El derecho a la intimidad
Casi a diario vemos en los medios de comunicación información sobre el trabajo encomiable que realizan los comedores sociales, donde desgraciadamente cada día acuden más personas por la pésima y caótica situación social en la que nos encontramos.
Valoro y aplaudo el servicio y la labor realizada de forma desinteresada por el personal implicado en estos proyectos y por las empresas colaboradoras. Gracias a todos ellos.
Dicho esto, quería hacer una reflexión: no creo que para dar a conocer la existencia y el trabajo que realizan estos comedores se tenga que vulnerar el derecho fundamental a la intimidad de las personas (artículo 18 de la Constitución). Por eso, no entiendo que las personas que recurren a estos comedores tengan que estar expuestas a las cámaras que acuden para cubrir la noticia del servicio que prestan.
Si los medios de comunicación piensan que para que cale más en la ciudadanía hay que dar una dosis de morbosidad exhibiendo los rostros de los que acuden a estos comedores, tengo que decir que, en mi opinión, se equivocan. A mí me indigna. ¿Se difunden esas imágenes con el consentimiento de todos y cada uno de los que allí se encuentran? No lo creo.
Son personas sin recursos, pero personas. Muchos de sus derechos se los han arrebatado: el derecho a una casa, a un trabajo, a una educación... no les quiten también el derecho a su intimidad. Informar sí, pero con ética.— Patricia Quintana Herrera.


























































