Reportaje:

El ojo que todo lo ve

Los helicópteros de la DGT cuentan con unas cámaras de visión inteligente que permiten grabar las infracciones y a los conductores hasta su más pequeño detalle

Nada escapa a su visión , es el ojo que todo lo ve: una esfera de medio metro de diámetro, de color blanco, que encierra una sofisticada tecnología y que es capaz de grabar con total nitidez, no ya la matrícula, sino los tornillos que la sujetan al vehículo desde varios cientos de metros de altura, desde un helicóptero.

Un agente de la Guardia Civil de Tráfico maneja esta cámara como si fuera prolongación natural de sus ojos y vigila, desde un aparato de la DGT , todo lo que ocurre bajo ellos. La Unidad de Helicópteros de la Dirección General de Tráfico dispone de una docena de cámaras de este tipo repartidas entre las siete bases operativas con que cuenta en A Coruña, Valladolid, Zaragoza, Valencia, Málaga, Sevilla y Madrid (Cataluña, Pais Vasco y Navarra tiene transferidas las competencias en materia de Tráfico).

Desde cada una de ellas despegan a diario en misiones de vigilancia y de regulación del tráfico abarcando áreas imposibles de cubrir de otro modo. "Los vuelos de vigilancia no tienen carácter recaudatorio", comenta Jesús Guardia, jefe de la Unidad, "ya que cada hora de vuelo está en torno a los 1.500 euros de coste y las multas que se pueden imponer nunca cubrirían los más de 3.000 por los que sale un vuelo rutinario". Eso sin contar con la cámara, que tiene un coste de unos 800.000 euros, y el del propio helicóptero.

En cada aparato se suben el piloto y un agente de la Guardia Civil de Tráfico , que es el que maneja la cámara y tramitará posteriormente la denuncia. La sincronía entre ambos raya la perfección y el control de la carretera es total."Afortunadamente los conductores están cambiando mucho y lo normal es que el vuelo acabe con pocas o incluso ninguna denuncia", afirma el agente de la Guardia Civil M. C., con 20 años de antigüedad en el cuerpo.

Los coches circulan a velocidad moderada, esperan pacientemente la posibilidad de adelantar y en general cumplen las normas. Desde el aire se puede ver claramente quién conduce bien y quien no , las buenas y las malas actitudes, pero predomina el sentido común y el respeto por señales y por el resto de los usuraos de la vía, sobre todo a raíz de la implantación del carné por puntos.

Todo transcurre con tranquilidad hasta que un vehiculo llama la atención del agente: su actitud indica que quizá lleve demasiada prisa, circula muy cerca de un camión que le precede, a escasos metros, y quizá cometa una infracción al intentar adelantarlo. Bajo sus indicaciones, el piloto mantiene el helicóptero en el ángulo adecuado y comienza la filmación.

De repente, parece que el coche pierde velocidad y se separa del camión. "posiblemente haya recibido una llamada de teléfono", comenta el agente, y pasa de un plano general a un zoom que le permite ver con total nitidez el interior del vehículo y el comportamiento del conductor. Se podría saber incluso qué número marcaría en el móvil.

Si el agente confirma la infracción, señala a través de un joystick como el de un videojuego al vehículo infractor, aprieta un botón del mando con que maneja la cámara y el sistema informático de visión artificial hace el resto: amplia la imagen hasta niveles increíbles, la estabiliza y sigue al objetivo hasta conseguir una imagen nítida y clara de la matrícula. No importa cuánto se mueva el vehículo, el helicóptero o a la altura que vuele, no escapará a este ingenio de tecnología militar.

Parece que el conductor no ha infringido ninguna norma y el vuelo continúa. "Es raro ver conductores haciendo barbaridades y la gente es prudente. La mayoría de las multas son por móviles, cinturón, no respetar los stop y, sobre todo, saltarse las líneas continuas", continúa el agente, "aunque desde aquí arriba se ve de todo".

La presencia de la nave de Tráfico es disuasoria. El batir de los rotores alerta a un motociclista que circula rápido. Se levanta de la moto, mira al cielo y aminora claramente la marcha.

A través de la emisora se informa de que se ha producido un grave accidente en una carretera de doble sentido. La patrulla aérea se desplaza al lugar del suceso con la rapidez que permite el vuelo. Ya están los servicios de emergencia trabajando y un helicóptero sanitario ha tomado tierra dispuesto a evacuar a las víctimas. La situación está bajo control y la información se traslada a la base. "Obviamente esto es lo más importante, las vidas y la seguridad de la gente", afirma el piloto.

Dentro de pocos meses se incorporarán unos nuevos sistemas que permitirán la emisión de imágenes en tiempo real. De esa forma las imágenes captadas por el helicóptero serán recibidas en tiempo real en el centro de control, desde donde se regulara con más eficacia el tráfico. Estás cámaras pueden funcionar como radar y controlar la velocidad. Sólo falta la homologación de las mismas para que se puedan tramitar las multas por exceso de velocidad.

Tras dos horas de vuelo y unos 500 kilómetros de carretera cubiertos, el helicóptero regresa a la base de Cuatro Vientos en Madrid. No ha puesto ninguna multa, como cada vez es más habitual, "eso es buena señal", coinciden piloto y guardia civil, satisfechos de que con su labor las carreteras son más seguras y eso se traduce en vidas.

Más de 200.000 horas de vuelo

La Unidad de Helicópteros de la DGT se fundó en 1962 y cuenta en la actualidad con una flota de 21 aparatos repartidos por el país. Fue la primera unidad aérea de este tipo creada en España. Además de las labores de vigilancia y regulación de tráfico, realiza vuelos de instrucción y formación de pilotos.

La base central está en Cuatro Vientos, Madrid, donde se realizan las revisiones y mantenimiento de los aparatos. En periodo vacacional se desplaza una nave a Baleares y se está estudiando la instalación de una base fija en Canarias.

Un helicóptero de la Guardia Civil equipado con una cámara
Un helicóptero de la Guardia Civil equipado con una cámara

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