Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Por una educación artística del presente

Las prácticas que fomentan las experiencias creativas en las escuelas no pueden seguir arrinconadas en actividades extraescolares o complementarias

Actividad del proyecto Levadura en Madrid en 2016.
Actividad del proyecto Levadura en Madrid en 2016.Ayuntamiento de Madrid

A las cinco de la tarde del pasado jueves tuve la suerte de asistir a un momento poco frecuente en la Asamblea de Madrid: un alegato, prácticamente coral, en favor de las artes en la escuela. La comparecencia de la diputada socialista Manuela Villa se alejó, tanto en el tono como en el contenido, de la habitual confrontación dialéctica para narrar las historias de Samuel y Clara, dos niños de diferentes procedencias cuyas vidas se transformaron al entrar en contacto con experiencias artísticas en sus escuelas.

No voy a decir que el Pleno enmudeciera, pero sí que, debido a lo original de la propuesta, la atención de muchos de los presentes se agudizó. Después de que Manuela Villa presentara la Proposición no de Ley (PNL) 86(XII)/21, los delegados de Cultura de Más Madrid y Unidas Podemos, Jazmín Beirak y Serigne Mbayé, se sumaron a la defensa del papel que desempeña la educación artística para conseguir una democracia cultural efectiva.

A pesar del voto en contra de VOX y de la abstención del PP, también los discursos de la derecha evidenciaron la potencia de las artes en la construcción de las personas. Por ejemplo, la diputada del PP Carla Greciano tendió la mano a Manuela Villa para colaborar más activamente en la profundización de estas prácticas. Como especialista de este ámbito, y sobre todo como trabajadora cultural que lleva una vida volcada en ello, fue emocionante presenciar este acuerdo sobre la importancia del cruce arte/escuela, nunca antes debatido en la Asamblea. Este frágil consenso, inaudito, merece toda la atención y energía política de los que nos dedicamos a la educación artística.

Mientras todo aquello sucedía, iba rescatando los términos del debate en los que creo que merece la pena detenerse; por ejemplo, la intensidad. Apoyar política y económicamente la educación artística no solo en la Comunidad de Madrid, sino a nivel nacional, supone admitir que, aunque ya existen algunos programas, estos no se están apoyando con la intensidad que el presente necesita: los proyectos que se mencionaron en el Pleno son escasos, periféricos, en un sistema que tanto en la escuela como en las extraescolares sigue reconociendo las artes como complemento, nunca como tema fundamental. Esta PNL pide ese movimiento hacia el centro con una intensidad mayor de la que existe en la actualidad.

Otro de los términos clave es la sostenibilidad, porque muchos de estos proyectos nacen y mueren enseguida ante la falta apoyo. Tan solo dos de los que se citaron son experiencias de largo recorrido que han logrado consolidarse. De la transformación de esta PNL en políticas ambiciosas depende la sostenibilidad de cientos de proyectos. Queremos que experiencias como LÓVA, Levadura y PLANEA no sean la excepción sino la norma; y que proyectos como POSTDATA en Cataluña, Antropoloops en Sevilla, Artaziak en el País Vasco o Transversalia en la Comunidad Valenciana no tengan que trabajar mes a mes con el agua al cuello.

El tercer término clave es que necesitamos propuestas contemporáneas, conectadas con el presente. Necesitamos de una vez por todas un Arte y una Educación implicados en la complejidad de la realidad social que nos rodea, en lugar de un Arte y una Educación que prestan atención a los problemas formales (los colores, la composición) y no abordan los retos ecosociales, de género, de raza y de clase que subyacen en esos colores.

La educación artística de la que se habló el pasado jueves en la Asamblea de Madrid es una educación artística que cambia la vida de las personas, que transforma las historias de vida y genera lo que Silvia Rivera Cusicanqui llama «el buen vivir». Esa vida buena que todas y todos merecemos y que la escuela debe potenciar como eje fundamental de sus actuaciones.

Cuando el tiempo destinado a esta PNL terminó, el tono de acritud regresó al estrado. A las pocas horas me llegó un mensaje: la PNL había sido aprobada. Respiré hondo e inmediatamente pensé en que hay que aprovechar la oportunidad: es el momento de que los agentes, colectivos y proyectos que llevamos años acompañando a miles de samueles y de claras alcemos la voz para consolidar el desarrollo de una Educación Artística del presente.

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