Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Consenso incómodo

La uniformidad del relato sobre la recuperación económica se extiende al posicionamiento recomendado en activos financieros

Agentes en la Bolsa de Nueva York (EE UU).
Agentes en la Bolsa de Nueva York (EE UU).EFE

El pasado año fue, sin ánimo de frivolizar, un ejercicio positivo para los inversores en activos financieros. El fuerte y generalizado avance de los mercados desde principios de noviembre, apoyado en la disponibilidad y eficacia de las vacunas, sitúa a una cartera global diversificada en rentabilidades positivas. Quién lo iba a decir a mediados del mes de marzo, cuando nos hallábamos inmersos en uno de los episodios más intensos y rápidos de hundimiento de las cotizaciones en Bolsa y del valor de la deuda empresarial.

Hasta aquí, la historia. En adelante, un año 2021 dominado por la esperanza de superación de la crisis sanitaria y recuperación económica. La narrativa del análisis de la abrumadora mayoría de instituciones privadas pasa por alcanzar, hacia finales de verano y gracias a la combinación de vacunaciones y progresión de contagios, un nivel de inmunidad de rebaño que permita reabrir las economías de forma casi completa y normalizar los niveles de producción. La persistencia de estímulos monetarios y fiscales mantendrán las condiciones financieras en niveles de extraordinaria laxitud, mitigando potenciales discontinuidades. El resultado, una potente recuperación económica.

La uniformidad del relato, rayano con el pensamiento de grupo, se extiende al posicionamiento recomendado en activos financieros, y se plasma en la rotación sectorial hacia sectores castigados en Bolsa, la exposición a la deuda corporativa de corte especulativo y el aumento de posiciones en activos emergentes y materias primas, todo ello en perjuicio de la deuda soberana a largo plazo de países desarrollados y la liquidez.

Siendo plausible este escenario, conviene considerar qué podría alterarlo. Valoraciones históricamente elevadas y primas de riesgo en mínimos invitan a estresar la cautela ante imprevistos. En el frente sanitario y con especial incidencia durante el primer semestre, el factor a vigilar es la interacción entre la aparición de nuevas cepas de la covid-19 y la eficacia de las actuales vacunas. Contratiempos en este ámbito se transmiten de forma directa a retrasos en la normalización de la actividad y elevan el riesgo de accidente financiero. El otro frente, desplazado a la segunda mitad del ejercicio, radica en un potencial error de cálculo por parte de bancos centrales y Gobiernos. Una fuerte recuperación podría derivar, si fuera paralela a un alza de la inflación motivada en un desajuste coyuntural entre oferta y demanda (y por tanto de naturaleza pasajera), en un prematuro e innecesario cambio de rumbo en la política monetaria y/o fiscal.

Un sano escepticismo (que no posición contraria) es recomendable. Mantener una cierta posición en liquidez dota al gestor de mayores opciones para aprovechar potenciales vaivenes. Aunque cueste dinero por el camino.

José Manuel Amor y Javier Pino son profesores de Afi Escuela de Finanzas.

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