Tambores de guerra en la cúspide del lujo

El gigante francés LVMH contraataca en los tribunales y acusa a la joyería estadounidense Tiffany de “mala gestión” y “cortoplacismo” en plena pandemia

Tienda de Louis Vuitton en los Campos Elíseos en París, el pasado día 18.
Tienda de Louis Vuitton en los Campos Elíseos en París, el pasado día 18.CHARLES PLATIAU / Reuters

Muchas historias de amor acaban en los tribunales y la de LVMH y Tiffany, que más que amor siempre fue un proyecto de matrimonio de conveniencia, es una de ellas. El gigante del lujo francés ha contratacado esta semana a la joyería estadounidense en el mismo terreno en que esta se revuelve contra la cancelación de su adquisición por París —ante un juez— y no ha escatimado en críticas a la gestión “catastrófica” de la famosa marca de la película Desayuno con diamantes. La misma que, hace solo unos meses, cuando anunció su fusión por absorción, asociaba “a las más bellas historias de amor”. La pandemia lo ha cambiado todo, también el matrimonio entre los dos grupos más icónicos del lujo.

Moët Hennessy Louis Vuitton (LVMH) anunció el martes que acababa de presentar una contrademanda ante el mismo tribunal de Delaware que este mes recibió una la primera ofensiva judicial de Tiffany tras conocer la decisión del gigante francés de cancelar la operación multimillonaria (16.200 millones de dólares) que debía completarse antes de que acabara el año. En su respuesta judicial, con la que Louis Vuitton buscaba contrarrestar los “argumentos espurios” de su par estadounidense con vistas al proceso fijado por la corte para enero de 2021, el grupo de Bernard Arnault justifica los motivos del decaimiento de la compra, que apoya en elementos tanto tácticos —la existencia de una cláusula que implícitamente le permitiría, asevera, esgrimir la pandemia como salida de emergencia— como en una casi más devastadora acusación de “mala gestión” de los responsables neoyorquinos durante la crisis causada del coronavirus.

“Tiffany no ha sido administrado, ni gestionado, según el curso normal de los negocios” afirmaba LVMH, que en su contrademanda reprochaba a la compañía estadounidense de haber realizado un pago “del dividendo más elevado posible” en un momento en que sufría pérdidas y su liquidez disminuía fuertemente. “Ninguna otra empresa del sector del lujo en el mundo ha actuado de esa manera durante esta crisis (...) faltas de gestión que demuestran —siempre según los franceses— una gestión cortoplacista y contraria a los intereses de la sociedad”.

En el acuerdo de adquisición firmado en 2019, LVMH sostiene que se fijó una cláusula típica en este tipo de negocios que permite a las partes “renunciar a la realización de la operación en caso de que se produjese una situación significativamente desfavorable”. Nadie tenía en mente el virus, pero el virus llegó y sacudió los cimientos de la economía mundial. Tiffany insistió, recuerda la compañía francesa, en que en esta cláusula se excluyeran de forma explícita “algunos elementos precisos” como “ciberataques, el movimiento de chalecos amarillos o las manifestaciones en Hong Kong”. Sin embargo, subraya, la compañía norteamericana no incluyó entre esas excepciones una pandemia como la sufrida este año en todo el mundo, y que es uno de los argumentos que ahora esgrime París para salirse del acuerdo.

“Tiffany jamás demandó que se aplicara una excepción así a una crisis sanitaria o epidémica, cuando cientos de acuerdos de fusión realizados los últimos 10 años prevén esa mención específica”, razona LVMH, para el que “la pandemia, cuyos efectos para Tiffany son catastróficos y duraderos, constituye indudablemente una situación significativamente desfavorable. Esta cláusula basta para impedir la realización de la operación”, sostiene LVMH, que también argumenta la polémica carta recibida por el ministro francés de Relaciones Exteriores, Jean-Yves Le Drian, que amenaza con convertir la batalla entre las dos compañías en un embrollo no solo empresarial sino también diplomático: según explicó el grupo francés al anunciar su retirada de la compra, a comienzos de septiembre, el Ministerio de Asuntos Exteriores le solicitó que, como respuesta a la amenaza de aranceles de Donald Trump, retrasase la operación corporativa hasta —como pronto— el próximo 6 de enero. Algo que, argumenta ahora ante el tribunal de Delaware, “hace imposible la realización de la adquisición de Tiffany antes de la fecha límite fijada en el contrato”.

Tanto la prensa francesa como la internacional han destacado la afirmación de LVMH de que no buscó activamente la recepción de esa carta que le ha permitido dar el paso atrás en la fusión, pero en una reciente comparecencia ante el Senado, Le Drian dijo haber escrito la misiva “en respuesta a una pregunta del grupo LVMH”. El domingo pasado, en una entrevista con Le Parisien —que también pertenece al conglomerado de Arnault— el jefe de la diplomacia francesa afirmó que la controversia ha adquirido “una dimensión excesiva”. “Paso parte de mi tiempo hablando con los jefes de las grandes empresas sobre mi apreciación de la situación internacional (…) Soy el responsable de las relaciones internacionales de Francia y es mi deber preservar los intereses franceses (…) Era mi papel dar a conocer a LVMH mi apreciación política del momento”, deslizó.

Tras la cancelación de la adquisición, Tiffany acudió al tribunal de Delaware —que según el Financial Times solo ha aceptado en una ocasión la marcha atrás en una fusión— acusando a LVMH de haber dilatado los procedimientos reglamentarios para no tener que cumplir sus compromisos y rebajar el precio de la compra. El último capítulo de la guerra en la cúspide del lujo aún no ha sido escrito.

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