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La tristeza de Casillas

La afición del Real Madrid ya no ve en el portero a su salvador. Sabe que su tiempo se acaba

El verano pasado estuvo a punto de marcharse, pero ningún otro equipo pujó por él

La llegada de su primer hijo, Martín, es su único motivo de alegría

Casillas en un entrenamiento el pasado junio.
Casillas en un entrenamiento el pasado junio.

Ha pasado de ser san Iker, a vivir en el alambre. Parte de la afición del Bernabéu le pita con solo oír su nombre por la megafonía. Las estadísticas ya no le acompañan. Los técnicos desconfían de él y ha dejado de ser titular indiscutible del Real Madrid y de la selección española. Iker Casillas, a sus 33 años y tras 15 temporadas jugando en Primera División, vive momentos convulsos. Este verano intentó marcharse pero nadie quiso pagar los 25 millones que estaba dispuesto a aceptar el club por su traspaso, una ostensible rebaja sobre los 180 millones de su cláusula oficial de rescisión. Esta situación ha mermado la moral del portero cuando afronta el momento más delicado de su carrera.

Jorge Valdano es una de las personas que mejor conoce al jugador. “Iker tiene un problema de confianza, el talento no lo ha perdido. Pero le veo abatido, entristecido”, proclama. Quien fuera entrenador y después director general del Real Madrid es uno de los grandes defensores del portero y para él reclama consideración. “Los mitos deben de ser respetados. Que le silben me parece muy desagradable. Ha sido el primer jugador español que ha levantado una Copa del Mundo y debe ser tratado como una leyenda pero en España parece que gusta la división”.

No es Valdano el único que detecta tristeza en el gesto del portero del Real Madrid. Solo hay que verle saltar al terreno de juego o cruzárselo por un pasillo del estadio Santiago Bernabéu para darse cuenta de que el brillo de su mirada se ha esfumado. Lo dicen también los directivos y los empleados del Madrid. Hace dos años que no es el chaval de sonrisa pícara que se comía el mundo y que vivía con ilusión las vísperas de cada partido. Ahora la presión le ahoga. “Ha perdido su sitio, ha perdido la baraka. Se le ve aturdido. Está en un punto en que solo le pueden defender sus paradas”, sostiene el director del diario As, Alfredo Relaño. “Hasta Vicente del Bosque, que le mantuvo y defendió durante muchos meses, ya no lo ve intocable en su puesto”, añade.

Casillas y Carbonero en un partido de tenis.
Casillas y Carbonero en un partido de tenis.

Relaño señala a Mourinho como el detonante. La vida de Casillas cambió cuando el técnico portugués le sentó en el banquillo. Pocos discuten que aquella decisión tuvo más que ver con cuestiones extradeportivas que con su estado de forma. A Mou no le gustó que una periodista fuera la pareja de su capitán y que esta revelara algunas cuestiones de la caseta en televisión. Tampoco le parecía bien que tuviera amigos periodistas. “Si se filtraban noticias del vestuario en los medios de comunicación siempre sospechaba de él. Ahí comenzó la leyenda de que era el topo”. Relaño es de los que creen que Sara Carbonero debería de haber abandonado la información deportiva para dedicarse a otra parcela del periodismo y así no perjudicar a su pareja.

El año que estuvo castigado por Mourinho marcó para siempre al guardameta. Él, que había vivido siempre como titular indiscutible, se veía relegado por Diego López. La llegada la temporada pasada de Ancelotti al banquillo solo mejoró algo la situación. Casillas fue investido como portero titular de la Copa del Rey y de la Liga de Campeones. Triunfó y levantó los dos trofeos, pero la portería en la Liga no fue suya. En cambio, el equipo sin él no ganó este título.

Florentino Pérez quiso eludir el asunto todo lo que pudo pero al final actuó. Seguir un año más con esa lucha en la portería era “insoportable”, según explican fuentes del club. Así que el presidente decidió, de acuerdo con el técnico, prescindir de uno de los dos y fichar un guardameta más joven pensando en el futuro. Ese es Keylor Navas.

