La deuda de las empresas se dispara en 55.000 millones desde marzo

El Banco de España defiende que hay que facilitar las reestructuraciones de crédito

Sucursal bancaria con un cartel de financiación a empresas en una calle de Madrid.
Sucursal bancaria con un cartel de financiación a empresas en una calle de Madrid.© Carlos Rosillo

En tan solo cuatro meses de pandemia, entre marzo y junio, la deuda de las empresas se ha disparado en 54.701 millones de euros, el equivalente a casi cinco puntos de PIB. Después de una década recortándola en relación al tamaño de la economía, vuelve a subir con fuerza. De mantenerse así, con una caída del producto interior bruto superior al 10%, este año el endeudamiento empresarial sobre PIB, aquel que mide más la verdadera capacidad de pago, podría aumentar en cerca de 20 puntos. El Banco de España y Fedea alertan de que es necesario facilitar las reestructuraciones de deuda para hacer frente a un otoño complicado.

En mayo y junio el crédito bancario a las sociedades no financieras ha aumentado a ritmos del 8% interanual con la demanda cayendo y cuando hace solo un año todavía seguía disminuyendo tras una década de descensos. Los préstamos en títulos de deuda, que llevaban tiempo creciendo con fuerza porque las grandes empresas ven más barato financiarse directamente en unos mercados inundados de liquidez por los bancos centrales, se frenaron en seco con la pandemia. Pero en junio volvieron a subir a tasas cercanas al 8%. Y los préstamos extranjeros están de nuevo repuntando algo entre abril y junio frente a los decrecimientos del año anterior. Se ha pasado de una economía que crecía y que todavía reducía deuda a una que se desploma y en la que las empresas han tenido que recurrir al endeudamiento para aguantar el vendaval.

En los últimos 10 años, los pasivos empresariales habían caído en cerca de 50 puntos de PIB. Fue un esfuerzo ingente de las empresas, aunque una parte fuera por las quiebras del sector inmobiliario y la construcción, que convirtieron muchas de esas deudas en irrecuperables. Pero ahora el coronavirus ha dado un vuelco a estos números. Este año el Banco de España calcula que en total habrá unas necesidades de financiación netas superiores a los 220.000 millones. Los avales del ICO, del que ya se han dispuesto casi la totalidad de los 100.000 millones y quedan otros 40.000 millones anunciados, servirían para cubrir unas tres cuartas partes de estas, dice el Banco de España en un informe sobre las necesidades de liquidez de las empresas. El resto se cubrirá con activos líquidos de las empresas, líneas de crédito y otra financiación externa.

Además, el BCE ha proporcionado liquidez en abundancia y ha relajado los requisitos regulatorios a las entidades, lo que también ha contribuido decisivamente a la expansión crediticia de los últimos meses. Podría decirse que, en una primera fase, las medidas desplegadas para contener el golpe han sido un éxito desde el punto de vista financiero.

Dependiendo de la dureza de la recesión, el Banco de España estima que en torno al 70% de las empresas tendrá en algún momento de este año un déficit de liquidez. Es decir, no obtendrán los suficientes ingresos como para costear sus gastos de explotación, las amortizaciones y las inversiones ya comprometidas —el organismo supervisor advierte además de que en estas circunstancias la financiación sufragará un caudal de inversiones mucho menor, con el consiguiente daño que supone para la actividad económica—.

Parte del nuevo endeudamiento ha sido generado por compañías que están saneadas pero que han tratado de asegurarse la liquidez. Esas no deberían experimentar muchas dificultades. Y en general las empresas se encuentran en una mejor posición porque gracias a los ERTE y el ajuste de los temporales han podido reducir sus gastos de personal mientras caía la actividad. También porque la fortaleza de sus balances es mucho mayor y aglutinan niveles récord de liquidez tras un largo periodo de desendeudamiento.

Sin embargo, la distribución de esas nuevas deudas ha sido muy desigual. No todas reúnen la misma solvencia. A pesar del impacto de la covid, más de un 40% de las compañías podría afrontar este año sin deteriorar su situación patrimonial, sostiene el Banco de España en el documento.

