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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La peculiar persistencia de la ‘Trumpostalgia’

Biden nos ha ayudado a atravesar una época de turbulencias hasta llegar a un lugar bastante bueno

Donald Trump
Silueta del candidato republicano Donald Trump reflejada en una bandera durante un mitin el pasado 1 de mayo.Morry Gash (AP/LAPRESSE)
Paul Krugman

Últimamente he visto a gente repetir la famosa pregunta de Ronald Reagan —”¿Está usted mejor que hace cuatro años?”—, muchos de ellos creyendo que con eso cierran el caso a favor de la vuelta de Donald Trump al poder. Sin embargo, si se toma la pregunta al pie de la letra, la respuesta es casi absurdamente favorable al presidente Joe Biden. Al fin y al cabo, hace cuatro años, miles de estadounidenses morían cada día a causa de la covid.

Dejando a un lado el incremento de las muertes, hace cuatro años más de 20 millones de estadounidenses estaban en paro; Trump dejó el cargo con el peor historial laboral de cualquier presidente desde Herbert Hoover. Además, el país era presa de una oleada de crímenes y los asesinatos se habían disparado. Ahora, por el contrario, acabamos de experimentar el período más largo de desempleo por debajo del 4% desde la década de 1960, y la ola de crímenes violentos ha retrocedido rápidamente.

Entonces, ¿cómo puede alguien pensar que la pregunta de Reagan favorece a Trump? Alerta de spoiler: no tengo una explicación completa. Pero, como mínimo, tenemos que reconocer que está ocurriendo algo muy peculiar.

Una explicación habitual de la Trumpostalgia es que mucha gente da al expresidente una segunda oportunidad perdonándole por 2020 y atribuye todo lo malo que ocurrió en su último año a la pandemia de covid (ignorando hasta qué punto la chapucera respuesta de Trump a la pandemia aumentó el número de muertos). Es decir, cuando dicen “hace cuatro años”, en realidad quieren decir “antes de la pandemia”. Eso seguramente explica parte de lo que está pasando.

Pero esta historia también tiene sus pegas. Si Trump consigue un aprobado en lo que se refiere al daño económico y social infligido por la pandemia, ¿por qué no debería Biden conseguir un aprobado similar por los problemas que se manifestaron durante su mandato, pero seguramente reflejaban efectos retardados de las perturbaciones que causó la covid?

Por ejemplo, los efectos dominó de la pandemia explican claramente gran parte del aumento de la inflación en 2021-22. ¿Cómo lo sabemos? Porque los precios subieron en casi todas partes. Cada país mide la inflación de manera un tanto diferente, pero si nos fijamos en el Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), que está disponible para una serie de países, comprobamos que la inflación acumulada desde el comienzo de la pandemia ha sido casi espeluznantemente similar en Estados Unidos y en Europa.

Además, los fans de Trump no son coherentes a la hora de enviar 2020 al agujero de la memoria. Trump afirmaba que con él la gasolina costaba menos de 2 dólares por galón (3,785 litros), pero esto fue cierto solo durante un par de meses en 2020, un período en el que los precios mundiales del petróleo eran bajos porque la pandemia había hundido la economía mundial.

Es más, según casi todos los indicadores que conozco, la mayoría de los estadounidenses están, de hecho, mejor ahora que a finales de 2019 o principios de 2020. Sí, los precios han subido mucho, pero los ingresos han subido aún más. Las rentas per cápita reales, aunque son más bajas que cuando el Gobierno repartía cheques de estímulo, son más altas que antes de la pandemia. Y los salarios de la mayoría de los trabajadores han subido considerablemente más que la inflación.

Pero, dirán ustedes, la gente tiene la sensación de estar peor —estoy de acuerdo en que esa idea circula por ahí—, pero en general no es así. Ya he escrito antes sobre los sondeos en algunos Estados indecisos en los que sólidas mayorías de votantes afirman que la economía va mal, pero al mismo tiempo, mayorías comparables afirman que a ellos, personalmente, les va bien. La encuesta de Michigan, citada muy a menudo, pregunta a los entrevistados si su situación económica es mejor o peor que hace cinco (no cuatro) años: el 52% dice que mejor, el 38% que peor. Y si los estadounidenses tienen la sensación de estar en una situación económica difícil, ¿por qué es tan alto el gasto de los consumidores?

Las valoraciones negativas de la economía, en contraposición al bienestar personal, pueden reflejar en parte una consecuencia conocida, aunque frustrante, de la inflación: cuando los precios suben a la par que los salarios, la gente tiende a pensar que ha conseguido mejoras salariales solo para que la inflación se las lleve.

E insisto, cuando se pregunta a los votantes por su bienestar personal en contraposición al estado de la economía, se muestran relativamente optimistas, aunque incluso en este caso, el partidismo matiza las respuestas. Curiosamente, algunas encuestas en estados indecisos no solo muestran que los republicanos registrados tienen una opinión mucho más negativa sobre la economía que los demócratas; también muestran que los republicanos hacen una valoración mucho peor de sus finanzas personales, lo que da a entender que al menos algunas personas no estaban respondiendo a la pregunta que realmente se les hacía.

Dicho todo esto, la Trumpostalgia es, sin duda, una fuerza poderosa.

Biden nos ha ayudado a atravesar una época de turbulencias —muchas de las cuales se produjeron incluso antes de que él llegara a la presidencia— hasta llegar a un lugar bastante bueno, con un desempleo muy bajo, una inflación bastante baja y un descenso de la delincuencia. Pero da la impresión de que muchos estadounidenses desconocen las buenas noticias; por ejemplo, el descenso de la delincuencia no parece haber calado en absoluto en la conciencia pública. Y parece existir una visión romántica de cómo eran las cosas con el predecesor de Biden, que, en cierta manera, omite las cosas terribles que ocurrieron en 2020.

Entonces, ¿están mejor que hace cuatro años? Para la mayoría de los estadounidenses, la respuesta es obviamente sí. Pero por razones que aún no están claras, muchos parecen poco dispuestos a creerlo.

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