Marta Sánchez: “Me gusta estar emparejada con un ganador”

Una charla con la cantante sobre Madonna, abdominales, el dinero fácil y las malas decisiones

Ilustración de Marta Sánchez.
Ilustración de Marta Sánchez.TOMÁS ONDARRA

Pregunta. Lanza un single en Internet anunciando: Mi cuerpo pide más. ¿De qué le pide más ese cuerpo?

Respuesta. Más abdominales, más bíceps, más tríceps [ríe].

P. ¿Ninguna otra gimnasia?

R. Un poquito de playa, también.

P. Y si le pide más, ¿por qué no se lo da, y acabamos de una vez?

R. Bueno, yo creo que, dentro de mis posibilidades, se lo doy. A veces me pide hasta una buena fabada asturiana. Pero esa no se la doy.

P. Has tocado el botón de mi cuerpo que libera pasión… ¿Qué botón es ese?

R. Pues hay muchos botones en el cuerpo femenino que yo creo que liberan pasión. Para mí, uno muy importante es el botón de la mente.

P. ¿A usted le tocan la mente?

A CORTA DISTANCIA

Nos encontramos en el ‘showroom’ de Adolfo Domínguez, donde ella se sienta en un sofá y pide una Coca-Cola Light. Va vestida con un minivestido blanco y botas, y, mientras habla, se retuerce de vez en cuando la melenona rubia. Su hija acaba de volver de un campamento, y, al término de la entrevista, cuando damos una vuelta por las diferentes plantas de la tienda, se fija especialmente en la ropa infantil, pero no se va de vacío, por lo que a ella respecta. Loca de las compras como es, encuentra un par de sandalias con un poco de alza: “Eso que te llevas para arriba”, comenta.

R. Sí, sí, todos los días. Me gusta un hombre que sea muy seguro y que me sorprenda con sus palabras. Los niños de papá no me atraen. Me gusta estar emparejada con un ganador, que me seduzcan y me hagan admirar más por el psico que por el físico.

P. Pues fíjese que usted no ha dado mucha imagen del psico. Más bien de lo otro.

R. Es cierto; lo he fomentado mucho, sobre todo al principio de mi carrera. Cuando estuve con Olé Olé yo era una jovencita bastante pícara.

P. ¿Ahora ya no hace travesuras?

R. Hombre, estoy mucho más tranquila y menos atrevida. La madurez te da cierta prudencia.

P. A ese cuerpo que le pide más, ¿cuánto le ha dado en quirófano?

R. Algún paseo que otro [ríe].

P. En 2007 pretendió dar el pregón del Orgullo Gay en inglés. ¿Se le fue la olla o quería justificar sus estudios?

R. Se les fue la olla a los de la organización, no fue tanto decisión mía. Me lo pidieron, porque era el Día del Orgullo Gay Europeo o Internacional. El discurso tenía que haber sido muchísimo más breve y muchísimo más entendible para el nivel de España. A mí me costó leerlo también.

P. Cuenta que Nile Rodgers le dijo que, si se lo curraba, superaría a Madonna. No me diga que se lo creyó.

R. Yo no me creo nada. Yo me creo que mi mayor logro ha sido estar ya 27 años en el negocio, en la industria del disco. Es de lo que más orgullosa estoy, no de cuánto he vendido ni de cómo canto.

P. ¿De mayor querría ser Madonna?

R. Pues hubo una época en la que la admiraba mucho y fue una referencia. Pero ahora mismo esa Madonna tan competitiva y forzada ha dejado de seducirme.

P. ¿Y tiene alguna noticia de que Madonna de mayor quiera ser Marta Sánchez?

R. No, para nada. Cuando la conocí me miró mucho de arriba abajo. Le desperté cierta curiosidad. La conocí una noche en que ella llevaba un pelo muy negro y muy liso, tipo japonés. Y me esperaba encontrar a la Madonna platino. Me gustaba más la medio Marilyn.

P. Al principio usted ligaba con baterías: Juan Tarodo. Sterling Camp­­bell. Ahora se ha agenciado un novio economista del Estado. Admirable visión de la jugada.

R. Ay, qué bueno. Genial. Es verdad. No fue nada preparado. Un 2 de julio. Este es el tercer verano que paso con él. Y dio la casualidad de que era economista del Estado.

P. Ideal para sus inversiones.

R. No mezclamos la economía en nuestra relación. Simplemente, me da algún pequeño consejo de cómo está el patio. Más bien de cómo salir al patio.

P. ¿Se ha forrado con la prensa del corazón vendiendo hasta los higadillos?

R. Soy la más facilona para las exclusivas. Nunca supe pelearme eso. No discutía, porque quizá no era tanta la ambición. Así me va. Y le diré que, entre todo el saco de experiencias que he podido reunir en mis 27 años de exposición a los medios, siempre el dinero fácil ha sido a­l final muy difícil. Nunca me ha dado satisfacciones. Jamás.

P. ¿Y cuál ha sido el más fácil?

R. El más fácil y a la vez el más difícil fue el desnudo de Interviú. Fue una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. Me vi completamente acosada.

P. “Una entrevista es un psicoanálisis”. No la veo suficientemente reclinada en el sofá.

R. Yo creo que a los fans no les interesa tampoco un análisis tan complejo de una artista. Igual estoy equivocada, pero prefiero que se sientan atraídos más por mi música que por mis complejos.

P. Hace tiempo dijo que no le gustaría hacer una entrevista sin hablar de sus protuberancias delanteras. ¿Así seguimos?

R. Hoy por hoy, todo lo contrario. Es más, me gustaría hacerme una reducción. Nunca me gustó tener pecho. Me parece mucho más elegante una talla pequeña.

P. ¿A quién encargaría tal tarea de empequeñecimiento?

R. Los candidatos serían Enrique Monereo, amigo mío y que ya ha metido mano en mí, y una chica estupenda que viene a veces de Buenos Aires y que se llama Cristina Zeaiter.

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