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Bélgica despide a la reina Fabiola

Nacida en Madrid en 1928, falleció el pasado viernes en Bruselas

Era una de las figuras más representativas y queridas de la monarquía belga

Don Juan Carlos y doña Sofía representan a España en el funeral.

Bélgica ha dado este viernes su último adiós a la reina Fabiola de los belgas, fallecida hace justo una semana. El cortejo fúnebre de la viuda de Balduino, nacida en Madrid en 1928, ha partido a primera hora de la mañana desde el Palacio Real de Bruselas —donde los ciudadanos han podido velar su cuerpo en los últimos días— hacia la catedral de San Miguel y Santa Gúndula, el lugar escogido para el funeral de Estado. A la ceremonia han asistido representantes de todas las casas reales europeas. Don Juan Carlos y doña Sofía han representado a España en los actos fúnebres, a los que también han acudido Harald de Noruega, Beatriz de Holanda y Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, así como los Grandes Duques de Luxemburgo y la emperatriz Michiko de Japón. Al frente del último adiós a la reina de los belgas han estado los monarcas actuales del país, Felipe y Matilde de Bélgica, que accedieron al trono en 2013 tras la abdicación de Alberto II, hermano de Balduino y cuñado de Fabiola.

La nota cálida de la ceremonia la puso el coro de Vilvoorde (40.000 habitantes, al norte de Bruselas) que interpretó la Salve Rociera, en la que participó tocando las castañuelas la marquesa Blanca de Ahumada, prima de Fabiola, cuya intervención obedeció al deseo expreso de la fallecida reina, y un guiño a sus orígenes que sorprendió a los asistentes al funeral.

Los restos mortales de quien fuera reina consorte de Bélgica durante más de tres décadas han abandonado a primera hora de la mañana el Palacio Real, en pleno centro de Bruselas, portados por un batallón del cuerpo nacional de carabineros del rey Balduino. Los colores rojo, amarillo y negro de la bandera belga cubrían el féretro. El coche fúnebre llegó a la catedral a las 10.00 de la mañana, tras recorrer durante media hora el escaso kilómetro que separan ambos edificios, iconos de la capital belga. En el interior de la catedral, el mismo lugar en el que Balduino y Fabiola contrajeron matrimonio en diciembre de 1960, 1.300 personas aguardaban para dar su último adiós a la reina de origen español. El cielo, plomizo, y las fuertes rachas de lluvia no han impedido que un millar de bruselenses saliesen a la calle para rendir un sentido homenaje a Fabiola.

La ceremonia se trasladó a mediodía a la iglesia de Nuestra Señora de Laeken, al noroeste de Bruselas y a escasos pasos del lugar en el que residió gran parte de su vida, donde se ha celebrado un segundo oficio religioso. Poco después de las 13.00, el cortejo fúnebre se ha desplazado a la cripta real del Castillo de Laeken, donde los más allegados han dado su último adiós a Fabiola en una ceremonia privada.

Soldados llevan el ataúd de la reina Fabiola de Bélgica.
Soldados llevan el ataúd de la reina Fabiola de Bélgica. EFE

El funeral, retransmitido en directo por las principales televisiones y radios belgas, ha sido seguido con gran interés —como el que suscita prácticamente cualquier acto que guarde relación directa con la corona— en todos los rincones del país y ha tenido en la sobriedad y en la humildad las notas predominantes, por expreso deseo de la monarca. La misa oficiada en la catedral, acto central de la ceremonia, combinó el uso del francés y el neerlandés con el español, el alemán y el inglés.

En un país dividido entre flamencos —de habla neerlandófona—, valones —de lengua francesa— y una minoría de habla alemana, la importancia de la institución monárquica reside en su capacidad de tender puentes entre comunidades. Y Fabiola, que recibió el afecto de la ciudadanía en sus 33 años de reinado y se erigió en una de las representantes de la realeza más cercanas a los ciudadanos, lo logró a la perfección. Pese a su profundo sentimiento belga, nunca abandonó su conexión con España, donde solía pasar sus vacaciones y mantuvo, hasta el final de su vida, contacto son sus familiares directos. Tras el fallecimiento de su marido en 1993 en su residencia de Motril (Granada), la reina española —que no tuvo descendencia— cedió el testigo y se trasladó al Palacio de Stuyvenberg, donde murió el viernes 5 de diciembre a los 86 años.

Cartas para Fabiola

N. DE MIQUEL

A las puertas de la Catedral de Bruselas todo eran elogios hacia reina Fabiola. Un numeroso grupo de personas ha querido darle un último adiós a la única soberana belga de origen español, aunque para ello hayan tenido que esperar dos horas bajo la lluvia y el frío. Los asistentes han rendido homenaje a Fabiola con rosas blancas y han destacado su “sencillez, discreción y generosidad”. Los aplausos han sido constantes a la entrada y a la salida del féretro.

Sin embargo, a Fabiola de Mora y Aragón le unía algo más que su imagen de pureza con el pueblo belga. Marisol de los Santos, de 62 años, nació en Madrid pero, cuando era una niña, su padre tuvo que mudarse a Bélgica para trabajar en la mina. Tres meses después, el Gobierno les amenazó con la expulsión, tras denegarles la residencia. Desesperada, la familia decidió recurrir a la reina de su país de adopción aprovechando su origen español. Antes de que les llegase la respuesta de la reina Fabiola por escrito, los padres de Marisol de los Santos ya habían recibido una carta de la administración belga que les concedía el permiso de residencia. “Se lo he agradecido en diferentes ocasiones pero tenía que venir hoy y hacerlo por última vez”, explica de los Santos visiblemente emocionada.

Charlotte Lita llegó a Bélgica en 1996 procedente del Congo. “Cuando llegué, me costó mucho integrarme, atravesé importantes problemas económicos y llegué a vivir prácticamente en la calle”. Tuvo que renunciar a sus hijos durante aquellos años al ni siquiera poder asumir su manutención. Desesperada, decidió, como la familia de los Santos, enviar una carta a Fabiola explicándole su situación. Tres semanas después recibió una notificación de la administración de su provincia informándole de que la soberana había programado un encuentro con una asistente social para ella. “En ese momento me encontraron un piso, un empleo y pude recuperar a mis hijos”, declara. Desde entonces, Lita ha visto a Fabiola como su madre de Bélgica. “He venido simplemente para darle las gracias”, concluye entre lágrimas.

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