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Bombay apuesta por la vida ‘canalla’

El nuevo Gobierno regional permite que ciertos negocios abran 24 horas para impulsar la economía de una megaciudad que carece de los servicios necesarios

Horizonte del distrito financiero de Bombay. 
Horizonte del distrito financiero de Bombay. 

El pasado fin de semana, Bombay recuperó parte de su seña de identidad perdida hace décadas; cuando la vibrante megalópolis india no descansaba. Bares, restaurantes y grandes almacenes de ciertas zonas abrieron hasta la madrugada gracias al permiso del nuevo Gobierno regional. El objetivo es el de engrasar la economía de la capital financiera y del entretenimiento de India. Pero la medida ha sido criticada por falta de planificación y por no tener en cuenta a los más interesados: sus cerca de 20 millones de residentes y los turistas que visitan anualmente la ciudad (40 millones de indios y otros tres millones de extranjeros).

“Bombay funciona 24 horas al día. Si el comercio online no para, ¿por qué debemos cerrar nuestras tiendas de noche?”, justificaba el consejero de turismo del Gobierno del Estado de Maharashtra, Aaditya Thackeray, al anunciar un permiso con el que ha fantaseado desde hace un lustro. La medida imita el modelo de otros centros financieros como Londres que, según este mandatario, se beneficia de una “economía nocturna por valor de 5.000 millones de libras” [5.912 millones de euros]. Un reto que se antoja necesario en un momento de debilidad financiera.

Si hace solo dos años India lideraba la carrera de las economías emergentes, su crecimiento hoy se desploma a casi la mitad y se estima que apenas llegará al 5% la subida del PIB de este año. Con las mayores cifras de desempleo desde hace cuatro décadas y un mercado ávido del consumo de la clase media, el modelo de economía nocturna augura la creación de puestos de trabajo para la principal ciudad de negocios del país, además de una recaudación de 649 millones de dólares (589 millones de euros) en impuestos anuales, según las estimaciones más conservadoras.

La idea fue aplaudida unánimemente por los centros comerciales de Bombay, la asociación de minoristas de India y las tres federaciones nacionales de alimentos y bebidas. “El Gobierno quiere hacer de India una economía de cinco billones de dólares y horas extra de negocio ayudarán. Es un paso histórico y espero que otras ciudades lo imiten”, explica Anurag Katriar, presidente de la Asociación Nacional de Restaurantes. Eso sí, aclara que el alcohol deja de servirse a la 1:30 de la madrugada. La medida no tiene precedente en India más allá de Safara Bazar, mercado de la ciudad de Indore y referencia de vida nocturna, aunque sin los retos que supone la regulación de tal actividad en una megalópolis como Bombay.

Sin embargo, de momento, la medida no ha tenido una gran acogida popular. “Abrimos viernes y sábado hasta las cuatro de la mañana, pero pocas mesas estaban ocupadas a esa hora”, explica Arjun, responsable de un restaurante en R City Mall, centro comercial de Bombay desierto tras el último pase de cine proyectado. Otros tantos negocios de la ciudad recibieron una tibia respuesta de los clientes. “La gente suele acudir a este tipo de iniciativas, pero esta se ha quedado en nada”, explicaba a un medio local Imran Khan, empleado en Vero Moda, en Phoenix Market City, centro comercial en el corazón de la ciudad. Otros empleados e incluso clientes ni siquiera sabían del nuevo permiso.

Desinformación

“Bombay no ha tenido en cuenta a sus residentes y tampoco hay un plan. Seleccionaron aleatoriamente zonas de la ciudad sin crear áreas de gobierno que regulen esta actividad”, sostiene Sayli Udas-Manikar, miembro de la Fundación para la Investigación y Observación (ORF). Experta en políticas de urbanismo y residente en Bombay, Manikar piensa que una medida así es un empuje para el empleo y una necesidad para la economía de una ciudad que quiere ser global, pero critica que el proyecto no esté precedido de un debate ciudadano. “Es más, la iniciativa tiene que ir más allá de bares, restaurantes y comercios. Bibliotecas, teatros y espacios lúdicos deberían abrir 24 horas para facilitar el ocio dentro de una ciudad donde es tan difícil desplazarse”.

Paradójicamente, viajar en Bombay es el mayor obstáculo. A falta de tres líneas de metro que alivien el tráfico, su escaso y precario transporte público apenas sostiene la densidad de viajeros; menos aún de noche, cuando autobuses y trenes locales están fuera de servicio durante ocho y tres horas, respectivamente. No es la única área deficitaria. Bombay tiene similar proporción policial que India (uno por cada 724 habitantes) e igual carencia en estaciones de bomberos. Esto pone “en duda la competencia de las autoridades para manejar dinámicas complejas de urbanización, lo que puede ocasionar incendios, problemas de seguridad, accesibilidad, movilidad y perjuicio público”, señalaba una investigación al respecto de ORF en 2018.

Trabajo y vivienda

A la necesidad de mejorar los servicios se añade la obligación de revisar una legislación laboral, que desprotege a empleados frente a la explotación; y, que en el caso de los trabajadores en horarios nocturnos, supone un riesgo añadido. Este es un aspecto vital en el que no hay consenso en las metrópolis que gozan de la economía nocturna a la que aspira Bombay. Un informe recogido por la BBC señala que, por ejemplo, la ley estadounidense no pone límites a las horas extras trabajadas de noche, mientras que España no las permite. Sus expertos concluyen que, además, los megacentros urbanos necesitan mejorar su habitabilidad antes que funcionar todo el día.

Esto es precisamente lo que ocurre en Bombay, ciudad densamente poblada y con más slums (infraviviendas) de todo el país. Si el sueño de los líderes mumbaikars (gentilicio local) es que su ciudad nunca duerma, al igual que Londres, deberían considerar que la capital británica emplea a uno de cada ocho residentes en el funcionamiento de su economía nocturna, pese a estar en el puesto 17 de las urbes más trasnochadoras, por detrás de seis ciudades españolas.

 

La movida

Los ‘bares de bailes’ descritos por el escritor Suketu Mehta en ‘Maximum City: Bombay Lost and Found’ desaparecieron a comienzos de este milenio con la ley revisada ahora para permitir la apertura las 24 horas. Hasta entonces, durante la particular movida de Bombay, proliferaron los bares donde mujeres bailaban con “más ropa que una secretaria media de Bombay” pero “ganaban más del doble que una ‘stripper’ de clase alta neoyorquina” gracias a los billetes lanzados por los clientes, que hacían que las ganancias anuales de algunos locales se estimasen en 40 millones de rupias de entonces (medio millón de euros).

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