Bosque de diciembre


Había unas mariquitas asustadas por un lobo a las que calmaba el canto del cuco. Por suerte, el lobo estaba vistiéndose aún. Había mariposas que revoloteaban sobre almendros en flor y manzanos que se movían y agitaban al ritmo de la música. Nidos cuajados de huevos y pájaros revoloteando sobre sus futuras crías. Había gnomos que danzaban alrededor de setas. Y abejas que presumían de ser las más chulas, más que los gusanos, más que las ardillas. Había un bosque y guardabosques.
Y todo bajo un sol espléndido porque alguien, con la precisión de los servicios meteorológicos de un gran premio de Fórmula 1, supo que llovería un día y haría frío, y al otro no. Y por eso se aplazó la fiesta de carnaval del colegio, que fue una delicia. Porque estuvo muy bien hecha, muy trabajada, porque los profesores, los niños y los padres, a los que se dieron instrucciones para confeccionar los disfraces, se volcaron. Tanto, que se hacía difícil incluso coger un buen sitio para ver el espectáculo.
Algunos maldijimos tener que coger aguja e hilo, que ya no sabemos ni dónde los guardamos, para convertir a nuestros hijos en mariquitas, en gnomos, en árboles o pájaros. Algunos tuvimos que mover nuestros horarios, sacar días u horas libres para vestirlos, cancelar compromisos para asistir al desfile. Pero mereció la pena.
Por todo ello, quiero felicitar y agradecer al colegio6 de diciembre de Alcobendas, a su dirección y a sus profesores el trabajo, el esfuerzo, la dedicación, la ilusión y la imaginación que derrocharon para que la fiesta fuera el éxito que fue. Y porque demostraron que, cuando nos implicamos y trabajamos juntos, las cosas pueden ser mejores.


























































