La crisis del coronavirus

El FMI pide a los Gobiernos “más acción” frente a una crisis que está “lejos de terminar”

El organismo llama a incrementar la progresividad fiscal y a que las empresas paguen “lo justo” para ayudar a devolver el ingente volumen de deuda con el que los países saldrán de la recesión

La economista jefa del FMI, Gita Gopinath. En vídeo, Gopinath asegura que la crisis "está lejos de terminar".(FOTO: EUROPA PRESS | VÍDEO: EFE)

La recuperación económica tras el mazazo del coronavirus será un camino inequívocamente ascendente: lo peor ya ha quedado atrás, se afanan en repetir los líderes internacionales y los organismos multilaterales. Pero también plagado de espinas y en el que cualquier error, como los cometidos en Europa en la salida de la última crisis, se pagará caro. “Hace falta más acción. El considerable apoyo fiscal y monetario ha evitado una catástrofe económica, pero todavía debe hacerse mucho más para asegurar una recuperación sostenida”, ha reclamado este martes la economista jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gita Gopinath, en la actualización de su cuadro macroeconómico global. El diagnóstico es contundente: hay señales de franca mejoría, pero esta crisis aún está “lejos de terminar”.

En un entorno marcado a fuego por la incertidumbre, dice el Fondo, es “esencial” que el apoyo fiscal y monetario “no se retire prematuramente”. “Las políticas tienen que enfocarse, agresivamente, en limitar el daño económico persistente de la crisis: los Gobiernos deben continuar proveyendo apoyo de ingresos [a sus ciudadanos] con transferencias, subsidios salariales y seguros de desempleo, y las empresas viables deben continuar recibiendo ayuda en forma de diferimiento de impuestos, moratorias de deuda e inyecciones de capital”, apunta Gopinath al tiempo que reclama una “mayor colaboración internacional” para que, cuando llegue la vacuna, pueda ser distribuida con celeridad a lo largo y ancho del globo y no únicamente en los países ricos.

A medida que la recuperación vaya ganando fuerza, la acción gubernamental tendrá que pasar página: tras la ayuda de emergencia, deberá “facilitar la recolocación de trabajadores de sectores de que probablemente se reducirán a largo plazo (como el de los viajes) a otros que seguirán creciendo (el comercio electrónico)” y “acelerar” los procesos de insolvencia de empresas. Como en la fase inicial de la recesión, ahí los emergentes tendrán las de perder: con menos recursos disponibles y un coste de financiación mayor, su músculo palidecerá en comparación con las economías avanzadas.

Esta histórica —pocas veces este calificativo está tan justificado— movilización de dinero elevará la factura a devolver. La acción de los bancos centrales ha facilitado, y de qué manera, la financiación en los primeros compases de la recesión: el coste de apelar a los mercados está en mínimos históricos en buena parte del mundo. Pero hay que pensar desde ya en cómo devolver lo prestado. Aquí, la recomendación del Fondo —cuánto ha cambiado su recetario— pasa por incrementar la progresividad en la recaudación y asegurar que las grandes empresas paguen “lo justo”: que contribuyan más, en fin, los que más tienen.

China o cómo salir reforzado de una crisis histórica

“Convivir con el nuevo coronavirus ha sido un desafío como ningún otro, pero el mundo se está adaptando. Con los desconfinamientos y el rápido despliegue de políticas de apoyo sin precedentes tanto por los bancos centrales como por los Gobiernos de todo el mundo, la economía mundial está regresando de las profundidades de su propio colapso en la primera mitad del año”, apunta Gopinath.

Tras una primera mitad del año catastrófica, y pese a los rebrotes de un comienzo de otoño que se espera caliente en el hemisferio norte, el FMI aprecia un rebote ligeramente mayor de lo previsto en el segundo semestre, aunque de forma muy desigual: a los emergentes, China y sudeste asiático al margen, les costará más salir del pozo. Si se mantiene la senda trazada por el multilateral, el conjunto de la economía mundial regresará a los niveles precrisis antes de que termine el año que viene impulsado por el gigante asiático —en el origen del virus, pero que cerrará este año claramente en positivo—. Europa y Estados Unidos tendrán que esperar al menos hasta 2022 y América Latina, muy probablemente, hasta 2023. En general, la divergencia de renta entre el bloque rico y el emergente se ensanchará.

La previsión de caída de PIB este año mejora: el -5,2% que proyectaba en junio se convierte ahora en un -4,4% gracias a unos datos “algo menos nefastos en el segundo trimestre, así como a señales de una recuperación más sólida en el tercero” y una revisión al alza generalizada en las economías avanzadas. Pero el repunte pronosticado para 2021 empeora ligeramente, un 0,2%, hasta el 5,2%. Todo, por supuesto, en espera de que un remedio médico efectivo no se demore y termine de desnivelar definitivamente la balanza de la economía. “Las perspectivas de recuperación son muy inciertas y dependerán de la disponibilidad de tratamientos y vacunas fiables”, subrayan los técnicos del FMI. Hasta entonces, los países más industriales y menos dependientes del turismo, saldrán —están saliendo— antes de la recesión mientras que las economías que para las economías que bailan al son del turismo y los servicios —España es uno de los mejores ejemplos— tendrán que esperar más.

La salida de esta “calamidad”, el término que la economista jefa del Fondo emplea para referirse a una recesión sin precedentes que algunos, como el presidente del Banco Mundial, David Malpass, catalogan como auténtica depresión económica, “será larga y desigual”. Esa máxima aplica para todos excepto, quizá, para China, claramente reforzada: no solo logrará crecer este año —un 1,9%, una cifra impensable en el tramo inicial del ejercicio, cuando el mundo observaba absorto cómo el gigante asiático se replegaba sobre sí mismo para evitar la expansión del virus— sino que rizará el rizo con una fuerte expansión superior al 8% el año que viene.

Los desafíos globales, concluye Gopinath, son “abrumadores”. Pero hay, dice, dos razones para la esperanza: la “excepcional” respuesta monetaria y fiscal desplegada hasta la fecha, y el plan europeo de recuperación, del que aún queda por saberse mucha letra pequeña pero que pone prácticamente como ejemplo global de buenas prácticas. Aún queda mucha crisis, pero Europa, parece, ha aprendido la lección.

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