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Cartas al director

La rutina y la corrupción

Dicen los expertos que para que una rutina se acabe convirtiendo en hábito han de pasar al menos 21 días, el periodo necesario para crear el llamado nuevo camino neuronal. En mi caso, el café y el periódico calentitos se han instaurado en el quehacer diario desde hace mucho tiempo, y conviven como un pequeño y modesto placer terrenal mañanero. Pero he de decir, y muy a mi pesar, que últimamente tengo la impresión de que un tercer elemento se ha acoplado en extraña simbiosis, pasando de rutina tediosa y cansina a cotidiano y peligroso hábito del que les hablaba. Sí, parece que ha llegado para quedarse: la corrupción ya forma parte de mi vida.

Las noticias se suceden día tras día, como un déjà vu burlesco y satírico, como si no quedase más remedio que el mastica y traga, mastica y vuelta a empezar. Entristece pensar que la solución se antoja inviable, al menos por el momento, ya que esa caja de los truenos imposible de abrir llamada Constitución debe permanecer cerrada por miedos a independencias aceptadas en mayor o menor medida. Pero, ¿un cambio en la Ley Fundamental traería consigo nuevas vías de castigo para la corrupción? ¿Habría menos impunidad a la hora de infligir las leyes? Mientras llega la respuesta tal vez solo nos quede acostumbrarnos al hábito, y pedir el café con corrupción, pero desnatada, para no empalagarnos más.— Oscar Camiño Santos.

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