Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Planeta Futuro

La casa de los excluidos

Wai Hnin Tun, finalista del Premio Luis Valtueña de fotografía humanitaria, ha convidido en La Casa de la Buena Vida en Málaga con quienes no tienen nada, drogodependientes y sin techo que buscan un refugio y un poco de felicidad. Estas son sus historias

  • "Conocí La Casa de la Buena vida por un vídeo de Youtube", reconoce. Wai Hnin Tun, nacida en Birmania (Myanmar) y residente en Málaga, no dudó en coger su cámara para fotografiar a los habitantes de aquel refugio, en un antiguo edificio abandonado, para drogadictos y sin techo de toda España que está apenas a 20 minutos de su casa. Con la serie fotográfica realizada, que comenta para EL PAÍS, quedó finalista en la última edición de los Premios Luis Valtueña de Fotografía Humanitaria de Médicos del Mundo. El reconocimiento no es lo único que ha conseguido con este trabajo. "La Casa ya es parte de mí. Sigo en contacto con ellos y les visito a menudo. Me implico porque es mi manera de ser", afirma. Hnin Tun estudió Derecho en Londres, tras pasar su infancia en Dubai, pero fue en un viaje con su pareja (trabajador de MSF) a Korogocho, uno de los suburbios de Kenia, donde empezó a darle al disparador. "Me quedé enganchada y quería explorar aun más los temas sociales", señala. Madre de una niña de dos años, compatibiliza la fotografía con las clases de inglés y francés que imparte, aunque planea volver a su país de origen para documentar la cotidaneidad de los invidentes allí. "Les hacen falta ayudas y están marginados", explica. "También la transformación de la vida de la gente después de una dictadura militar", añade. Esta birmana malagueña se define como tímida y la cámara es su aliada para conocer a los demás. Sea donde sea. TEXTO: ALEJANDRA AGUDO
    1Wai Hnin Tun "Conocí La Casa de la Buena vida por un vídeo de Youtube", reconoce. Wai Hnin Tun, nacida en Birmania (Myanmar) y residente en Málaga, no dudó en coger su cámara para fotografiar a los habitantes de aquel refugio, en un antiguo edificio abandonado, para drogadictos y sin techo de toda España que está apenas a 20 minutos de su casa. Con la serie fotográfica realizada, que comenta para EL PAÍS, quedó finalista en la última edición de los Premios Luis Valtueña de Fotografía Humanitaria de Médicos del Mundo. El reconocimiento no es lo único que ha conseguido con este trabajo. "La Casa ya es parte de mí. Sigo en contacto con ellos y les visito a menudo. Me implico porque es mi manera de ser", afirma. Hnin Tun estudió Derecho en Londres, tras pasar su infancia en Dubai, pero fue en un viaje con su pareja (trabajador de MSF) a Korogocho, uno de los suburbios de Kenia, donde empezó a darle al disparador. "Me quedé enganchada y quería explorar aun más los temas sociales", señala. Madre de una niña de dos años, compatibiliza la fotografía con las clases de inglés y francés que imparte, aunque planea volver a su país de origen para documentar la cotidaneidad de los invidentes allí. "Les hacen falta ayudas y están marginados", explica. "También la transformación de la vida de la gente después de una dictadura militar", añade. Esta birmana malagueña se define como tímida y la cámara es su aliada para conocer a los demás. Sea donde sea. TEXTO: ALEJANDRA AGUDO
  • "Concha es una de las residentes en La Casa de la Buena Vida. Ella es de Madrid y llegó a Málaga porque no tenía donde ir. Era adicta a las drogas y tiene VIH. Aquí encontró un techo, comida, medicamentos para luchar contra su adicción y, lo más importante, el apoyo de la 'familia' que es la comunidad que vive allí. Tomé esta imagen de ella cuando ella se encontraba en su habitación. Me habló sobre su pasado, su vida cuando era más joven, de sus hijos. Me llamó la atención que era una persona muy viva y a la vez frágil debido a su enfermedad. Quería aparecer glamourosa a pesar de la suciedad que la rodea. A todo lo que me decía le ponía un cierto toque dramático y me hizo admirar su optimismo. Me enteré que dejó Málaga poco después de conocerla".
