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Un cinturón verde para el Mediterráneo

¿Creemos en la necesidad de la sostenibilidad? Es hora de pasar de los pronunciamientos huecos a los hechos. ¿Empezamos?

Proyecto 'Cinturón verde europeo'.
Proyecto 'Cinturón verde europeo'.

Efectivamente. Cinturón Verde del Mediterráneo. Grandes propuestas para hacer frente a los grandes desafíos que se avecinan. Principalmente, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. La actual política de conservación ha quedado superada por los hechos. Las áreas protegidas proporcionan a nuestra sociedad múltiples beneficios, han sido herramientas útiles para conservar el patrimonio natural, pero el esquema actual ya no sirve.

Cada vez es más evidente que, solamente con la protección de espacios reducidos, no se pueden solucionar los grandes problemas ambientales que tenemos. La planificación espacio a espacio, cuyo resultado son islas para conservar amenazadas por un conjunto de actividades humanas casi siempre desarrolladas sin un criterio o control razonable, cada vez tiene menos sentido. La amenaza del cambio climático obliga a considerar grandes espacios de gestión (prevención, conservación, restauración...), lo que trasciende la idea de proteger y gestionar pequeñas manchas aisladas con objetivos y programas limitados y parciales.

Ello hace preciso que la planificación de grandes superficies cobre cada vez mayor sentido, a escala supranacional, o de país (escalas cartográficas de 1:1.000.000 o menores), desde luego en territorios de superficies mayores que los municipios, comarcas naturales o áreas supramunicipales como mínimo, intentándose que coincidan lo más posible los límites ecológicos con los administrativos para facilitar la toma de decisiones y planificar con coherencia. Los dos grandes retos ante el futuro —por una parte, el cambio climático; y por otra, la conservación de la biodiversidad— quedarían de esa forma incorporados en la planificación integrada de una parte importante del territorio.

Las especies no viven tan solo en los espacios protegidos, no permanecen siempre dentro de sus límites, y no es compatible un sistema con teselas territoriales dispersas protegidas con el paradigma de un desarrollo sostenible. Se trata de conservar y mantener procesos vitales tales como el ciclo del agua, la adaptación o mitigación del cambio climático, y la protección de la biodiversidad en su conjunto, no únicamente de determinadas especies particulares o de ciertos lugares emblemáticos.

Esta diferente escala de planificación está poniéndose en marcha en algunos países. Es el caso de Colombia que, a propuesta del presidente Santos, liderará una propuesta ambiental para crear un corredor ecológico que mitigue el cambio climático y preserve la biodiversidad, con el apoyo de los gobiernos de Brasil y Venezuela: se trata del Corredor Triple A (andino, amazónico y atlántico). Abarcará desde los Andes hasta el Océano en Brasil. Y tendrán que ser tres países los que colaboren en la planificación de escala supranacional: Brasil y algunas regiones de Venezuela y Colombia. Las dimensiones son colosales: será el corredor ecológico más grande del mundo, con una superficie de 135 millones de hectáreas. Este proyecto se presentará en la cumbre sobre el Cambio Climático de París en diciembre de este año 2015.

En Europa también existen iniciativas, ya en curso, de grandes corredores verdes como el European Green Belt (traducido, Cinturón Verde Europeo) tiene como finalidad realizar un inventario exhaustivo y una planificación basada en la sostenibilidad productiva y ecológica del patrimonio natural compartido a lo largo del antiguo Telón de Acero. Se pretende que dicho patrimonio sea restaurado y conservado como una red ecológica de conexión de alto valor, protegiendo los paisajes naturales y culturales y respetando las necesidades económicas, sociales y culturales de las comunidades locales.

Se trata de construir una red ecológica extraordinaria a lo largo de más de 12.500 kilómetros

Se trata de construir una red ecológica extraordinaria a lo largo de más de 12.500 kilómetros, desde el Mar de Barents, en la frontera entre Rusia y Noruega, a lo largo de la costa del Báltico, a través de Europa Central y los Balcanes hasta el mar Negro. Sin quererlo expresamente, paradójicamente, una Europa que estuvo dividida propició de esta manera la conservación de hábitats valiosos, al igual que sucede en la actualidad en la frontera militarizada de las dos Coreas.

La zona fronteriza, sin actividades antrópicas por motivos estratégicos, sirvió como refugio para muchas especies en peligro de extinción. Esos hábitats valiosos conservados pueden ser el motor de un desarrollo económico sostenible a través de la colaboración entre territorios separados históricamente durante décadas. Hoy en día el European Green Belt constituye la columna vertebral de la red ecológica paneuropea y proporciona una contribución significativa a la “infraestructura verde” del continente. El Cinturón Verde Europeo conecta 16 países de la UE, cuatro países candidatos (Serbia, Montenegro, Macedonia, Turquía), dos candidatos potenciales (Kosovo, Albania) y dos países externos a la UE (Rusia y Noruega). Casi 150 organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de estos países se han unido a la iniciativa.

