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Aranceles
Opinión

Trump, política económica terrorista

El mandatario estadounidense sigue siempre la secuencia de guerra relámpago hasta que alguien le para los pies

El presidente de Estados Unidos, Donald TrumpElizabeth Frantz (REUTERS)

La política económica de Donald Trump sigue la secuencia de los movimientos terroristas, en modo blitzkrieg, guerra relámpago. Hasta que alguien le para los pies, como el Tribunal Supremo (TS); o le desafía, como en primavera China, Brasil y los mercados de bonos.

Primero lanza de improviso aranceles brutales. Imprevisibles: contra toda norma multilateral, y desbaratando programas de inversión y business plans empresariales. Luego, en reacción adusta a su primera recepción, multiplica el desconcierto, causando pavor. Al cabo, interrumpe la digestión postraumática de sus medidas. Y al dar marcha atrás, ridiculiza a quienes, humillándose, pactaron con él.

Designio sencillo: convertir la incertidumbre en certeza solitaria. Lo único cierto será que nada hay seguro. Ni probable. Al final, sólo su caótica y volátil voluntad.

Su caso con Europa es paradigma de inconsistencia. Es TACO, por las iniciales de Trump always chickens out, Trump siempre se acobarda, gallináceo. El 27 de julio de 2025 llegó a un principio de acuerdo con Ursula von der Leyen —aranceles USA del 15%; contra europeos, cero— junto a su golf privado en Turnberry (Escocia), esa vergüenza diplomática. El 5 de agosto ya amenazaba con aumentarlos si la UE no cumplía un plan de inversiones etéreo en EE UU (600.000 millones de dólares genéricos; 750.000 en compras de energía; y de armas, aparte). Y lo repetía el 26, hasta que el 28 Ursula se allanaba a todos sus requerimientos. El 17 de enero de 2026, volvía a la carga, esta vez contra los ocho países europeos que enviaron militares a Groenlandia para protegerla de sus fauces. Reacción unitaria contundente; retirada TACO.

Resurrexit. El 20 de febrero el TS declaró ilegales sus aranceles. Enseguida prometía sustituirlos por otros algo distintos (por ser diversos los productos afectados), con distinta base jurídica. Del 15% para todos, también para la UE. Apariencia de repetición, pero no: al ser de la misma cuantía, la presunta rebaja (que tampoco lo es, sino ligera alza efectiva) daña relativamente más a las exportaciones europeas que a otras (como las chinas) que partían de niveles peores. Y ya esta semana, del 10%: incluso mejorando (el tipo absoluto), empeora la posición europea respecto de las demás.

Vergüenza múltiple para la presidenta de la Comisión, que había enmascarado su genuflexión en Turnberry como “una elección deliberada” por “la previsibilidad y la estabilidad”, al aportar “claridad” (Frankfurter Allgemeine Zeitung, 24/8/2025).

¡Y tragan sumisos dirigentes europeos con que el Parlamento debería ratificar aquella horca caudina de agosto! Quizá, si se aclarasen favorablemente sus variaciones actuales. Pero no por aquellas misérrimas razones de falsa estabilidad, sino para esperar (y a ayudar a) que las elecciones de mitad de mandato desestabilicen el 3 de noviembre la mayoría trumpista en la Cámara de Representantes.

De momento, el magnate intenta evitar la derrota disfrazando su irrelevancia económica con loas enfáticas. Pero en su primer año el paro ha aumentado tres décimas, y el PIB ha crecido seis décimas menos, mientras los aranceles solo mejoraron el déficit comercial un exiguo 0,2%. Tras tantas y tan agónicas Termópilas arancelarias.

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