    2Glamour en el abandono "Concha es una de las residentes en La Casa de la Buena Vida. Ella es de Madrid y llegó a Málaga porque no tenía donde ir. Era adicta a las drogas y tiene VIH. Aquí encontró un techo, comida, medicamentos para luchar contra su adicción y, lo más importante, el apoyo de la 'familia' que es la comunidad que vive allí. Tomé esta imagen de ella cuando ella se encontraba en su habitación. Me habló sobre su pasado, su vida cuando era más joven, de sus hijos. Me llamó la atención que era una persona muy viva y a la vez frágil debido a su enfermedad. Quería aparecer glamourosa a pesar de la suciedad que la rodea. A todo lo que me decía le ponía un cierto toque dramático y me hizo admirar su optimismo. Me enteré que dejó Málaga poco después de conocerla".
  • "Aquella noche me alojé en La Casa y asistí a esta reunión improvisada entre Chule, el fundador del hogar (sentado de espaldas en la imagen), con algunos de los residentes varones. Hablaba con Fernando, uno de los "responsables" del lugar, sobre cómo reconstruir algunas de las partes del edificio, una antigua finca abandonada. La primera vez que estuve allí me pregunté cómo alguien podía vivir dentro de aquellos muros, el techo se había derrumbado en algunos puntos. Aún más, me sorprendió que no recibe casi ninguna ayuda de la Administración local. La comunidad subsiste con donaciones privadas de gente que conoce el trabajo de Chule para ayudar a estas personas llegadas de las calles en busca de refugio, drogodependientes y familias migrantes con niños que no tienen adónde ir. La Casa acepta, en realidad, a cualquier persona que no tenga otra tabla de salvación. De esa noche recuerdo a Chule diciendo 'tengo tantos sueños para este lugar... y muchas ideas de cómo hacerlo mejor. Pienso en cuántas camas más puedo traer para acoger a más gente".
    3Más camas, más gente "Aquella noche me alojé en La Casa y asistí a esta reunión improvisada entre Chule, el fundador del hogar (sentado de espaldas en la imagen), con algunos de los residentes varones. Hablaba con Fernando, uno de los "responsables" del lugar, sobre cómo reconstruir algunas de las partes del edificio, una antigua finca abandonada. La primera vez que estuve allí me pregunté cómo alguien podía vivir dentro de aquellos muros, el techo se había derrumbado en algunos puntos. Aún más, me sorprendió que no recibe casi ninguna ayuda de la Administración local. La comunidad subsiste con donaciones privadas de gente que conoce el trabajo de Chule para ayudar a estas personas llegadas de las calles en busca de refugio, drogodependientes y familias migrantes con niños que no tienen adónde ir. La Casa acepta, en realidad, a cualquier persona que no tenga otra tabla de salvación. De esa noche recuerdo a Chule diciendo 'tengo tantos sueños para este lugar... y muchas ideas de cómo hacerlo mejor. Pienso en cuántas camas más puedo traer para acoger a más gente".
  • "En la imagen, Geronimo, un ex maestro de escuela con problemas de drogas y también de salud mental. Él ya no vive allí. Me dijeron que se había ido para ser tratado de sus problemas psiquiátricos después de que una noche quemara una camioneta en los terrenos de La Casa. Fue uno de los residentes con los que tuve más afinidad. Hablaba conmigo durante horas. Era en hombre muy interesante, muy bien informado sobre un amplio espectro de cosas. A veces, me lo encontraba sentado leyendo un libro de poesía y hablando consigo mismo. Vivía en su propio mundo la mayor parte del tiempo, pero fue lo suficientemente generoso como para dejarme entrar en su interior... En la fotografía, le habla a una imagen de Jesús. No había iluminación (a menudo había escasez de energía), pero él continuó a la luz de una vela. La religión es un tema importante en La Casa. A través de la fe, Chule trata de ayudar a la gente a superar sus problemas y convencerlos de que sí pueden cambiar".
    4La fe como salvavidas "En la imagen, Geronimo, un ex maestro de escuela con problemas de drogas y también de salud mental. Él ya no vive allí. Me dijeron que se había ido para ser tratado de sus problemas psiquiátricos después de que una noche quemara una camioneta en los terrenos de La Casa. Fue uno de los residentes con los que tuve más afinidad. Hablaba conmigo durante horas. Era en hombre muy interesante, muy bien informado sobre un amplio espectro de cosas. A veces, me lo encontraba sentado leyendo un libro de poesía y hablando consigo mismo. Vivía en su propio mundo la mayor parte del tiempo, pero fue lo suficientemente generoso como para dejarme entrar en su interior... En la fotografía, le habla a una imagen de Jesús. No había iluminación (a menudo había escasez de energía), pero él continuó a la luz de una vela. La religión es un tema importante en La Casa. A través de la fe, Chule trata de ayudar a la gente a superar sus problemas y convencerlos de que sí pueden cambiar".