En cambio, para el resto se habría elevado significativamente la vulnerabilidad financiera, sobre todo en las pymes y los sectores más afectados por la pandemia como el turismo y ocio, los vehículos de motor, el transporte y el almacenamiento. En estas ramas de actividad abundan las sociedades que han estado cubriendo con préstamos sus costes fijos ante la falta de ingresos.

En la Central de Balances del primer trimestre, que se elabora sobre todo con datos de empresas grandes, ya se apreciaba que el conjunto de la muestra tenía una rentabilidad por debajo de sus costes de financiación, un hecho que no sucedía desde los peores momentos de la anterior crisis.

Según se calcula en el informe de necesidades de liquidez, un tercio de las empresas tendría este año una probabilidad alta o muy alta de impago, que el Banco de España cifra en superior al 3% o superior al 5%, respectivamente.

“Las tensiones de liquidez podrían derivar en algunos problemas de solvencia”, ya sea porque cueste financiarse o porque la deuda se vuelva insostenible, concluye el Banco de España.

Un segmento no pequeño de las empresas que sobrevivan se enfrenta a una larga travesía del desierto. Tendrán más deuda que devolver y un escenario de menor demanda durante al menos un par de años. Toda la caja que consigan deberán utilizarla para bajar deuda. Y en ese contexto será bastante más difícil subir el impuesto de sociedades y recaudar.

Ajustarse a la demanda

En esta segunda fase de la crisis será esencial que las empresas puedan ajustarse a los nuevos niveles de demanda que tengan. Y para ello deben tener flexibilidad con la que poder ajustar los costes labores, defendió el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ante la ministra de Trabajo en un acto a finales de junio del Consejo Económico y Social (CES). Se trataba de una velada defensa de la reforma laboral de 2012, sobre todo para que las plantillas se ajusten mediante salarios y condiciones en lugar de con despidos.

Y el otro punto que reclamó el gobernador es facilitar las reestructuraciones de deuda en aquellas empresas que son viables si se les reduce el endeudamiento.

En su último informe sobre los efectos económicos del coronavirus, el servicio de estudios de Fedea afirma que es necesario “adaptar el marco legal y el sistema judicial para lidiar con la esperable avalancha de quiebras y reestructuraciones empresariales que se producirán en los próximos meses”.

El gobernador admitió en su intervención en el CES que esta situación puede golpear a la banca, y que haría un seguimiento estrecho para dar una respuesta contundente a escala europea si se materializan los riesgos.

La banca está acostumbrada a gestionar y renegociar las deudas. Pero el Estado no lo hace. Fedea pide que las Administraciones consoliden sus deudas y renuncien a sus privilegios habituales en estos procedimientos. También recomienda que se flexibilicen en este sentido los avales del ICO. Algunos economistas explican que habría que aprovechar la transposición de una nueva directiva europea para facilitar y simplificar los plazos, los acuerdos y las quitas. Pese a las reformas de la legislación, la mayoría sigue saliendo con los pies por delante del proceso concursal. Y va a ser peor con el colapso de los juzgados por la pandemia. En Francia, el ex economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, se ha metido de lleno para estudiar cómo se pueden reformar estos procesos.

La suma del endeudamiento público y privado, en máximos

El incremento de la deuda empresarial ya ronda los cinco puntos de PIB. Y al añadir una caída de la economía superior al 10%, el denominador disminuye y la ratio de deuda podría subir cerca de 20 puntos de PIB al cierre del año. La pandemia ha barrido casi la mitad del esfuerzo de toda una década reduciendo deuda.

Si además se suma el aumento de la deuda pública, que según las previsiones podría acercarse al 120%, España podría volver a colocar su endeudamiento total, sumando el de familias, empresas y Administraciones, en niveles cercanos al de la crisis financiera. Se rozaría el 270% del PIB. Aun así, la economía debería rebotar el año que viene y reducir significativamente el coeficiente de endeudamiento sobre PIB. Además, los tipos bajos y la política del BCE están para quedarse durante tiempo y aliviar la carga de la deuda. Pero en cualquier caso las cifras subrayan el enorme problema de deuda al que se enfrenta la economía española, máxime cuando una parte importante está en manos extranjeras que tienen que refinanciarla. Y en algún momento el BCE tendrá que pisar el freno a las compras de deuda.

En todo caso, ese será el problema a medio plazo. Ahora la preocupación más inmediata para las autoridades es la deuda empresarial.

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