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SPAC, en el punto de mira

Tras el aluvión de capital recibido, muchas SPAC están teniendo dificultades en encontrar compañías en las que invertir

Corredores bursátiles en la Bolsa de Nueva York (Estados Unidos).
Corredores bursátiles en la Bolsa de Nueva York (Estados Unidos).EFE

Objeto de una fiebre inversora casi asimilable a los criptoactivos, las SPAC (Special Purpose Acquisition Companies) son sociedades vehículo que se sacan a Bolsa con el objetivo de adquirir una empresa no cotizada, que automáticamente pasa a estar cotizada al ser comprada. Dichas sociedades son constituidas por equipos especializados en la gestión de empresas privadas, al estilo del capital riesgo, y están normalmente respaldadas por grandes patrimonios en un inicio, y por inversores institucionales y accionistas minoritarios cuando se acomete la adquisición, para la que tienen aproximadamente un plazo de dos años.

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Aunque nacieron hace décadas en Estados Unidos, su explosión se ha producido en los dos últimos años, como atestigua que en 2020 salieron a Bolsa casi 250 sociedades vehículo, que captaron cerca de 80.000 millones de dólares, multiplicando por cuatro los registros de 2019. En 2021, la evolución está siendo más espectacular, pues en el primer trimestre ya se superaron el número y volumen de salidas de 2020, que suponen dos tercios de las colocaciones en Bolsa totales registradas en el mercado americano.

Las razones del boom provienen tanto del lado inversor, pues la elevada liquidez y el contexto de tipos de interés mínimos exige buscar inversiones alternativas, como del lado de las empresas adquiridas, que encuentran en las SPAC un acceso a capital, saliendo a cotizar de una manera más ágil y menos costosa, facilitándoles también la negociación de la operación. Las empresas objeto de adquisición están principalmente posicionadas en sectores de alto crecimiento, con un elevado componente tecnológico.

Tras el aluvión de inversión recibida, muchas SPAC están teniendo dificultades en encontrar compañías en las que invertir, estimándose que solo el 25% de las SPAC listadas desde 2019 han cumplido su objetivo de adquirir una empresa. Esto está motivando una presión en los múltiplos y precios pagados, que ha empezado a levantar cautelas entre los inversores, dificultando la captación de capital para acometer las compras.

En Europa el número de SPAC ha sido hasta la fecha mucho más limitado, si bien los supervisores de todos los mercados, entre ellos la CNMV, están analizando las adaptaciones de la normativa de salidas a Bolsa necesarias para dar cabida a estos vehículos. Su preocupación se centra en maximizar la transparencia, impedir el aprovechamiento de información privilegiada y evitar que se sorteen los procedimientos tradicionales de control que se exigen a las compañías que salen a cotizar. En este sentido, cabe reconocer la necesidad de reducir la carga burocrática que se exige en los procesos de salida a Bolsa, especialmente para empresas de menor dimensión, y quizás el empuje de las SPAC ayude en esta dirección, pero lo que debería evitarse es que el atajo de estos vehículos en la salida al parqué sea en detrimento de la protección de los inversores.

Pablo Mañueco y Ángel Berges son profesores de Afi-Escuela de Finanzas.

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