rafael del pino | presidente de ferrovial

Rafael del Pino: “Hay que acelerar todo lo posible la vuelta al trabajo”

El presidente de Ferrovial cree que el Gobierno no debería acometer cambios sustanciales por vía de urgencia y sin debate y que, si lo hace, debe ser para lograr un entorno que permita crear empleo y ofrecer un trabajo digno a todos los españoles

Rafael del Pino, presidente de Ferrovial, en la sede de la empresa en Madrid. En vídeo, su entrevista con EL PAÍS.INMA FLORES

El presidente de Ferrovial, Rafael del Pino (Madrid, 61 años), considera que hay que pisar el acelerador en la desescalada. Cree que el estado de alarma ha cumplido su función, pero que es hora de fomentar todo lo posible la vuelta al trabajo. Al tiempo, reclama estabilidad y seguridad jurídica en materia fiscal, cree que el Gobierno no debería acometer cambios sustanciales por vía de urgencia y sin debate. Si lo hace, debe ser para lograr un entorno que permita crear empleo y ofrecer un trabajo digno a todos los españoles.

In English

Pregunta. ¿Cómo ha vivido personalmente el confinamiento?

Respuesta. En familia, con mis tres hijas pequeñas y alguno de mis hijos mayores. Siguiendo con atención y preocupación el desarrollo del drama social y sanitario a nuestro alrededor. He echado de menos abrazar y besar a todos mis hijos y visitar a mi madre, que con 92 años ha aprendido a usar un iPad para hacer videollamadas. Las crisis son una oportunidad para reflexionar sobre las prioridades en la vida; la primera grave para mí fue hace más de 20 años cuando perdí a mi mujer y, después de vivir eso, las prioridades hoy son las mismas: familia, amigos, salud y trabajo.

P. ¿En qué ha cambiado su visión del mundo?

R. Se ha visto lo poco preparados que estábamos todos para una pandemia de esta magnitud. Lo primero que ha sorprendido es el cierre de las fronteras y las restricciones al movimiento de personas en todo el planeta en tiempo récord. Un cierre casi simultáneo y global que no habíamos imaginado y que no ocurría desde la Segunda Guerra Mundial. También nos hemos despertado de golpe con más nacionalismo y proteccionismo y menos globalización. Se ha demostrado en la compraventa de material sanitario y de equipos de hospitales y quizá nos haga repensar qué industrias y qué stocks son estratégicos y cuáles no. Como parte positiva hemos visto la solidaridad de personas, empresas y Gobiernos con los más afectados.

P. ¿Cree que algunos de esos cambios en la sociedad han venido para quedarse?

R. Creo que no habrá cambios sustanciales en lo esencial, no sé si estoy siendo un negacionista. Seguramente se acelerará alguna tendencia ya iniciada, como una mayor penetración del teletrabajo o de la teleconferencia en sustitución de algunos viajes de trabajo no esenciales, mayor penetración del comercio online, mayor uso de ocio en plataformas digitales... Pero todos necesitamos el contacto humano y se pierde mucho cuando la interacción es a través de una pantalla o solo telefónica. Una vez se supere el miedo al contagio o se encuentre una vacuna o un tratamiento eficaz de la enfermedad, los comportamientos serán mucho más parecidos a los de antes que a los de ahora.

P. ¿Qué deberían hacer los gobernantes para reactivar la economía?

R. Hay muchas recetas y están todas ya probadas. Hay que mantener la seguridad jurídica en materia mercantil, fiscal y laboral. Le pediría al Gobierno que no acometiera cambios sustanciales por vía de urgencia y sin debate, y que si lo hacemos sea para mejorar la productividad para lograr un entorno más favorable a la creación de empleo. El objetivo debe ser reactivar la economía cuanto antes. Y para ello necesitamos aumentar el gasto público en inversiones productivas, no en gasto corriente, y ayudar a las empresas para que la destrucción del tejido industrial sea la menor posible.