¿Y cuál es la situación en España? Aquí las cosas son más modestas. Contamos con un 26% de superficie protegida sobre el papel (Red NATURA 2000) que dista mucho de estar realmente protegida sobre el terreno. Pero estos enclaves no están adecuadamente interconectados. En dicha Red, solo el 3% de las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y el 11% de los Lugares de Interés Comunitario (LIC) tienen su plan de gestión aprobado, incumpliéndose así con los plazos marcados por la legislación nacional, y eso que en dicha legislación seguimos aún con la estrategia de proteger “teselas”, y no territorios amplios.

La desaforada construcción sobre las costas que se desarrolló durante las últimas décadas, ralentizada a partir del año 2007, con tasas de artificialización del suelo de dos hectáreas al día en los primeros 500 metros de costa (en los primeros 10 kilómetros de litoral pasó de 246.582 hectáreas artificiales a 338.717 en tan solo 18 años), ha producido un gran impacto y es un claro ejemplo de modelo de desarrollo insostenible. Esta superficie artificial suprimió zonas húmedas, bosques, huertas tradicionales... Y ha modificado, según diversos investigadores, los ciclos de lluvia y, desde luego, los ecosistemas existentes en esas zonas.

Ahora se trata, pues, de la necesidad de restaurar las zonas degradadas en las que estemos todavía a tiempo de actuar, volviendo a reponer bosques y matorrales adecuados en cada hábitat, intentando fijar suelo y creando ecosistemas resilientes frente al cambio climático, permitiendo que las especies puedan desplazarse e intentar adaptarse al cambio climático si este se demuestra con el tiempo irreversible. Esta iniciativa crearía empleo, fijaría población y fomentaría la sostenibilidad. Las administraciones públicas y las empresas deberían unirse en el apoyo de una iniciativa de este tipo. Nuestro cinturón costero mediterráneo, con una gestión sostenible de estas características, se conectaría con las zonas costeras mediterráneas de otros países europeos y del norte de África: el Cinturón Verde del Mediterráneo.

Las especies no viven tan solo en los espacios protegidos, no permanecen siempre dentro de sus límites

En la Cuenca Mediterránea son patentes los efectos negativos del cambio climático en relación con las precipitaciones. Los ecosistemas antropizados tradicionales presentes en la cuenca son altamente biodiversos a la par que sumamente frágiles ante distorsiones antrópicas y climáticas, interrelacionadas. En el prólogo de Las montañas y el cambio climático: una preocupación mundial (COP 20; Lima) Manuel Sager, director general de Cosude (Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación), y Jan Dusik, director y representante regional de la Oficina Europea del PNUMA, advierten que “las regiones de montaña suministran agua dulce para la mitad de la población mundial. Esta agua es indispensable para el uso doméstico, la irrigación de las tierras bajas y la producción de energía hidroeléctrica. Las montañas son además centros de diversidad biológica, fuentes clave de materias primas e importantes destinos turísticos. Como proveedoras de bienes y servicios ecosistémicos vitales, las montañas son esenciales para un desarrollo global sostenible”.

En España existen algunos de los estudios microclimáticos más detallados de la UE. Uno de ellos ha sido desarrollado por el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM); organismo asesor de la Comisión Europea desde 1991 que, a partir de proyectos de investigación encadenados y del análisis de estadísticas climáticas largas, detectan un cambio climático severo en la Cuenca Mediterránea Occidental (las costas y montañas españolas) derivado de un abanico de factores entre los cuales el modelo de desarrollo de la costa turística y productiva es uno de los más influyentes (CEAM. Workshop del Proyecto CIRCLE-2 SHARE). Las montañas de las sierras de Gúdar y Javalambre, en el extremo sureste de Teruel han sido el escenario fundamental de estos estudios. El problema es de tal escala que la solución necesariamente pasa por una planificación territorial de la misma escala.

Delimitar la creación y gestión de un Mediterranean Green Belt que establezca una planificación integral en varios países, que priorice la lucha contra el cambio climático y la protección de la biodiversidad, la gestión equilibrada de recursos, de energía y la potenciación de las economías verdes circulares a partir de resultados científicos de enorme prestigio parece una tarea ineludible. Empecemos con un proyecto piloto en Gúdar-Javalambre. Existen el conocimiento necesario y las directrices europeas para empezar a trabajar.

El presidente Santos señaló que “se tiene que empezar a proyectar el futuro”. Aquí añadimos a esta frase tan certera e inteligente que “si no lo proyectamos, el futuro nos proyectará a nosotros”. ¿Creemos en la necesidad de la sostenibilidad? Es hora de pasar de los pronunciamientos hueros a los hechos. ¿Empezamos?

Fernando Prieto y Carlos Alfonso del Observatorio de la Sostenibilidad-OS. Y Santiago González Alonso: Cátedra de Planificación y Proyectos. ETS Ingenieros de Montes. UPM.