Opinión
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Una valoración del rescate bancario español

La alternativa a inyectar dinero público en las entidades tras la crisis de 2008 era el cierre de los bancos, y eso hubiera resultado mucho más costoso

Viviendas del proyecto Sociópolis de Valencia, paralizado desde 2012 tras la Gran Recesión.
Viviendas del proyecto Sociópolis de Valencia, paralizado desde 2012 tras la Gran Recesión.Mònica Torres

En el análisis de la última crisis financiera española hay algunos elementos esenciales para entender el origen de la crisis y cómo se gestionó gracias al programa financiero acordado con las autoridades europeas en 2012.

El primer elemento que no hay que olvidar es que la crisis bancaria se genera antes de 2012. En palabras del Fondo Monetario Internacional (FMI): “El estallido de la burbuja inmobiliaria (2007) y la crisis de la eurozona (2012) habían impulsado un círculo vicioso de bancos inviables, déficits fiscales insostenibles, costes de endeudamiento crecientes, reducción de la producción, aumento rápido del paro y severas turbulencias en los mercados financieros” (Spain: Financial Sector Reform. Final Progress Report, febrero 2014).

Esto quiere decir que gran parte de las pérdidas de los bancos en 2012 se habían generado anteriormente. ¿Les suena la burbuja inmobiliaria? Los préstamos al sector de promoción inmobiliaria y construcción crecieron desde 190.000 millones de euros en 2004 a 470.000 millones en 2008. A mediados de 2007, la exposición de la banca al mencionado sector representaba el 25% de los préstamos totales al sector privado y casi un 50% de los préstamos a empresas. Las antiguas cajas de ahorros resultaron más afectadas por la crisis como consecuencia de su extraordinaria expansión durante más de dos décadas, centrando su negocio más en el sector inmobiliario y con una fuerte dependencia de los mercados financieros mayoristas (Comisión Europea: Evaluation of the Financial Sector Assistance Programme. Spain 2012-2014, enero 2016).

El dinero que el sector público inyectó para el saneamiento bancario en 2012 tuvo como objetivo fundamental cubrir las pérdidas incurridas (reconocidas contablemente) y esperadas (resultado de un análisis prospectivo, sin reflejo en la contabilidad) de los bancos, es decir, ese dinero estaba ya perdido en 2012 (y así se reflejó en la contabilidad del FROB y del Estado). Con el rescate bancario, el Estado asumió las consecuencias negativas de decisiones empresariales erradas tomadas en el pasado. ¿Por qué se hizo eso? Porque la alternativa era la liquidación de las entidades y eso hubiera resultado mucho más costoso para contribuyentes, acreedores, depositantes y, en general, para la estabilidad financiera.

Que el deterioro patrimonial ya estaba en las entidades en 2012 es un concepto relevante para entender que si, por ejemplo, la transferencia de activos a Sareb se hubiera realizado a precios mucho más reducidos, eso no habría reducido la factura total del rescate, ya que esa decisión habría provocado mayores pérdidas para los bancos que transfirieron los activos y esas mayores pérdidas en 2012 se habrían compensado con menores pérdidas futuras en Sareb.

Un segundo elemento es la aparente bondad del gradualismo en la gestión de las crisis bancarias. Hay muchos ejemplos en la historia económica reciente que no respaldan esa valoración. Un ejemplo lo tenemos en la crisis de las cajas de ahorros norteamericanas. Ante la crisis de solvencia de varias entidades entre 1980 y 1982, las autoridades establecieron excepciones en el tratamiento contable y relajaron las exigencias de solvencia. Esas medidas contribuyeron a que la industria continuara creciendo entre 1982 y 1985. En 1989 la Federal Deposit Insurance Corporation comenzó un programa de saneamiento con dinero público que afectó a más de 700 entidades y que tuvo un coste cercano a 160.000 millones de dólares, un importe mucho mayor que si la intervención se hubiera producido en 1983. Japón es otro ejemplo de gradualismo. Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y bursátil, a principios de los noventa del siglo pasado, tuvo que transcurrir una década para que se adoptaran medidas enérgicas sobre los préstamos dudosos. Ejemplos más recientes de gradualismo los tenemos en las crisis bancarias de Italia y Grecia.

Las pérdidas ocasionadas en una crisis bancaria deben ser reconocidas lo antes posible para mantener la confianza de los mercados en las entidades y las medidas deben ser rápidas y en volúmenes suficientes y, así, evitar actuaciones posteriores más caras. Y eso sin considerar el impacto macroeconómico muy negativo de la existencia de bancos zombis con una actividad crediticia bajo mínimos durante años.

En el caso español, el FMI reconoció que desde 2008 se habían tomado medidas para atajar la crisis (aunque las fusiones promovidas de cajas de ahorros protagonizaron posteriormente la mayor proporción de pérdidas), pero “la escala del problema era tal que una acción adicional era requerida para afrontar dicho problema de manera más decidida”. Recordemos que en 2008 la exposición de la banca española al sector de promoción inmobiliaria y construcción alcanzaba los 470.000 millones de euros. Pues bien, siguiendo el enfoque gradualista, a finales de 2011 dicha exposición era todavía de 307.000 millones de euros.

Concluimos con la valoración del programa financiero de 2012. La Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) han valorado positivamente el diseño y la implementación del programa: “Los mercados financieros españoles se han estabilizado. Tras la caída de los rendimientos de la deuda soberana y de la recuperación del valor de las acciones bancarias, las condiciones de financiación para la mayor parte de la economía han mejorado… La situación de liquidez y la estructura de financiación de la banca han mejorado por el aumento de los depósitos y el restablecimiento de la financiación en los mercados mayoristas” (Statement by the EC and the ECB following the conclusion of the fifth review of the financial assistance programme for Spain, 16 diciembre 2013).

Igual de contundente fue el FMI en 2014: “Las acciones bajo el programa han reforzado significativamente el capital, la liquidez y el saneamiento del sistema financiero… La inacción habría producido un ciclo de profundización de las fugas de depósitos, más quiebras de bancos y una paralización del crédito. Las condiciones de los mercados financieros han mejorado dramáticamente durante el programa, reduciéndose en más del 75% el diferencial soberano español y el de financiación exterior de la banca española… La economía real está comenzando a recuperarse, con aumentos de la producción y reducción del desempleo… El programa español contribuyó no solo a la estabilidad financiera española (disminuyendo sustancialmente los riesgos de la banca al resto de la economía) sino también a la europea, reforzando las medidas anticrisis lanzadas por el BCE”.

Antonio Carrascosa es ex director general del FROB.

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