P. ¿Va al ritmo adecuado la desescalada?

R. El estado de alarma ha cumplido su función en la contención de la pandemia, pero ahora no debe prorrogarse. Aunque entiendo la preocupación del Gobierno, el estado de alarma es un obstáculo para la recuperación económica. Cada día que pasa en la situación actual se destruye más empleo y desaparecen más empresas, y son necesarias décadas para reconstruir el tejido industrial que se destruye. Es mucho más eficaz evitar su destrucción en primer lugar. Todo ello puede hacerse con medidas alternativas de protección de la salud que eviten o contengan nuevos brotes de contagio, basadas en el principio de test, track and trace [pruebas y seguimiento de contactos] que han demostrado su eficacia en otros países y son clave para acelerar la vuelta a la normalidad hasta que haya una vacuna.

P. ¿Qué implica eso?

R. Tenemos que pasar de una situación de freno y de confinamiento, que ha sido eficaz en la contención del virus, a otra de pisar el acelerador al máximo para el desarrollo económico. Le pediría al Gobierno que fomentara la vuelta al trabajo cuanto antes. Hay que acelerarla todo lo posible, siempre en condiciones de seguridad para trabajadores y usuarios. Cada semana cuenta. Y para crear empleo y crecer hay que apoyar y defender a las empresas: habrá que garantizar las líneas de liquidez que sean necesarias, retrasar el pago de impuestos a las empresas que no puedan afrontarlo y estimular la demanda interna. Y eso se consigue no aumentando impuestos, sino en todo caso reduciéndolos, y con un programa de gasto fiscal sensato y de inversiones.

P. ¿Qué inversiones?

R. Sería útil invertir en infraestructuras, sobre todo en las relacionadas con el transporte y con el turismo. Y sin duda alguna, en infraestructuras sanitarias y sociales. No hay energía más verde que la que no se consume, así que se podría subvencionar la inversión en la mejora del aislamiento térmico de viviendas y oficinas para así reducir el consumo energético al tiempo que creamos empleo y aumentamos la calidad del stock de infraestructuras. Y también es fundamental apoyar a las industrias que han sido más afectadas por la crisis: turismo, transporte, aviación y automoción, e invertir en construcción y obra pública como estímulo al crecimiento y a la creación de empleo.

P. ¿Es más importante apoyar a las empresas o a los trabajadores?

R. En esta crisis, en cuestión de semanas en España han desaparecido 120.000 empresas, y un millón y medio de autónomos y tres millones de trabajadores se han acogido a ERTE. Sin empresas no hay empleo y tenemos que apoyar a autónomos y a empresas de todos los tamaños para que sobrevivan y crezcan. Apoyando a las empresas se apoya a los trabajadores. Las empresas son parte esencial de la solución y es necesario el apoyo decidido del Gobierno. No podemos dejar a nadie atrás, así que hay que ayudar también a aquellos que no tienen ocupación, pero la labor fundamental debe ser reducir esa necesidad de ayudas creando empleo. Debemos hacer lo necesario para ser capaces como sociedad de ofrecer un trabajo digno a todos los españoles. Si no actuamos rápidamente y con decisión toda una generación de jóvenes con talento se irá a trabajar a otros lugares.

P. Con la experiencia internacional que le da estar al frente de una multinacional como Ferrovial, ¿ha notado muchas diferencias en la gestión de la crisis entre los diferentes países? En particular, Ferrovial es muy fuerte en Norteamérica y en el Reino Unido. ¿Cómo está la situación económica allí?

R. Hay muchas más similitudes que diferencias. La mayor similitud es que todos han ido a un grado de confinamiento mayor o menor, a reforzar los sistemas sanitarios, a aumentar en lo posible el número de UCI… Yo diría que la gran diferencia con Estados Unidos es el interés en acelerar las medidas de desconfinamiento para evitar que se agrave la recesión. Aunque las cifras de paro se han disparado, en mi opinión la recuperación en Estados Unidos será más rápida porque esa salida se está produciendo de manera ordenada y garantizando las condiciones de seguridad de los trabajadores, pero poniendo mucho énfasis en el desarrollo económico. Lamentablemente cada semana de confinamiento adicional agrava la crisis, retrasa la recuperación y aumenta el paro.

