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Noruega vence en el Bocuse d’Or

El país nórdico es, tras Francia, el segundo que más veces ha ganado el concurso culinario

El equipo noruego (con el chef Orjan Johannessen envuelto en la bandera) celebra su victoria en el Bocuse d'Or.
El equipo noruego (con el chef Orjan Johannessen envuelto en la bandera) celebra su victoria en el Bocuse d'Or. reuters

Un gran cronómetro en rojo junto a la bandera de cada país y el nombre del candidato aún descontaba minutos; el gran jurado probaba los platos y los últimos participantes limpiaban sus utensilios. “Nos podemos ir con la cabeza bien alta”, le había dicho a “sus chicos” (Alberto y Nico), el entrenador de la selección española Sergio Fernández, nada más terminar. En las gradas, para más de 2.000 personas, los aficionados vitoreaban a sus equipos con bocinas, pitos y cánticos, en un mosaico de gorros de vikingo, camisetas con los colores nacionales y banderitas de plástico. “Vamos Emiliano”, voceaba un aficionado de sudadera celeste de Argentina, en primera fila. Si no fuera por las batas blancas de cocinero y las copas de vino en la mano, cualquiera diría que se trataba de un espectáculo deportivo al uso.

Fue durante la final del Bocuse d’Or, el concurso culinario más importante del mundo, que celebró su XV edición el 27 y 28 de enero en Lyon, el “estómago” de Francia y tierra del creador del campeonato, el aclamado chef Paul Bocuse, que en 1987 tuvo la ocurrencia de trasladar el fondo y forma de los grandes eventos deportivos al ámbito gastronómico. Desde entonces, 24 promesas de la cocina compiten cada dos años con sus selecciones por el oro, la plata y el bronce.

El objetivo era preparar un plato de carne y otro de pescado contrarreloj – en 5 horas y 35 minutos— frente a un público en directo, uno de los principales retos para los chefs, acostumbrados a cocinar en lugares tranquilos, no en estadios abarrotados. Otra de las peculiaridades de la competición es que los tres alimentos los determina la organización. En esta ocasión, los chefs prepararon gallina de Guinea y trucha fario con verdura. El ingrediente sorpresa, que se dio a conocer el lunes, fue el apio.

Final del certamen Bocuse d’Or.
Final del certamen Bocuse d’Or.

Faltaban unos minutos para las siete de la tarde cuando, tras unos instantes de música de suspense, la organización desveló lo que ya adelantaban días antes algunas quinielas. Noruega, que es el segundo país que más veces ha vencido después de Francia (nueve medallas con esta, entre ellas, cinco oros) volvió a ganar el Bocuse d’Or, en esta ocasión, con el chef Orjan Johannessen como candidato. El segundo premio fue para Estados Unidos, con Philip Tessier, otro de los favoritos, que participaba junto a Canadá como país invitado puesto que la organización quiere prmocionar los galardones al otro lado del Atlántico. Y el bronce fue para Suecia, con Tommy Myllymaki, el tercer país con más victorias (seis medallas).

“Lyon gracias”, exclamó en la entrega de premios Olivier Ginon, presidente de GL Events, “a los socios, a los chefs, a la prensa, a todos los expositores y a todos los visitantes por hacer de este espectáculo un éxito”. “Comí tanto estos días”, agregó bromeando el cocinero Grant Achatz, presidente del jurado. “Fueron de una calidad excepcional”, añadió Marie-Odile Fondeur, directora de la feria. “Mi padre nunca imaginó que llegaríamos hasta aquí y míranos; todo empezó como una pequeña asamblea”, recordó emocionado Jerôme Bocuse, hijo de Paul Bocuse y uno de los miembros fundadores. Su padre y el progenitor del galardón, de 88 años, muy delicado de salud, no pudo acudir al evento como estaba previsto.

España apostó por la tradición y presentó la carne –una pintada con crep de manzana y huevos con cáscaras comestibles— sobre una bandeja metálica en forma de bata de cola, “obra de los arquitectos de la Universidad Camilo José Cela”, explicó el candidato español, Alberto Moreno. No consiguió ningún galardón, pero dice que “solo llegar hasta aquí es un orgullo”. España quedó en el 23 de 24 (con 1.166 puntos) y el último ha sido Guatemala (con 1071). “El mejor momento en la cocina es cuando uno se ata el delantal; es como salir al escenario”, ha señalado en alguna ocasión Paul Bocuse. Y dice el refrán que las penas con pan son menos.