Juego

Al sector del juego se le acabó la suerte

La pandemia tumba la mitad de la facturación de las compañías y el negocio ‘online’ crece, pero no lo compensa

Máquina tragaperras en un bar de Valencia.
Máquina tragaperras en un bar de Valencia.Monica Torres

Un total de 55 casinos, 319 bingos, 3.752 salones y 130.000 bares con máquinas recreativas en España se han quedado sin la mitad de los ingresos de un año normal, lo que partirá en dos los más de 5.000 millones que facturaron en 2019. Son los datos que la patronal Cejuego recogió hasta el mes de octubre descontados los ingresos del juego online, las Loterías del Estado y ONCE. El descenso ya lo notaron a finales de febrero, cuando empezó a extenderse la desconfianza ante una enfermedad entonces desconocida. Y volvió con fuerza tras el verano, con los nuevos confinamientos de la segunda ola. “Algún casino ya ha cerrado, algunas salas de bingo tienen serios problemas para reabrir y en lo que se refiere a la hostelería hay una considerable cantidad de bares cuya oferta de máquinas recreativas está desapareciendo”, decía José Antonio Gómez Yáñez, autor del anuario del sector presentado por la patronal a principios de este mes.

Las restricciones de aforo en los bares, el teletrabajo o la prohibición del uso de las barras ha alejado a los clientes de las máquinas B, las tragaperras, que se llevan el grueso del impacto: de una recaudación superior a 2.097 millones en los nueve primeros meses de 2019, este año no llegan a los mil millones. La caída en bingos y casinos ha sido similar. Pero el sector ha demostrado que es más resistente de lo que parece. El GGR, un indicador que refleja la cantidad real de ingresos de las empresas (descontados los premios) se ha disparado un 15% en la modalidad online. Es verdad que su peso en las ventas representaba solo el 13% de los ingresos del sector privado el año pasado, pero este ejercicio tan complicado podría acabar aportando cuatro o cinco puntos de cuota de un tirón. El sector, sin embargo, siempre insiste en que tal boom es el chocolate del loro: “La online es una experiencia diferente, que se hace en solitario, mientras que el juego presencial se realiza principalmente acompañado. Cuando volvamos a socializar la gente volverá a ir a bingos y el juego online estabilizará su crecimiento. El juego presencial no se puede transportar de golpe a juego en red, aunque lógicamente haya crecido”, reflexiona Alejandro Landaluce, director de Cejuego.

Indudablemente, la experiencia física es difícil de suplantar, por eso los operadores no tienen más que lamentos para referirse a la situación. Codere, la única empresa cotizada, que gestiona 57.000 máquinas, 30.000 plazas de bingo y unos 8.600 terminales de apuestas en Latinoamérica, España e Italia, perdió 254 millones entre enero y septiembre y tuvo que reestructurar su deuda a toda prisa para no quedarse sin liquidez. Gracias a ello ahora tiene una caja de 148 millones que espera que sostenga el negocio. “Mientras tanto, resulta necesario continuar con el plan de contingencia, conteniendo los costes e inversiones y alargando los plazos de pago, en la medida de lo posible, para conservar esta liquidez”, señala un portavoz, que explica que ya han reanudado las operaciones en casi todos sus mercados excepto en Argentina y algunas zonas de México. “Las reaperturas arrojan buenas perspectivas, ya que se han alcanzado rendimientos cercanos al 70% u 80% de los niveles de 2019 a partir del primer mes o mes y medio de actividad”. El negocio online se ha convertido en la mayor fuente de crecimiento para la compañía “con ingresos récord en el tercer trimestre en todos los mercados”, señalan. La agencia de calificación Fich, sin embargo, acaba de asignar la nota CCC+ (grado especulativo con riesgo de impago) a varias de sus emisiones de bonos. La compañía, en cambio, mantiene su optimismo y estima que teóricamente se recuperarían los ingresos hacia finales de 2021 o 2022. Teóricamente, porque el futuro está poco claro.

En Cirsa, otro de los grandes del sector, no se atreven a hacer cábalas. Hasta ahora acumulan un descenso de ingresos del 45% (631 millones hasta octubre) aunque fuentes de la compañía con 15.000 empleados, 148 casinos, 76 bingos y 81.000 máquinas hablan de que, al menos, parte de la facturación se recuperó en el último trimestre. Con un endeudamiento de 2.320 millones de euros, destacan que en su caso tienen algo muy valioso: “Una buena posición de caja”, de 352 millones de euros, y ningún vencimiento importante a la vista.

En actores más pequeños la situación es parecida. Antonio Couceiro, director de Luckia, lamentaba hace unas semanas en una entrevista en la publicación especializada Azarplus que, como parte del ecosistema de la hostelería, se están viendo muy afectados, y eso amenaza al empleo del sector, cifrado en 47.000 personas en toda España. Los datos disponibles indican que en el tercer trimestre habían retornado a la actividad el 83,4% de las plantillas en el juego presencial. Pero la propia patronal pide ahora poner ese dato en cuarentena con los recientes cierres, como el de Cataluña o Galicia. “Solo las máquinas soportan en hostelería 50.000 empleos, y muchos bares están al límite. Casinos y bingos, que por normativa tienen que tener un personal mínimo, lo están sufriendo dramáticamente”, dice Landaluce. Las cuentas de resultados de las casas de apuestas y salones, que son negocios más parecidos a cualquier retail, también suelen ser más pequeñas y con menos empleo, “pero sus ingresos son menores y más volátiles. A todos los operadores les está afectando de una u otra manera”, insiste Landaluce.

No es una crisis más

Los datos contradicen una creencia extendida que sugiere que durante las crisis los ciudadanos buscan en el juego una solución a sus problemas económicos. Tras la Gran Depresión de 2008 los salones vivieron un descenso en ventas que tocó fondo en 2014 y que antes del coronavirus no se había recuperado del todo. Ahora las cosas son distintas, o quizá bastante peores, porque la mayoría del juego de operadores privados se realiza gracias a las visitas a bares y locales de ocio. En un año normal, los bares españoles generan 7.000 millones de visitas, unas 200 por adulto al año. Los casinos contabilizaban antes de la pandemia entre 5,4 y 5,1 millones de visitas, los bingos 35 millones, y más de 60 millones de personas ponían un pie en los salones de juego.

Ahora el miedo al contagio ha contraído drásticamente las ganas de apostar y pese a los esfuerzos por adaptar los locales. Cirsa, por ejemplo, asegura que se ha gastado seis millones de euros en reacondicionar salas, delimitar los espacios, asegurar con mamparas la separación de máquinas, desinfectar cada una después del juego o cambiar los sistemas de ventilación. “Ha sido un esfuerzo enorme que no sería posible si los 5.000 empleados [de España] no se hubiesen involucrado a tope”, dicen en la compañía. Pero quizá eso no baste. Tampoco volverán, aunque haya vacuna, los turistas que solían apostar en los destinos populares de Levante, Baleares o Canarias, con gastos medios superiores a los de los nacionales. Ni las fortunas que tiraban los dados buscando suerte en los numerosos casinos del Caribe de sello español. Por ahora, para los operadores, la suerte está echada.

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