P. ¿Cómo va a afectar esta crisis al mundo de la construcción y las infraestructuras?

R. Es pronto para decirlo aún. Es posible que haya una reducción de los desplazamientos habituales y más teletrabajo, pero no un cambio de paradigma. Sí creo que va a afectar al viaje internacional y al turismo, y dada la importancia que el turismo tiene para España debemos ser pioneros en facilitar la apertura de nuestras fronteras y el acceso seguro de los turistas a nuestro país. Los planes de estímulo fiscal deberían producir mayor demanda de obra pública y de vivienda. España cuenta con una industria puntera de ingeniería y construcción y muy particularmente en materia de colaboración público-privada.

P. ¿Hay dinero para poder financiarlo?

R. El dinero hoy no es un problema. En el mundo hay liquidez de sobra disponible para invertir en este sector: solo pide seguridad jurídica y fiabilidad de las instituciones. Soy optimista con el futuro de la industria y estoy seguro de que todos los grandes jugadores contribuiremos a proponer soluciones más eficientes y respetuosas con el planeta.

P. Ferrovial es accionista de referencia del aeropuerto de Heathrow. ¿Qué se puede hacer para que la gente vuelva a volar?

R. La industria sobrevivió y creció después del 11-S y seguramente pasará algo parecido ahora. Debemos primero abrir las fronteras, eliminar cuarentenas y reducir el miedo a viajar haciendo que los aviones y los aeropuertos sean entornos seguros y se perciban así por el usuario. Una vez que hagamos eso, la demanda está ahí y volverá a aflorar. No me cabe duda de que nos recuperaremos, aunque puede que sea el negocio en el que estamos que lo haga más lentamente.

P. ¿Qué medidas se pueden tomar?

R. Estamos haciendo diversas propuestas a los Gobiernos que incluyen eliminar la necesidad de cuarentena creando corredores seguros, evitar contactos innecesarios generalizando el uso del pasaporte electrónico o detectar síntomas de manera precoz midiendo la temperatura con cámaras infrarrojas.

P. ¿Y cómo va a afectar a las ciudades, a la movilidad urbana?

R. Los tráficos se desplomaron con el confinamiento, como no podía ser de otra manera, y ya se están recuperando, esperemos que rápidamente. Un factor esencial es la apertura de los colegios, porque con los niños en casa, muchos padres y madres no pueden ir a su lugar de trabajo habitual, con lo que la vuelta al colegio, aunque delicada desde el punto de vista sanitario, se convierte en esencial para recuperar la normalidad. Mantener los colegios cerrados afectará también más negativamente al colectivo de mujeres, que serán quienes en la mayoría de los casos se quedarán a cuidar de los hijos. No creemos que vaya a haber cambios sustanciales inmediatos y seguirán las iniciativas para lograr una mejor calidad del aire y para proteger los núcleos centrales de las ciudades.

P. Servicios, la división de Ferrovial que estaba en venta, es una de las que se ha visto menos afectada por la crisis. ¿Siguen con el plan de venta?

R. La venta de Servicios sigue adelante y es una decisión estratégica que no ha cambiado. La covid retrasa el proceso, pero no somos capaces de cuantificar cuánto.

P. ¿Qué le parece la propuesta de un impuesto a las grandes fortunas o de una tasa covid?

R. El impuesto de patrimonio desincentiva el ahorro y penaliza la inversión, que es justo lo contrario de lo que hace falta ahora. La mejor manera de recaudar no es con figuras impositivas nuevas, sino fomentando el crecimiento económico. A más actividad económica, mayor recaudación. No hay que subir los tipos ni inventar nuevos impuestos sino, en todo caso, lo contrario. El impuesto de patrimonio o a las grandes fortunas no existe en casi ningún lugar y ha sido abolido en casi todos los países que lo tenían. En Francia, que se pone como ejemplo, ese impuesto se ha sustituido por otro que únicamente grava la tenencia de bienes inmuebles y siempre con tasas muy inferiores a las que aquí se han sugerido. Quizás deberíamos hacer lo contrario para competir con Portugal y atraer jubilados europeos para que compren viviendas y paguen sus impuestos aquí en vez de en otro país.