Se necesitan soldadores, fontaneros y electricistas

La demanda de personal para trabajos técnicos aumenta, pero cada vez hay más carencia de profesionales formados en oficios

La construcción necesita profesionalizar a sus plantillas.
La construcción necesita profesionalizar a sus plantillas.Óscar Cañas / Europa Press

La empresa española pierde personal cualificado para oficios técnicos, todos esos que sobrevivirán a pesar de la digitalización, la robotización y el cambio de hábitos de consumo. Desde los años 90 hay un descenso de vocaciones y de profesionales técnicos; esos que deberían estar innovando en técnicas y puestos de trabajo para posicionar al país en un puesto de liderazgo y generar riqueza. Desde obreros de la construcción a electricistas; de ebanistas a fontaneros y conductores, oficios invisibilizados y de alta demanda.

Falta personal cualificado para las profesiones que más posibilidades de trabajo tienen. Se trata de sectores como la construcción que aportan anualmente alrededor de un 5% al PIB o de otros como la electricidad, llamada a liderar la revolución verde de una economía descarbonizada. El diagnóstico es claro: España no es capaz de actualizar y recapacitar a los trabajadores en activo ni de hacer atractivas estas profesiones. Según la consultora ManpowerGroup, los puestos más difíciles de cubrir en 2019 fueron los oficios manuales cualificados — electricistas, soldadores, mecánicos, carpinteros, albañiles, yeseros o fontaneros—. El “desajuste de talento” fue del 41%, es decir, ese fue el porcentaje de directivos que aseguran no haber podido cubrir puestos vacantes. El año anterior esta cifra se situó en el 24%.

“Un país con buenos técnicos es un país desarrollado. Pero aquí esa creencia no existe, las familias no quieren que sus hijos estudien oficios cuando se trata de profesiones recomendables, con formación constante, que llaman al emprendimiento”, explica Inma Peiró, directora general de la Asociación de Empresas del Sector de las Instalaciones y la Energía (Agremia). “Son los motores de la ciudad del futuro, de la ciudad conectada, los coches eléctricos, la geotermia, la energía solar…”, dice. Augura que “España se quedará fuera de las posiciones líderes por ser incapaz de formar el personal en activo y llamar a nuevas vocaciones”.

La pérdida de oficios no es nueva. Como recuerda Josep Oliver, catedrático emérito de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y autor del índice ManpowerGroup sobre el futuro del empleo, “se trata de un problema estructural y diagnosticado y que ha generado un fallo en cadena: la pérdida demográfica y la nula apuesta por la Formación Profesional (FP), con algunas excepciones como el País Vasco”. Mientras que en Centroeuropa el 60% de los profesionales son técnicos, España sólo forma al 25%, añade Oliver. Algo que explica, según Peiró, que haya tanto talento importado.

Aunque Marcel Jansen, profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) cree que “los jóvenes empiezan a ver que la FP ofrece mayores perspectivas, pero les sigue faltando información detallada”. Es algo que comparte su colega Juanjo Juárez, responsable de proyectos en la Fundación Bertelsmann, para quien “la cultura y la orientación” son las asignaturas pendientes. “Nadie les cuenta que son profesiones con buenas condiciones, alta demanda. Profesores y familias desconocen las posibilidades de estos oficios”.

Tampoco las empresas parecen ayudar, según Jansen, pues “ofrecen muy poca formación a sus propios trabajadores y esto puede explicar por qué no despega la FP Dual como debería”. “Las empresas prefieren contratar en vez de formar; es un problema porque si queremos que estos estudios sean un éxito necesitamos conseguir que participen y se impliquen”. Sea cual sea su tamaño, pues no hay que olvidar que los oficios “son terreno de autónomos en su mayoría y de micropymes”, recuerda Celia Ferrero, vicepresidenta de la Asociación de Trabajadores Autónomos. Y las pymes son el grueso del tejido productivo español. Sería “deseable que estas profesiones técnicas recuperen el cariz de artesano, mentor, aprendiz y tuvieran el mismo prestigio que se ha ganado el oficio de cocinero”, aprecia.

Educación obsoleta

Sin embargo, la profesionalización está lejos. Empezando por la educación que, según los profesores consultados, todavía arrastra titulaciones y planes de estudios que, a pesar de ser más ágiles que los universitarios y estar más pegados a la empresa, están anticuados y “muy desconectados de la realidad laboral”, según Oliver. Por eso estas profesiones están envejecidas. Sebastián Molinero, secretario general de la Asociación Nacional de Distribuidores de Cerámica y Materiales de Construcción (Andimac), asegura que “la edad media de los afiliados está en torno a los 43 años”. “El que no haya jóvenes aprendiendo de estas viejas generaciones hace que se pierda conocimiento por el camino. No existe relevo generacional en los oficios”, agrega. Y eso que el sector vive un momento de cambio importante; está llamado a rehabilitar más que construir.

Un desajuste parecido se aprecia en la logística, que tiene dificultades para adaptarse a los nuevos tiempos ante la masiva demanda de entregas a domicilio. “No hay suficiente personal de reparto; y en general se trata de profesionales autónomos a los que les falta formación específica”, lamenta Ramón García, director de proyectos en el Centro Español de Logística (CEL). Para él, “si no hay profesionalización, no habrá verdaderas vocaciones ni interés por una formación constante que nos acerque a la ciudad del futuro”.

Esta formación constante y especializada es también una demanda de las aseguradoras. Jorge Fernández Santín, director de siniestros de Generali, receta “potenciar la formación de los operarios, promocionar y revitalizar la FP con módulos específicos sobre el sector asegurador, el servicio de atención al cliente para atraer talento y mejorar la transformación digital”.


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