Paralelamente Casillas también llegó al convencimiento de que lo mejor era marcharse. Lo meditó durante sus vacaciones en Portugal y Almería. Se lo contó a personas de su círculo más íntimo e incluso lo llegó a plantear al club. Sara Carbonero, su pareja y madre de su hijo, estaba de acuerdo. Aunque en algunos círculos se apuntaba a que ella prefería quedarse en Madrid para cumplir con su suculento contrato en Telecinco y con sus compromisos publicitarios, fue de las primeras en ver que debían plantearse dar otro rumbo a su vida. De hecho en algunas comparecencias públicas, en las que actuó como imagen publicitaria, llegó a asegurar que no sabía dónde iba a nacer su hijo, en una clara insinuación de que Casillas pensaba dejar el Madrid esta temporada.

La llegada en enero pasado de Martín, el primer hijo de la pareja, ha sido la mejor noticia para Casillas en los últimos meses. El pequeño es el único que le arranca una sonrisa en tiempos de tristeza y con quien festeja sus triunfos. Con él en brazos posó junto a la Copa de Europa, la deseada décima que el Real Madrid ganó en mayo; una imagen que el portero, hasta entonces celoso de la intimidad del niño, difundió por las redes sociales.

Su nacimiento en enero pasado también coincidió con la firma de la paz en la familia Casillas. Y es que mientras el portero se enfrentaba a su año más difícil en el club, las relaciones con sus padres se rompían por cuestiones económicas. Casillas resolvió el asunto tras pagar más de cinco millones y ceder varios inmuebles a sus progenitores, dispuestos a llegar a los tribunales para reclamar su parte en la sociedad que se creó cuando el portero comenzó su carrera profesional. La familia del jugador no vio bien que el portero a los 32 años decidiera reestructurar la sociedad que tenía, tomar los mandos de sus negocios y prescindir de ellos. Ahora es el abogado Carlo Cutropia quien lleva sus asuntos y los de Sara Carbonero.

El nombre del Arsenal se barajó como destino de Casillas el pasado verano pero el Madrid siempre negó tener una oferta por él. En cambio, sí recibió una por Diego López y la aceptó. La versión que se maneja en el club es que Iker quería irse pero sin perder dinero, algo complicado en su situación actual. El guardameta tiene contrato hasta 2017 y una ficha anual de casi 8 millones además de una cantidad establecida para cuando se retire. Tras el gol que encajó en la final de la Liga de Campeones y el fracaso de la selección en el Mundial de Brasil, la valoración de Casillas bajó. Cuando más necesitaba brillar para buscar destino no estuvo a la altura.

Iker siempre ha sido algo introvertido y ahora lo es más, siempre ha sido algo desconfiado y ahora lo es más. No se maneja bien en el conflicto ni en la adversidad. En el Madrid dicen que porque nunca ha vivido en medio del temporal. Asume con resignación el dictamen de la afición — “él público es soberano”, dice—. Está tan ausente que algunas de las cuestiones de la capitanía se las ha cedido a Sergio Ramos y a Cristiano Ronaldo. Eso sí, cuenta con el apoyo del vestuario en estos difíciles momentos.

Fue precisamente allí, en el vestuario, donde hace dos semanas Florentino Pérez entregó al portero una réplica de La Cibeles para conmemorar los tres lustros que cumplía en el equipo. El acto estuvo exento de todo glamour. A Casillas le pilló a medio vestir. Una foto, un apretón de manos con el presidente y poco más. Luego, en privado, el portero se lamentó de que la cita no hubiera tenido otro escenario. Hacerlo en el terreno de juego antes de un partido se antojaba para ambas partes como territorio imposible por la división de la afición sobre su trabajo pero quizá el palco de honor, con la asistencia de algunos invitados y familiares, hubiera sido más del agrado del jugador.

“Durante 15 años nadie le ha discutido. Todo esto es nuevo para él y no lo encaja”, dicen. Muchos comparan su situación a la que vivió Raúl. “Pero él tiene otro carácter y encontró el momento oportuno para marcharse. Supo hacerlo como antes Sanchis y Hierro”, dicen los veteranos del club. A Casillas, como a otros muchos de su oficio, a los 33 años le resulta difícil pensar que su tiempo ha pasado. “Él quiere hacer un año bueno y luego irse”, concluyen sus próximos.