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Reportaje:CRISIS EN BOLIVIA

Pobres sentados en sillas de oro

La comunidad de inmigrantes bolivianos en España sigue con inquietud la convulsa situación que vive su país

El pueblo boliviano se ha levantado para reclamar la nacionalización de los recursos naturales del país más pobre de Suramérica. Durante cuatro semanas, las movilizaciones de las clases más desfavorecidas han paralizado la nación, han provocado la renuncia del presidente Carlos Mesa y han obligado a la convocatoria de elecciones anticipadas. Sin embargo, muchos bolivianos no han sido testigos en primera persona de estos acontecimientos: se lo ha impedido la distancia que separa su tierra de los países a los que han emigrado.

La presión social está marcando el curso de los acontecimientos en Bolivia. "El pueblo se ha dado cuenta de que es él quien manda", dice Rosemary, una secretaria que trabajaba en una empresa de comunicación de La Paz antes de tener que dejar su país para dedicarse al servicio doméstico en Madrid. "Hemos estado demasiado tiempo sin reclamar y teníamos que hacer algo. Hemos visto cómo los gobiernos han ido cambiando y las cosas siguen igual," afirma esta mujer que lleva cinco años en España y justifica la dimensión que han alcanzado las movilizaciones populares porque "la gente está cansada de esperar y quiere que se solucionen los problemas ya". A pesar de todo, asegura que no tiene más esperanzas de que la situación mejore que en anteriores cambios de Gobierno, porque ha perdido la ilusión a fuerza de "promesas incumplidas".

Rosemary fue la primera de su familia en dar el paso hacia la emigración. Después la siguió su marido, Roberto, que trabajaba en una biblioteca en La Paz y ahora se siente afortunado porque es el único inmigrante en su trabajo, una empresa de servicios bancarios. Roberto busca con avidez información sobre su país consultando las ediciones digitales de los periódicos de distintas regiones de Bolivia "porque cada uno tiene su manera de informar" y hace falta conocer "distintas opiniones" para tener una visión de conjunto. Esta facilidad de acceder a la información, la más barata, le permite seguir de cerca los movimientos de los políticos y los dirigentes sociales. Sin embargo, no es capaz de nombrar a ningún líder que le inspire confianza. "Nuestro problema más grave es la corrupción" -asegura- "y la prioridad es que la persona que gobierne lo haga limpiamente. Además, siempre ha habido entreguismo de los recursos naturales y ha llegado la hora de reclamar".

Vale un Potosí

Bolivia, el país más pobre de Suramérica, con dos tercios de la población por debajo del umbral de la pobreza, ha contado siempre con enormes recursos naturales. En la época del imperio español era la plata de Potosí, y ahora su riqueza está en las importantes reservas de petróleo y gas natural. "Somos pobres sentados en trono de oro", afirma Cinthia, una joven que trabaja en el restaurante boliviano que sus padres regentan en Madrid. Según comenta, el ánimo de sus compatriotas que frecuentan el local no es esperanzador y algunos miran con recelo las acciones de los líderes sociales que han paralizado el país durante un mes, hasta conseguir que la capital quedara desabastecida de alimentos y carburantes.

Cinthia, que vive con su familia en España desde hace 11 años, no está de acuerdo con las movilizaciones que ha capitaneado el líder cocalero Evo Morales, que han contribuido a que el país ostente un récord de bloqueos y manifestaciones: en siete meses, antes de que estallara la última gran crisis, se contabilizaron 6.081. "Creo que a Carlos Mesa [presidente desde octubre de 2003 hasta el 7 de junio pasado] no le han dado tiempo. Es una persona muy querida que llegó al poder con buenas intenciones". Como ella, una de las camareras que trabaja en el restaurante desconfía de lo que pueda pasar a partir de ahora: "Yo quería volver a mi tierra, pero desde allí me dicen que no lo haga, que las cosas están cada vez peor".

Alcides se vio obligado a emigrar de Bolivia cuando, después de trabajar como jefe de sección en una empresa de calzado, decidió montar su propio negocio pero no pudo hacer frente a un préstamo que había pedido. Ahora sigue desde Madrid, con pocas esperanzas, la revuelta social que protagonizan sus compatriotas. "Nosotros ya vivimos una revolución en 1952, cuando se formaron milicias campesinas y obreras, se llevó a cabo una reforma agraria y se nacionalizaron las minas. Pero las cosas sólo llegaron hasta ahí. Después el poder se entregó a un partido que volvió a aliarse con la oligarquía, se volvió a organizar el Ejército y todo terminó con un nuevo golpe de Estado", afirma con escepticismo. Alcides cree que en las próximas elecciones puede tener posibilidades Evo Morales, pero desconfía de las presiones de las multinacionales con inversiones en el país.

La población boliviana está dividida entre una minoría que compone la elite de ascendencia europea y una mayoría de indígenas, sobre todo aymaras y quechuas. Los primeros, asentados en Santa Cruz, controlan los recursos y aportan la tercera parte del PIB. El resto de la población, que subsiste con salarios de 50 ó 60 euros mensuales, se ha levantado en la revuelta social más grave de los últimos años para exigir la nacionalización de los recursos naturales. De momento han conseguido tumbar el Gobierno de Carlos Mesa y presionar para que sus dos impopulares sucesores constitucionales renunciaran. Al actual presidente, Eduardo Rodríguez, le han concedido una débil tregua para que organice las próximas elecciones.

Bolivianos en España

La comunidad boliviana en España ronda las 100.000 personas. Según los datos facilitados horas antes de volver a su país por Julio Eduardo Aliaga, segundo de la embajadora María Teresa Ossio, sólo en 2004 se censaron 27.000 y la llegada masiva comenzó hace cinco años. La mayoría de los inmigrantes se ha asentado en tres zonas a partes iguales: alrededor de 30.000 en Madrid, Barcelona y en el área de Valencia y Murcia. Según su estimación, el flujo migratorio sigue la misma tendencia de Ecuador, que ya ha alcanzado su punto álgido y se ha estabilizado. La misma evolución vaticina para la inmigración boliviana.

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