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EL ACENTO

Porque me da la gana

Los políticos deberían aprender a morderse la lengua antes que perder los nervios

Porque me da la gana

Al presidente de la Generalitat valenciana, Alberto Fabra, no le han gustado “la actitud ni las formas” del vicealcalde de Valencia, Alfonso Grau, quien convocó una rueda de prensa en la que negó toda intención de dimitir tras verse incluido en el sumario del caso Nóos. Al tiempo rechazó la necesidad de seguir el criterio —fijado por Fabra— de la incompatibilidad entre el cargo y el banquillo. Grau, que niega estar imputado pese a la decisión judicial, explicó así la razón de haber convocado a los periodistas: “Porque me da la gana; ¿es suficiente o lo tengo que clarificar?”. Después ha dicho que le pareció impertinente preguntarle por qué convocaba a la prensa si no iba a dimitir.

Grau tiene 73 años y casi una veintena en el Ayuntamiento. No debe ser plato de gusto verse incluido en los supuestos tratos de favor dados en Valencia al Instituto Nóos, dirigido por Iñaki Urdangarin, que obtuvo 3,1 millones de euros de dos instituciones (una de ellas presidida por Grau) para los eventos de Valencia Summit, en condiciones muy discutibles. A favor de Grau, la Audiencia de Palma reconoce que él no suscribió en persona el convenio con Nóos; en contra, los jueces dicen que “su descarte (del proceso) resulta imposible”.

También su jefa, Rita Barberá, se ha mostrado bastante brusca. Enterada de que la Audiencia de Palma echa en falta a la alcaldesa valenciana entre las personas cuya actuación debería ser revisada judicialmente, Barberá ha reaccionado diciendo que se trata de “aseveraciones que están apoyadas en afirmaciones y juicios de valor gratuitos y extemporáneos”. Ella no está incursa debido a que nadie recurrió el archivo inicial.

Resulta difícil gestionar no solo la llamada regeneración democrática, sino el mero respeto a la convivencia. Cuando la diputada Andrea Fabra gritó “¡Que se jodan!” en el Congreso, en el momento en que Rajoy anunciaba recortes en la prestación por desempleo, dio explicaciones a posteriori: ella no se refería a los parados, sino a la oposición, que abucheaba en ese instante al presidente del Gobierno.

Idas y venidas. Los políticos deberían aprender a morderse la lengua antes que perder los nervios.

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