  • "Este fue probablemente mi momento más duro en La Casa. En la imagen aparecen Juan, de 49 años, y Ana, una de las más jóvenes del lugar. Él tiene sida y estuvo en el hospital por un tiempo, pero fue dado de alta porque los médicos estimaron que no se podía hacer nada más por él. Chule me pidió que tomara esta fotografía porque le habían dicho que le quedaba poco tiempo. Le habilitaron, además, una de las casetas prefabricadas en la parcela del edificio, para hacer sus últimos días lo más cómodos posibles. Él dijo que había dejado de tomar los antirretrovirales y que no tenía ganas de vivir. No tenía familia y otro lugar adonde ir. Ana le respondió que tenía que dejar de pensar negativamente, que lo amaba igual que todo el mundo allí y que ahora eran su familia. Estoy muy feliz de poder decir que Juan está ahora mucho mejor. Decidió quedarse y permanecer con nosotros durante un tiempo. La última vez que lo vi, estaba feliz regando sus plantas en el pequeño jardín que cuida detrás de la caseta en la que reside".
    5Ganas de vivir "Este fue probablemente mi momento más duro en La Casa. En la imagen aparecen Juan, de 49 años, y Ana, una de las más jóvenes del lugar. Él tiene sida y estuvo en el hospital por un tiempo, pero fue dado de alta porque los médicos estimaron que no se podía hacer nada más por él. Chule me pidió que tomara esta fotografía porque le habían dicho que le quedaba poco tiempo. Le habilitaron, además, una de las casetas prefabricadas en la parcela del edificio, para hacer sus últimos días lo más cómodos posibles. Él dijo que había dejado de tomar los antirretrovirales y que no tenía ganas de vivir. No tenía familia y otro lugar adonde ir. Ana le respondió que tenía que dejar de pensar negativamente, que lo amaba igual que todo el mundo allí y que ahora eran su familia. Estoy muy feliz de poder decir que Juan está ahora mucho mejor. Decidió quedarse y permanecer con nosotros durante un tiempo. La última vez que lo vi, estaba feliz regando sus plantas en el pequeño jardín que cuida detrás de la caseta en la que reside".
  • "Joaquín y su hermano Fernando, ambos con problemas de drogas, viven en La Casa. Joaquín es muy popular porque siempre intenta hacer reír a la gente. Esta foto fue tomada mientras estaba jugando con un pequeño de tres años, Luis, que es uno de los niños que vivían en este lugar tan poco convencional para un menor. Luis (a quien se puede ver en la siguiente imagen) vivía con su madre, Mari, y su padre, Mascota, en una pequeña habitación. A finales de 2012, Mari (que estaba embarazada en aquel momento) entró en prisión en Sevilla. Al principio, Mascota y Luisito se quedaron en La Casa, aunque después, la abuela se llevó al pequeño a su casa. Era conmovedora la atención que Joaquín le prestaba al niño. Como sabía que sufría alejado de su madre, trataba de pasar tanto tiempo con él como le era posible y ayudaba al padre a darle de comer y llevarle a la cama a dormir".
    6Joaquín y la risa de los niños "Joaquín y su hermano Fernando, ambos con problemas de drogas, viven en La Casa. Joaquín es muy popular porque siempre intenta hacer reír a la gente. Esta foto fue tomada mientras estaba jugando con un pequeño de tres años, Luis, que es uno de los niños que vivían en este lugar tan poco convencional para un menor. Luis (a quien se puede ver en la siguiente imagen) vivía con su madre, Mari, y su padre, Mascota, en una pequeña habitación. A finales de 2012, Mari (que estaba embarazada en aquel momento) entró en prisión en Sevilla. Al principio, Mascota y Luisito se quedaron en La Casa, aunque después, la abuela se llevó al pequeño a su casa. Era conmovedora la atención que Joaquín le prestaba al niño. Como sabía que sufría alejado de su madre, trataba de pasar tanto tiempo con él como le era posible y ayudaba al padre a darle de comer y llevarle a la cama a dormir".
