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Anna Wintour también da plantón al sultán de Brunéi

La directora de 'Vogue' se suma al boicot a los hoteles de Hassanal Bolkiah

Ni ella ni su equipo se alojarán en ellos durante las inminentes semanas de la moda de París y Milán

Anna Wintour, editora de 'Vogue', a mediados de mayo.
Anna Wintour, editora de 'Vogue', a mediados de mayo.

Hay mundos en los que lo que no se publicita no existe. Y están todos en este. Primero fue el cine en bloque: las estrellas más rutilantes de Hollywood (y aledaños) se plantaron ante el sultán de Brunéi por su anuncio de implantar la ley islámica que permite lapidar a los gays y lesbianas hasta la muerte o amputar y flagelar a las mujeres adúlteras o que practiquen el aborto. Lograron paralizar su entrada en vigor, pero hasta que no la retire no volverán a alojarse o almorzar en ninguno de los establecimientos de la cadena Dorchester Collection, de la que es propietario. Por más que incluya iconos como el Beverly Hills Hotel, que le pertenece desde 1987. Los propios trabajadores se han sumado al boicot para obligarle a venderlo y al menos nueve grandes eventos planificados en sus instalaciones han sido cancelados, incluida la fiesta de los próximos Oscar.

La bola de nieve en realidad surgió de otra industria, la de la moda, y ha regresado, ya descomunal, hasta ella. El primero en expresarlo directamente fue el diseñador de zapatos Brian Atwood, con un llamado en Instagram el 21 de abril: “Durante las próximas semanas de la moda de Milán, París o Londres no acudáis al Principe di Savoia, Le Meurice o el Dorchester”. Hace unos días, François-Henri Pinault, gerifalte de Kering (propietario de Gucci, Saint Laurent Paris o Balenciaga), se sumó a la causa, extendiéndolo a los empleados de su grupo textil. Y este fin de semana, ante la proximidad de las pasarelas de hombre (a finales de junio) y de la Alta Costura (principios de julio), la editora de la Vogue americana Anna Wintour ha hecho lo propio. Y, con ella, el resto del universo fashion.

Mientras al otro lado del charco las propiedades hoteleras del sultán Hassanal Bolkiah sirven para cerrar contratos millonarios con superestrellas y para vestir estrenos y eventos de alfombra roja, en Europa se han convertido en el destino habitual de quienes tejen los hilos de la moda. El lobby del milanés Principe di Savoia, donde la reserva más asequible ronda los 300 euros, es hacia donde orbitan los protagonistas de los desfiles al final de cada jornada. Y el parisino Le Meurice, en el que suelen (o solían) alojarse Kate Moss y Gisele Bundchen, ha servido durante años de cuartel extraoficial de la propia Wintour. Durante la semana de la alta costura, sus habitaciones no bajan de los mil euros. “Soy muy sensible al potencial impacto que este asunto puede traer al maravilloso personal de Le Meurice, pero mi conciencia me impide quedarme allí, igual que el resto de las directoras de Vogue”, ha dicho a The New York Times a través de un comunicado la directora de la revista y directora artística de Condé Nast.

Cindi Leive, responsable de la edición estadounidense de la revista Glamour, se sumaba declarando: “Estamos hablando de derechos humanos básicos. Ningún hotel resulta lo suficientemente agradable como para pasar por alto algo así”. Lo que al sultán no le dicta su propia conciencia puede que lo acabe haciendo el clamor del dineral y el prestigio social que va a seguir perdiendo.

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