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La reina del cava hace ‘clon clon’ con birra

Poco importa que Anna Simón no tenga ninguna obligación con la institución vinatera, en el trasfondo de la polémica por su brindis con cerveza se detecta alta traición a la tierra que la vio nacer

La reina del cava hace ‘clon clon’ con birra

Aviso para optimistas de 2014: la ultimísima polémica de 2013, cuya protagonista es Anna Simón, no presagia nada bueno para los meses venideros. Tranquilos, no es que vaya a resucitar su último programa, Por arte de magia, que tanto me hacía suspirar por la aparición de un Voldemort sanguinario que animara de verdad esta clase de shows. Tampoco que la presentadora se hiciera un Marisa Naranjo en las campanadas de dicha cadena: en Twitter hubo más burlas sobre sus pechos y sobre su compañera de retransmisión, Paula Vázquez (quien llegó a ser confundida con la madre de Simón, con su melliza operada por un cirujano rival y con Lara Dibildos), que sobre su trabajo, bastante correcto.

El dramón viene porque la periodista cometió el crimen de brindar por el nuevo año con cerveza siendo reina del cava. Esta distinción, estéticamente equiparable a la de Fallera Mayor, pero en el Penedès, lleva más de 30 años siendo concedida a mujeres tan meritorias como las hijas de Pujol y de la duquesa de Alba, Carla Goyanes o Mar Saura. Simón, que ostenta el título desde octubre, ha tardado tres meses en irse de cañas publicitarias con Estrella Galicia, y por partida doble: salió en un anuncio de la marca con Frank Blanco y, desde la misma Puerta del Sol, hizo chin chin (o más bien clon clon) con Vázquez con un par de botellas de birra, cual fornidas camioneras en bar de carretera.

Cierta prensa catalana, que debía de andar mal de noticias en el páramo informativo navideño, se hizo amplio eco del asunto, recogiendo el malestar de los cofrades e incluso calificando a Simón de “renegada” en algún artículo de opinión. Poco importa que la presentadora no tuviera ninguna obligación contractual con la institución vinatera, porque en el trasfondo del asunto se detecta alta traición a la tierra que la vio nacer: la chica de Mollet del Vallès no solo desprecia la bebida catalana por excelencia, sino que encima se vende a una marca gallega.

Imagino que las ventas de cava se habrán hundido tras este lamentable suceso y que sus productores jamás se recuperarán de tan duro golpe. Asumo que habrá contundentes acciones de castigo contra Simón, como quemar en plaza pública el vestido de novia con el que se coronó o, mejor aún, destronarla y declarar la república popular del cava. Me vale cualquier cosa que mantenga viva esta controversia absurda, propia de unos tiempos oscuros en los que cualquier decisión personal puede ser interpretada en clave patriótica.

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