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Tom Jones, la memoria selectiva

El cantante repasa su éxito en una biografía en la que olvida detalles, como una paternidad fuera del matrimonio

Melinda, Tom y Mark Jones el día de su mudanza a Sudbury en 1967.
Melinda, Tom y Mark Jones el día de su mudanza a Sudbury en 1967.

No puede empezar mejor Over the top and back, la autobiografía de Tom Jones. Es 1983 y al Tigre de Gales no le falta trabajo, pero se ha convertido en alguien cuyos mejores tiempos han pasado. Ese año actúa 134 días, en casinos y teatros de pequeñas ciudades de Estados Unidos: Merriville, Clarkston, Framingham… Dos pases por noche. Siempre el mismo repertorio que incluye sus canciones más conocidas. It´s not unusual, Delilah, She´s a Lady... Le presentan como “la superestrella internacional de la canción y sex symbol mundial” y sus fans, la mayor parte amas de casa, le regalan… bragas. “Se ha convertido en un ritual. No quitadas a toda prisa y arrojadas al escenario, como al principio. Más bien traídas ex profeso y colocadas a mis pies como un tributo… Porque eso es lo que se hace en un show de Tom Jones ¿no? Es así cada noche”, escribe.

Tom Jones. ampliar foto
Tom Jones.

Tiene 43 años. Lleva 12 sin un éxito. Y, al final de ese prólogo, se hace las dos preguntas que vertebran el libro: “Primero, ¿Cómo llegué aquí? Y segundo, ahora que estoy aquí ¿cómo salgo de esto?”.

Las 500 páginas de esta biografía escrita en primera persona, pero redactada por Giles Smith, periodista de The Times, son un intento de responderlas. Y la respuesta es que llegó con una mezcla de buena suerte y talento natural. Nunca estudió canto. En realidad nunca estudió. Hijo de un minero y un ama de casa, tuvo una infancia feliz en Pontyridd, Gales, en una casa en la que no había libros. Era tan mal estudiante que, dice: “Prefería ser azotado con una vara a escribir”. Cantar era algo innato. No necesitaba calentar, ni ensayar. En los años cincuenta la música de las fiestas consistía en un piano y un invitado, generalmente borracho, cantando.

Porque en Gales se bebía. Mucho. Uno era adulto, asegura, cuando bebía. Es la medida de todo. Hasta de la fama, que no cambia a la gente, en todo caso saca su auténtico yo. Como el alcohol. Cuando se hace rico sigue yendo al pub. Éxito es cambiar la cerveza por el champán. Los cigarrillos por puros cubanos.

Tom Jones firma autógrafos durante una fiesta en 1969. ampliar foto
Tom Jones firma autógrafos durante una fiesta en 1969.

Fue obrero desde los 16 años, hasta que a los 21 le despidieron por una insubordinación. Después vendería aspiradoras a domicilio, al tiempo que se metía poco a poco en la música. Por dinero, básicamente. No tiene demasiadas veleidades artísticas. Cualquier canción vale si es un éxito. Si algo le molesta no es haber dejado de intentar cosas, sino haber dejado pasar oportunidades de triunfo. Paul McCartney, por ejemplo, compuso una canción para él, que no le gustó y rechazó. Era, dice, The long and winding road.

Por cierto, no fue minero, “jamás pisé una mina”, confiesa. Ese equívoco procede de la biografía que acompañaba a su primer éxito, It´s not unusual (1965), una canción que escribió su mánager para Dusty Springfield, pero que la cantante rechazó. En ese mismo título había más mentiras que tampoco se molestó en desmentir. Por ejemplo que estaba soltero. Se había casado con 16 años, con Melinda, y tenía un hijo de 8, Mark.

Tom Jones sostiene el millonario contrato que firmó con el hotel Flamingo de Las vegas en 1967. ampliar foto
Tom Jones sostiene el millonario contrato que firmó con el hotel Flamingo de Las vegas en 1967.

Jones lleva casado 58 años y asegura haber sido fiel a su esposa todo este tiempo. Curioso, teniendo en cuenta que una prueba de ADN le atribuyó la paternidad de Jonathan Berkery, nacido en 1987, al que no se menciona ni una vez en el libro. Aún más: cuando se muda a Londres, no solo parece que en el efervescente swinging London de 1962 no hay mujeres, sino que le preocupa que Melinda, que se quedó en Gales, pudiera enamorarse de otro más rico. Ya famoso, se estrella a toda velocidad con su nuevo Jaguar en el centro de Londres. Él termina en el hospital, sus acompañantes, dos azafatas de vuelo a las que “llevaba a casa”, salen indemnes. Una noche sale de juerga con Brian Jones, entonces guitarrista de los Rolling Stones, y un depredador sexual de primer nivel que podía buscar tres o cuatro amantes por noche. Pues no había chicas con ellos. La desmesurada cuenta que le dejó a deber fue por alcohol.

En el libro solo hay una mujer y solo un hijo, Mark, la razón de su boda con Melinda, aunque hubo que esperar porque ella solo tenía 15, demasiado joven para contraer matrimonio. Mark no es solo su hijo, es la respuesta a la pregunta “¿Cómo salgo de aquí?”.

Cuando publica Delilah, en 1969, ya es un cantante de cabarets de lujo con residencias en clubs para famosos como Talk of The Town en Londres o Copacabana en Nueva York, frecuentado por los gangsters de la ciudad. Allí empezó el ritual de arrojarle bragas al escenario.

Y, por supuesto, Las Vegas. Empieza a actuar en los casinos y el dinero entra a espuertas, tanto que no se da cuenta de que empieza a vivir de sus réditos. Su declinar es lento, pero continuado. A mediados de los setenta, se muda a EE UU, porque, asegura, los laboristas se llevan todos sus beneficios en impuestos.

Tom Jones (izquierda) junto a Englebert Humperdinck y el que era su mánager, Gordon Mills, (derecha), en el descanso de una grabación en 1969. ampliar foto
Tom Jones (izquierda) junto a Englebert Humperdinck y el que era su mánager, Gordon Mills, (derecha), en el descanso de una grabación en 1969.

En realidad, la empresa que había formado en su momento de mayor éxito, MAM, en la que se encarga de la carrera de otros crooners proletarios como Engelbert Humperdinck o Gilbert O´Sullivan, va de capa caída. Por supuesto, en su versión no es su culpa. Su viejo mánager, Gordon Mills, es el culpable. Jones retrata a un representante fuera del tiempo que le mantiene ocupado con continuas giras cada vez más ruinosas. Porque los gastos aumentan. La forma de disimular su decadencia es gastar más de lo que se tiene en limusinas, cenas, alcohol...

Totalmente perdido, es Mark el que toma las riendas del negocio. Es él quien consigue que en 1992 sea el invitado sorpresa del festival de Glastonbury. Se inventa un nuevo Tom Jones que versiona a Prince y Talking Heads y canta con Robbie Williams, a él le debe su renacer en los noventa. En 1999 se publica Reload. Su renacimiento es completo. En ese momento se construye el mito que es hoy.

Hoy vive en Bel Air, al lado de Paris Hilton. Con Melinda, como los últimos 58 años. “A veces me acuerdo de la pregunta que me hizo Elvis ‘¿Cómo mantienes la cordura?’. Debería haberle respondido: ‘Es fácil, es Linda”.