Todos somos ‘Charlie Hebdo’... algunas veces
Ninguna masacre es admisible sean cuales sean las razones que pretendan explicarla y su posible justificación. Por eso la matanza del semanario satírico Charlie Hebdo produjo un sentimiento generalizado de repulsa, la condena más firme y la reclamación de la libertad de palabra como bien irrenunciable en nuestra sociedad: je suis Charlie Hebdo fue la respuesta unánime. Más recientemente, el absurdo suicidio del copiloto del avión estrellado en los Alpes ha segado la vida de más de 150 personas y ha vuelto a provocar el escándalo y el clamor por la implantación de medidas que eviten sucesos similares en el futuro. Los medios de comunicación han otorgado a ambos sucesos el espacio que merecían.
El último suceso, por ahora, de tan macabra serie ha sido la entrada de unos pocos terroristas en una universidad de Kenia para asesinar a más de 100 estudiantes. Se trata de una acción tan execrable como las otras dos y los medios se han hecho también eco de ella, cómo no, pero dedicándole una atención mucho menor; si bien, eso sí, no se han privado de mostrar algunas imágenes que han parecido más morbosas que informativas. Si nos preguntamos el porqué de esa diferencia, seguramente la respuesta es que estas últimas muertes afectaron a un país alejado del “mundo que de verdad importa”, o sea, Europa y Norteamérica, aunque, desde luego, para ser completamente justos habría que plantearse qué eco tuvieron los dos primeros sucesos en los países ajenos a ese mundo. La conclusión, bastante desoladora, es que la solidaridad universal no existe y que el propio interés, el egoísmo más absoluto, es la guía única del comportamiento de esta sociedad actual. Reconozcámoslo así y dejémonos de actitudes farisaicas.— Luis M. Macía Aparicio.


























































