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CARTAS AL DIRECTOR

Prostitución, desigualdad y moral

La legalización de la prostitución, por muchas cifras económicas con las que se maquille, no deja de plantear dilemas morales muy profundos. Los términos económicos y de recaudación, en mi opinión, no justifican una práctica no deseable. Claro es que no desaparecerá, al igual que el fraude o los asesinatos, pero eso no implica que debamos considerarla normal. Algo que es injusto no deja de serlo porque una ley lo reconozca. Algo que es injusto merece el reproche social y la lucha contra ello. La sexualidad representa lo más íntimo, y la prostitución representa su mercantilización. Por otra parte, supone continuar con la superioridad del hombre, quien tiene el dinero con el que puede comprar un sexo que sin pagar difícilmente podría disfrutar. A esto hay que sumarle el tráfico de personas y las mafias.

La legalización quitaría un bocado importante a estas mafias, pero no es una solución ni económica, ni moral, y aún menos que ayude a la igualdad de sexo. El mundo conoce de dónde vienen gran parte de las mujeres que se ven obligadas a ejercer esta actividad y dónde se realiza. Ofrecer una salida que implique acabar con la sumisión y con la desigualdad social y económica, sacarlas de las manos de las mafias y cooperar con los países de procedencia de muchas de estas mujeres ayudaría más que darles la oportunidad de cotizar.— Adrián Navalón Osa.

 

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