  • "En esta imagen, Mari observa cómo uno de los residentes prepara a Luisito para ir a la Feria de Málaga. Como se puede ver, Luis no estaba muy contento. Poco después de que tomara esta foto (2012), la madre fue enviada a una cárcel de mujeres en Sevilla. Ella todavía está en prisión y ha dado a luz a su segundo hijo allí. Me molesta saber que Luisito ha estado sin su madre y apenas conoce a su hermano menor. Recuerdo un día en que su padre le mostró una imagen de su mamá antes de que fuera encarcelada y le dijo: 'Luis mira. Mira a mamá'. Y el pequeño volvió la cabeza, no quería mirar".
    7Adios mamá "En esta imagen, Mari observa cómo uno de los residentes prepara a Luisito para ir a la Feria de Málaga. Como se puede ver, Luis no estaba muy contento. Poco después de que tomara esta foto (2012), la madre fue enviada a una cárcel de mujeres en Sevilla. Ella todavía está en prisión y ha dado a luz a su segundo hijo allí. Me molesta saber que Luisito ha estado sin su madre y apenas conoce a su hermano menor. Recuerdo un día en que su padre le mostró una imagen de su mamá antes de que fuera encarcelada y le dijo: 'Luis mira. Mira a mamá'. Y el pequeño volvió la cabeza, no quería mirar".
  • "Mascota, Antonio, David y otro residente, trabajan moviendo la tierra para replantarla. Todos allí tienen una tarea o responsabilidad. Creo que esta es una labor importante de La Casa de la Buena Vida porque dan a la gente un sentido renovado de servicio que les permite recuperar la dignidad siendo una parte útil de la comunidad. Cada mañana, después del desayuno, los hombres trabajan en los cultivos con los que se alimenta la comunidad. Por lo general, tienen un buen sentido de la camaradería, aunque con tantas personas diferentes, por supuesto surgen tensiones ocasionales. Las mujeres se encargan normalmente de la limpieza y cocinar. A menudo me enseñaban los jardines para que viera algunos de los árboles y hortalizas que más tarde acabarían en la cocina común. Estos 'paseos por la huerta' solían hacerlos con un gran sentido de orgullo, como diciendo: 'Mira en lo que hemos estado trabajando y lo que podemos producir con nuestro trabajo".
    8El orgullo de trabajar "Mascota, Antonio, David y otro residente, trabajan moviendo la tierra para replantarla. Todos allí tienen una tarea o responsabilidad. Creo que esta es una labor importante de La Casa de la Buena Vida porque dan a la gente un sentido renovado de servicio que les permite recuperar la dignidad siendo una parte útil de la comunidad. Cada mañana, después del desayuno, los hombres trabajan en los cultivos con los que se alimenta la comunidad. Por lo general, tienen un buen sentido de la camaradería, aunque con tantas personas diferentes, por supuesto surgen tensiones ocasionales. Las mujeres se encargan normalmente de la limpieza y cocinar. A menudo me enseñaban los jardines para que viera algunos de los árboles y hortalizas que más tarde acabarían en la cocina común. Estos 'paseos por la huerta' solían hacerlos con un gran sentido de orgullo, como diciendo: 'Mira en lo que hemos estado trabajando y lo que podemos producir con nuestro trabajo".
  • "Este es un momento de relajación. Fernando está cortando el pelo a Mascota. El graffiti que se ve en el fondo está hecho en una de las nuevas casetas prefabricadas donadas por simpatizantes para dar cabida a más personas que vienen en busca de refugio. Mascota tenía una mirada de paz en su rostro después de un duro día de trabajo. Vi la paloma en el fondo y pensé que encajaba el momento. Supongo que en medio de todos los altibajos de una vida difícil y el fondo problemático que todos los residentes tienen, hay un fuerte sentido de compañerismo, de ayudarse unos a otros. Después de todo, ¿quién no quiere una mano amiga en un momento de necesidad?".
    9Momento de paz "Este es un momento de relajación. Fernando está cortando el pelo a Mascota. El graffiti que se ve en el fondo está hecho en una de las nuevas casetas prefabricadas donadas por simpatizantes para dar cabida a más personas que vienen en busca de refugio. Mascota tenía una mirada de paz en su rostro después de un duro día de trabajo. Vi la paloma en el fondo y pensé que encajaba el momento. Supongo que en medio de todos los altibajos de una vida difícil y el fondo problemático que todos los residentes tienen, hay un fuerte sentido de compañerismo, de ayudarse unos a otros. Después de todo, ¿quién no quiere una mano amiga en un momento de necesidad?".
