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Becker salva ‘in extremis’ su mansión de Mallorca

El extenista paga la deuda con su jardinero y evita la venta pública de su mansión tasada en 8,5 millones

Boris Becker, con su esposa. GTRES

La mansión rural en Mallorca del extenista alemán Boris Becker, tasada judicialmente en 8,5 millones de euros, no salió finalmente a subasta pública este viernes como tenía anunciado un juzgado civil de Palma. La finca de Son Coll, en Artà, estaba embargada desde meses atrás, a raíz de la reclamación de una deuda de 276.000 euros (más 82.000 de intereses) con la empresa que creó y mantuvo sus jardines.

Los representantes del icono deportivo y controvertido personaje de la prensa rosa europea llegaron a un acuerdo, in extremis, para abonar la factura pendiente desde 2009 y evitar la venta a la baja de su propiedad. Otra empresa constructora reclamó, por otra vía, una deuda de 430.000 euros.

Los interesados en la puja debían depositar el 20% del valor tasado. Desde hace cinco años el complejo de inmuebles de Son Coll, que está a nombre de la compañía del Becker, Goatbridge, ha aparecido en oferta en catálogos inmobiliarios de gran lujo con un precio de entre 12 y 15 millones de euros.

Desde que en 1998 compró por más de un millón la antigua posesión de montaña, unas casas viejas con un terreno de 265.000 metros cuadrados, Boris Becker ha protagonizado una cadena de incidentes: infracciones urbanísticas, sanciones y deudas. Así la sociedad Status Artà recibió multas económicas por irregularidades e indisciplina urbanística.

Por falta de licencias y excesos en la construcción y reforma de la finca, el extenista fue multado con 240.000 euros una vez y otra con 248.000. Además tuvo que demoler lo alzado que no se ajustaba a los planos presentados y aceptados por las autoridades locales de Artà y de Mallorca. En otro ámbito, en la RFA, en 2002, un tribunal de Múnich lo condenó a dos años de cárcel por evadir impuestos. No ingresó en prisión, pero abonó la deuda fiscal y medio millón de euros en multas.

Boris Becker fue contratado en los 90 como imagen turística publicitaria de eventos deportivos en la isla balear. Además fue recibido en el despacho oficial por la expresidente del Consell de Mallorca, la polémica Maria Antònia Munar, cuando más graves eran sus problemas por cuestiones urbanísticas y la piqueta amenazaba los muros de su propiedad. La piqueta actuó.