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Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La Fed y el fuego de San Telmo

Esta misma semana, con una caída de la Bolsa superior al 20%, hemos entrado oficialmente en un mercado bajista

Corredores de Bolsa en el parqué de Nueva York, el pasado 16 de junio.
Corredores de Bolsa en el parqué de Nueva York, el pasado 16 de junio.BRENDAN MCDERMID (REUTERS)

Muchos de los que se han aventurado a surcar los mares, saben lo que supone enfrentarse al fuego de San Telmo: un fascinante fenómeno físico provocado por la ionización del aire dentro de las tormentas eléctricas que origina la aparición de una especie de llamas en los mástiles de las embarcaciones. Este “fuego”, con una mar agitada, está cargado de superstición y, en ocasiones, ha sido atribuido a fenómenos místicos o interpretado como un signo de mal agüero.

¿Es el segundo peor comienzo de año de la historia del S&P 500, el fuego de San Telmo de los mercados? Tal y como ha quedado patente a lo largo de esta semana, los bancos centrales están acorralados. Con la Reserva Federal (Fed) a la cabeza, están forzados a retirar estímulos con rapidez para asfixiar la inflación mientras, de manera simultánea, tratan de evitar la recesión. Desgraciadamente, la tasa de acierto que la Fed ha conseguido en el pasado no es muy exitosa. En los 12 ciclos de subidas de tipos emprendidos desde 1954, tan solo consiguieron un aterrizaje suave en tres ocasiones: en 1965, 1984 y 1994.

En el corto plazo, el exceso de ahorro generado en la pandemia (dos billones de dólares en depósitos bancarios norteamericanos) y un robusto mercado laboral con vacantes en máximos históricos, atenuarán la desaceleración favoreciendo la rotación de la actividad industrial hacia la de los servicios. Por otra parte, los costes de financiación continúan siendo bajos y son inferiores al coste del capital. Además, las recesiones se suelen producir meses después de que se culminen las subidas de tipos y no cuando, como ahora, se acaban de iniciar en EE UU y en Europa, que comenzarán en julio.

De todas formas, los mercados financieros siempre van por delante y las Bolsas suelen anticipar las recesiones. Nuestro fuego de San Telmo es que, esta misma semana, con una caída de la Bolsa superior al 20%, hemos entrado oficialmente en un mercado bajista. La caída promedio en este tipo de entornos es del 34%, si bien merece la pena puntualizar que no todos los mercados bajistas terminan en recesión —solo en ocho ocasiones de los 13 que se han producido desde la Segunda Guerra Mundial—. Es más, como la dimensión y naturaleza de cada recesión es diferente, la renta variable no siempre entra necesariamente en un mercado bajista: por ejemplo, en 1960 y 1980 las caídas máximas fueron inferiores a las que ya descuenta el S&P 500.

A lo largo de la historia, no todos los navegantes han interpretado el fuego de San Telmo como una señal negativa. De hecho, grandes expedicionarios como Cristobal Colón lo consideraron un símbolo de protección divina: “donde se aparezca, nada puede peligrar”. Los mercados han perdido el favor de los bancos centrales y la volatilidad está asegurada hasta que los tipos de interés, por lo menos, se sitúen por encima de su neutralidad. Mientras, más allá de buscar la protección en la divinidad, bien merece permanecer defensivos.

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