleve una acreditación colgada del cuello. ¿Resultado? Pachá se llena de gente que en su vida ha pisado Pachá. Es el local que cierra más tarde, por lo que se puede encontrar más decadencia y terror entre sus cuatro paredes que en ninguno de los maratones nocturnos.

VIERNES 16 DE OCTUBRE

Smoke and Mirrors, el documental sobre el creador de efectos especiales Tom Savini, es interesante por lo confesional que resulta: al estar realizado por un amigo cercano al maquillador, no sólo nos descubre los entresijos de sus trabajos más conocidos, sino que también da voz y protagonismo, por ejemplo, a su mujer e hija. Salimos corriendo de la proyección para llegar a The Pack, película alemana con una familia asediada por una jauría de perros rabiosos que, pese a su intento de hacer una alegoría al drama de los desahucios, acaba siendo profundamente aburrida. Nada que ver con High-Rise, la última cinta de Ben Wheatley y uno de sus mejores trabajos. Una puesta en escena apabullante, un desarrollo deliciosamente caótico, y un mensaje anticapitalista absolutamente diáfano la convierten en elección ideal para hacer un programa doble con Cosmopolis.

Sería un crimen irse de Sitges sin pasar un maratón nocturno, con lo que esa noche nos decidimos por Yakuza Apocalypse y As the Gods Will de Takashi Miike. Los dos últimos trabajos del japonés quieren recuperar el aroma de sus primeras obras, pero ni su exceso, ni sus mil yakuzas por metro cuadrado, ni sus sálidas de tono habituales saben igual, lamentablemente, que las ostentadas por Ichi The Killer, Fudoh o Dead or Alive. El hecho de que los acompañantes del propio Miike -nos sentamos en la misma fila de butacas- se durmieran al dar comienzo la primera cinta es, en este sentido, bastante revelador.

SÁBADO 17 DE OCTUBRE

Esta última jornada de Festival, pues las proyecciones del último domingo serán simplemente un best of de todos estos días, la dedicamos a ver Evolution, El Clan y Green Room, siendo esta última una de las propuestas más interesantes del Festival. Del autor que nos trajo Blue Ruin nos llega este survival horror donde una banda de punk tendrá que enfrentarse a unos skinheads salvajes. Jeremy Saulnier, director de la pieza, no sólo sabe de lo que está hablando (las referencias musicales van de Minor Threat a Misfits, pasando por Dead Kennedys) sino que logra hacer la primera película de cabezas rapadas que no resulta maniquea: el detonante de las agresiones, pese a tratarse de supremacistas blancos contra chavales que tocan hardcore, no tiene nada que ver con la distancia que separa a las dos tribus urbanas, algo francamente inédito. Más cerca de Asalto a la Comisaría del Distrito 13 que de Romper Stomper.

La mejor fiesta, como no podía ser de otro modo, se celebra esta noche, y en ningún caso es la oficial, que tiene lugar en Pacha. Se trata de la fiesta para los voluntarios de Sitges, que es lo más parecido que yo haya visto nunca a la irish party que tenía lugar en las tripas del Titanic mientras los tripulantes adinerados estaban, ajenos a todo, en la parte de arriba. Una de las salas reservadas a la organización durante el Festival se convierte, por unas horas, en un descarte de Desmadre a la americana que hay que ver para creer: la gente pide los combinados de dos en dos, y no parece que los vayan a compartir con nadie. ¿Barra libre otra vez? Barra libre otra vez.

La resaca, claro, acompañará a muchos durante varios días, pero lo esencial es que Anomalisa, The Final Girls o Tangerine, entre otras, lo harán toda la vida.

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