  • "Esta es Bea embaraza de siete meses de su primer hijo. Viene de una familia rota, sufrió abusos cuando era joven y en su adolescencia ya traficaba con grandes cantidades de drogas en Italia. Me dijo que cuando fue detenida allí, la policía no podía creer que fuera tan joven. A su edad, otras chicas estaban interesadas en los chicos. A los 20 años volvió a España y en 2012 llegó a La Casa, donde se enamoró de Rafa, uno de los 'responsables'. Momentos antes de que tomara esta fotografía, le pregunté qué quería para el futuro. Me dijo que tenía miedo. Estaba preocupada por la clase de madre que iba a ser. Quería darle lo mejor, sobre todo, estabilidad y una vida lejos del fantasma de las drogas y del tipo de infancia que ella misma había tenido. Bea ya ha dado a luz a Rafaelito. Ella y su pareja han juntado sus habitaciones para que sea más cómodo para el nuevo miembro de la familia. Yo estaba allí cuando llegó por primera vez a La Casa y puedo decir que tenía los ojos cargados de preocupación, además de sus problemas con las drogas. Hoy, es una joven madura y una buena madre decidida a reconstruir su vida".
    10Una nueva vida "Esta es Bea embaraza de siete meses de su primer hijo. Viene de una familia rota, sufrió abusos cuando era joven y en su adolescencia ya traficaba con grandes cantidades de drogas en Italia. Me dijo que cuando fue detenida allí, la policía no podía creer que fuera tan joven. A su edad, otras chicas estaban interesadas en los chicos. A los 20 años volvió a España y en 2012 llegó a La Casa, donde se enamoró de Rafa, uno de los 'responsables'. Momentos antes de que tomara esta fotografía, le pregunté qué quería para el futuro. Me dijo que tenía miedo. Estaba preocupada por la clase de madre que iba a ser. Quería darle lo mejor, sobre todo, estabilidad y una vida lejos del fantasma de las drogas y del tipo de infancia que ella misma había tenido. Bea ya ha dado a luz a Rafaelito. Ella y su pareja han juntado sus habitaciones para que sea más cómodo para el nuevo miembro de la familia. Yo estaba allí cuando llegó por primera vez a La Casa y puedo decir que tenía los ojos cargados de preocupación, además de sus problemas con las drogas. Hoy, es una joven madura y una buena madre decidida a reconstruir su vida".
  • "Este es Luis mientras su padre le lanza al aire. Fue un momento feliz justo antes de salieran a dar un paseo. Para mí es importante mostrar las diferentes facetas de La Casa de la Buena Vida. No solo son personas con problemas de drogas y antecedentes turbulentos. Quería mostrar los momentos de felicidad, la alegría y el espíritu de compañerismo. No deseo que la gente vea mis fotos y sacuda la cabeza con lástima por esta gente. Trato de despertar más bien el pensamiento, que es posible que alguien, cuando le das a alguien la oportunidad y las herramientas, cambie su vida para mejor. En vez de juzgar, hay que poner todos los prejuicios a un lado. Creo que muchas veces estamos tan envueltos en nuestros propios problemas, en nuestras propias crisis personales, que nos olvidamos de que se necesita muy poco para ayudar a muchas personas".
    11Un refugio para la felicidad "Este es Luis mientras su padre le lanza al aire. Fue un momento feliz justo antes de salieran a dar un paseo. Para mí es importante mostrar las diferentes facetas de La Casa de la Buena Vida. No solo son personas con problemas de drogas y antecedentes turbulentos. Quería mostrar los momentos de felicidad, la alegría y el espíritu de compañerismo. No deseo que la gente vea mis fotos y sacuda la cabeza con lástima por esta gente. Trato de despertar más bien el pensamiento, que es posible que alguien, cuando le das a alguien la oportunidad y las herramientas, cambie su vida para mejor. En vez de juzgar, hay que poner todos los prejuicios a un lado. Creo que muchas veces estamos tan envueltos en nuestros propios problemas, en nuestras propias crisis personales, que nos olvidamos de que se necesita muy poco para ayudar a muchas personas".