Bocas selladas
Hace mucho, mucho tiempo, en las garitas de vigilancia de la zona franca de un importante puerto español, rollos de dinero atado con una goma elástica caían a los pies de los agentes ocupados de la seguridad del recinto. La persona que por vez primera observaba este hecho se encontraba ante una elección con dos opciones posibles: o se guardaba la paga extra o solicitaba el traslado a otra unidad. Pero... un traslado es algo tan estresante... tantos cientos antes que yo se han guardado el fajo durante tantos años sin ningún problema... y si el dinero desafía a la gravedad y cae a mis pies tras un perfecto movimiento parabólico es que la maquinaria debe estar perfectamente engrasada... y jamás le han echado el guante a nadie... y yo solo no podré cambiar nada. Tales debían ser las tribulaciones y autoengaños de la persona que contemplaba la<TH>tentación esperando a sus pies, idénticas a las de nuestros políticos ante cualquier Bárcenas. Y en un segundo, en “su brevedad instantánea, como a la luz del relámpago”, una persona honrada y ladrona en potencia cambia de bando y sella su boca.
No puede extrañar que todos los partidos, excepto UPyD, se nieguen a luchar contra la corrupción, que las comisiones de investigación no sirvan para nada y que nos despertemos cada día con un nuevo caso de corrupción política desde hace 20 años, tranquilamente.— Jacobo Saucedo Jiménez.


























































