El rearme europeo da alas al gigante armamentístico Rheinmetall
La compañía alemana ha multiplicado por 21 el precio de sus acciones desde que Rusia invadió Ucrania. La capitalización bursátil se aproxima a los 80.000 millones de euros


La guerra rusa de Ucrania hizo que volvieran a aflorar fantasmas del pasado y provocó que, tras décadas con gasto limitado en las Fuerzas Armadas, Alemania anunciara un cambio de rumbo acorde con los nuevos tiempos. El año 2025 marcó un punto de inflexión histórico en el gasto en defensa germano con un total superior a 86.000 millones de euros para adquisición de material, equipamiento, maquinaria pesada y personal.
Rheinmetall se beneficia del rearme en Alemania como casi ninguna otra empresa de armamento. El ataque ruso a Ucrania impulsó el precio de las acciones de la compañía de Düsseldorf desde los 80 euros de antes de la guerra a más de 1.700 euros en la actualidad. Ya vale en Bolsa casi 80.000 millones de euros. Alrededor del 35% de la facturación del grupo proviene del ejército alemán. Ha pasado de tener unos ingresos de 5.600 millones de euros en 2021 a más de 9.700 millones en 2024. Los resultados de 2025 no se publicarán hasta el 11 de marzo, pero solo en los tres primeros trimestres del pasado ejercicio registró un volumen de negocio de 7.500 millones de euros.
La posibilidad de un final negociado de la guerra en Ucrania no parece preocupar demasiado en el seno de una empresa que ve el cambio de paradigma como una gran oportunidad de negocio y que espera un crecimiento del 25% este año y cuadriplicar su facturación para 2030. “Este año veo un potencial de pedidos por valor de 80.000 millones de euros”, afirmó el consejero delegado de Rheinmetall, Armin Papperger, a finales de enero en una conferencia sobre seguridad y defensa. Solo el proyecto Arminius del ejército alemán —una asociación con el grupo armamentístico franco-alemán KNDS para suministrar vehículos blindados del tipo Boxer—, tiene un volumen de casi 38.000 millones de euros, según Papperger.
Este ingeniero industrial que lleva más de 35 años trabajando en la empresa alemana —fundada en 1889 para equipar al entonces Imperio alemán con munición y armas— siempre creyó en la necesidad de estar preparado para defenderse, como explicaba en una entrevista con el Süddeutsche Zeitung. Esto le llevó en los años previos al estallido de la guerra a invertir en nuevas fábricas y después siguió con su expansión. Un total de 30.000 millones de euros en inversiones en seis años. La empresa es desde hace tiempo más que un fabricante de tanques y municiones; se ha convertido en lo que siempre quiso Papperger: “Un proveedor de gama completa en el sector de la defensa”.
Para ello ha llevado a cabo cooperaciones con empresas como Anduril, una start-up estadounidense de drones, pero también con grandes nombres como Lockheed Martin en el caso de aviones de combate F-35, o a negociar una alianza a gran escala en el ámbito de los tanques con el grupo armamentístico italiano Leonardo, así como a adquirir por casi mil millones de dólares la empresa estadounidense especializada en vehículos Loc Performance y la compra del grupo de astilleros Naval Vessels Lürssen (NVL) para crear un enorme centro neurálgico para buques de guerra, submarinos y todo tipo de sistemas de armamento marítimo. Por si esto fuera poco, acaba de construir la mayor fábrica de municiones de Europa en Baja Sajonia, y según medios alemanes, Rheinmetall y el fabricante de satélites alemán OHB compiten actualmente con Airbus por el mayor proyecto satelital del ejército alemán que contempla una red de comunicaciones militares similar a la red Starlink de SpaceX, empresa fundada por Elon Musk, que debería estar operativa en 2029.
“Rheinmetall tiene una importancia muy grande y destacada dentro del sector de defensa europeo”, explica el experto en seguridad y defensa Max Becker, del think tank Sociedad Alemana de Política Exterior (DGAP) al mismo tiempo que recuerda la gran dependencia de muchas empresas europeas, incluida Rheinmetall, de los suministros de Estados Unidos. “El ejército alemán y otros europeos han estado infradotados durante años y se encontraban en una mala situación estructural. Remediarlo cuesta ahora mucho más dinero que si se hubiera seguido por el buen camino desde el principio”, subraya.
“En Alemania y en Europa debemos abordar la cuestión de cómo podemos organizar nosotros mismos las competencias en defensa que durante décadas hemos externalizado y delegado a Estados Unidos. Y eso tiene como consecuencia que se beneficie de ello la industria de defensa y que Rheinmetall reciba un gran número de pedidos importantes”, indica Becker. “Y este gran volumen de pedidos que se prolongará durante años proporciona a empresas tan grandes como Rheinmetall mucha seguridad y, sobre todo, estabilidad a largo plazo”, añade.
De acuerdo con el Instituto Sipri de Estocolmo, los proveedores alemanes de armamento son los que más han aumentado sus ventas. Las cuatro empresas alemanas del top 100 —Rheinmetall (puesto 20), Thyssenkrupp (61), Hensoldt (62) y Diehl (67)— vieron cómo sus ingresos por venta de armas aumentaban un 36% en 2024, hasta alcanzar los 14.900 millones de dólares. La lista la encabeza la estadounidense Lockheed Martin con un volumen de ventas de 64.650 millones de dólares.
Viento de cola
La perspectiva de un aumento del gasto militar tras el anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de incrementar en un 5% el presupuesto militar para 2027, unido a inversiones millonarias previstas en países de la OTAN como Alemania, que se han comprometido a elevar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB para 2035 tras la presión de Trump, sigue impulsado al alza los valores del sector armamentístico.
Además, la reciente decisión del Parlamento alemán de aprobar una ley que permitirá al ejército adquirir armamento más rápidamente tiene también un efecto positivo en Rheinmetall, ya que en lugar de largos procedimientos de adjudicación, el grupo podrá participar más rápidamente en las adquisiciones y proyectos de construcción del ejército.
Pero para hacer frente a los pedidos necesita encontrar mano de obra cualificada, un problema del que adolecen muchas empresas alemanas pero que no parece ser de gran gravedad para Rheinmetall. “Los trabajadores cualificados cada vez se interesan más por la industria de la defensa. Ha habido un cambio y la gente ve más atractivo este sector ahora”, comenta Becker. En su opinión, el escepticismo y recelo que existía en el pasado está disminuyendo. “Cada vez la gente es más consciente de que, nos guste o no, tenemos que fabricar los equipos de defensa, armas y municiones necesarias para la defensa. Y es mejor que los fabriquemos en Alemania o en Europa que comprarlos a países socios o a países de los que no estamos seguros cómo de fiables son como aliados”.
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