El Dow Jones supera por primera vez la barrera psicológica de los 30.000 puntos

El índice neoyorquino consolida una tendencia positiva impulsada por el optimismo por las vacunas, la transición de poder en EE UU y el anuncio de que Janet Yellen estará al frente del Tesoro

Un letrero de Wall Street, junto a la Bolsa de Nueva York.
Un letrero de Wall Street, junto a la Bolsa de Nueva York.JUSTIN LANE / EFE

El Dow Jones de la Bolsa de Nueva York ha superado por primera vez los 30.000 puntos, una marca que consolida la reciente tendencia ascendente, impulsada por el optimismo después de la victoria demócrata en las elecciones y las buenas noticias sobre una vacuna para el coronavirus, tres de cuyas candidatas han demostrado recientemente extraordinaria eficacia y están cerca de comenzar a distribuirse. El índice industrial de Wall Street, que mide el desempeño de las 30 mayores sociedades cotizadas, ha subido más de 400 puntos, o un 1,4%, en la mañana del martes, después de que, la víspera, Donald Trump diera luz verde al proceso de transición de poder y trascendiera que el presidente electo Joe Biden ha elegido a Janet Yellen, economista extremadamente prestigiosa y expresidenta de la Reserva Federal, como secretaria del Tesoro. También el S&P 500 ha subido un 1,5% este martes por la mañana, superando el récord de 3.626 puntos marcado el pasado día 16.

Lo extraordinario de este año 2020 se está reflejando en la cotización del Dow Jones, que ya acarició los 30.000 puntos en febrero, antes de desplomarse hasta los 19.000 en marzo, cuando la pandemia empezó a golpear con fuerza en Estados Unidos y Europa, obligando a reducir dramáticamente la actividad económica para contener la propagación del virus. Desde entonces, una política monetaria expansiva y una recuperación económica facilitada por un colosal paquete de estímulo con dinero público, han tirado hacia arriba de la cotización de las compañías del índice industrial.

“El mercado de valores ha roto la barrera de los 30.000 puntos. Nunca la había roto, es un número sagrado, nadie creyó que lo vería nunca”, ha dicho el presidente Trump, desde la Casa Blanca, en una brevísima comparecía, convocada con minutos de antelación, en la que solo ha hablado de las vacunas y las subidas en la Bolsa.

En las elecciones del pasado 3 de noviembre, el candidato demócrata, Joe Bien, se impuso a Trump por seis millones de papeletas y 74 votos en el colegio electoral, una victoria contundente que, sin embargo, el presidente sigue negándose a aceptar. La resistencia de Trump a admitir su derrota, y su insistencia en lanzar acusaciones falsas de fraude masivo, crearon un escenario de incertidumbre, adentrando al país en un terreno político sin cartografiar.

El presidente y su equipo se lanzaron a una ofensiva por revertir el resultado, impugnando los recuentos, acusando de fraude en los tribunales y presionando a los legisladores estatales para demorar la certificación de los resultados, pero todas las vías han ido fracasando y cada vez eran más las voces que pedían a Trump que permitiera al menos la transición de poder, que facilite un relevo ordenado entre las dos administraciones. Así lo hizo al fin el lunes por la noche un presidente que, sin admitir su derrota y prometiendo más batalla en los tribunales, al menos dio la orden a su Administración de “iniciar los protocolos” de la transición de poder.

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